Encuentro en la Noche Estrellada
Oye, chévere, te cuento del primer capítulo de "Encuentro en la Noche Estrellada". Alexander Sterling, el tío millonario, se movía con toda la onda elegante en ese salón de baile lujoso, ¿te imaginas? Su traje oscuro dándole ese rollo imponente. Pero esa noche, algo en el aire le decía que la movida iba a cambiar.
En una esquina, fuera del flash de las cámaras, estaba Gabriela Morales, una chava con una onda sutil pero que rayaba en lo radiante. Con su vestido n***o sencillo, veía con ojos asombrados el mundo de lujos a su alrededor. Como intrusa en ese reino de opulencia, pero con una determinación fuerte.
Los destinos de Alexander y Gabriela se encontraron de frente cuando él, intrigado por la melancolía en los ojos de ella, decidió lanzarse. Se armó un cotorreo entre ellos bromeando sobre la extravagancia de la fiesta. Gabriela, a pesar de sus nervios, le respondió con una chispa de ingenio que sorprendió a Alexander.
"¿Qué dices si nos aventamos un baile?", le soltó Alexander, extendiendo la mano con su sonrisa encantadora. Gabriela asintió toda tímida, con las mejillas coloradas de sorpresa y emoción.
Mientras se movían en la pista de baile, la conexión entre ellos creció con cada paso. Alexander, acostumbrado a mujeres tras su billete, se topó con Gabriela, fresca y auténtica, que lo dejó flipando. Y ella, descubrió un mundo nuevo en los brazos de este tío apuesto y desconocido.
Después del bailongo, se fueron a un rincón más tranqui del jardín iluminado por la luna. Alexander, picado por la curiosidad sobre la historia de Gabriela, empezó a sacarle el rollo. La historia de Gabriela, batallando contra la adversidad, le llegó al corazón de Alexander, despertando una empatía que ni sabía que tenía.
La conexión entre ellos se intensificó mientras la noche avanzaba. Alexander, que no es de abrir mucho su cora, se encontró contándole a Gabriela sus sueños y miedos. Y ella, se dio cuenta de que este tío era más complicado de lo que su fachada de millonario exitoso mostraba.
El reloj marcaba las horas, pero pa' Alexander y Gabriela, el tiempo se esfumó. Se despidieron con un pacto no dicho de volverse a encontrar. Ambos sentían que algo bien especial había nacido esa noche, algo que iba a cambiarles el rumbo.
Mientras Alexander se alejaba, Gabriela se quedó mirando las estrellas con esa mezcla de esperanza y cautela. El destino los había juntado en un bailongo mágico, pero el reto estaba en mantener esa conexión en un mundo donde las diferencias parecían insuperables.