Estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de permanecer a su lado, incluso si eso significaba tragarse su orgullo frente al hombre que más odiaba. —No seré un problema para ti de ahora en adelante. Puedes estar segura de que es la última vez que elevo la voz ante el hombre que será tu marido —aseguró Denis, manteniendo la mirada baja, no por sumisión sino por la vergüenza genuina que sentía al meterla en problemas. Denis era más que conciente de que había cruzado una línea que jamás debió siquiera rozar, ahora la forma de enmendarlo era apartándose de su camino, aunque eso doliera. Miranda tragó saliva, sintiendo que el pecho le ardía por la dureza de las palabras que estaba por pronunciar. —Lo siento mucho, Denis. Pero quiero permitirme ser egoísta. Bastante tengo con preocuparme

