La tarde se armó como un cuadro de colores cálidos sobre la "Casa de las Melodías". Las sombras se estiraban en el jardín, y nosotros, la familia, nos juntábamos de nuevo para charlar y reflexionar. Aunque todavía había onda de las charlas de la mañana, ya se sentía un toque de tranquilidad que caía bien. Rafael y Leticia estaban en el porche, mirando juntos la puesta de sol. El brillo naranja del sol iluminaba sus caras, mostrando las líneas de preocupación y expectación. Había un silencio en el aire, interrumpido solo por la brisa y el sonido lejano de risas familiares. — ¿Qué onda contigo después de todo lo que pasó hoy, Rafael? —le preguntó Leticia, su voz con un toque de ternura y preocupación. Rafael suspiró, mirando al horizonte. — Es como si estuviéramos en un momento de pausa,

