Se quedaron mirando un momento, el tiempo pareció detenerse entre los dos hasta que Miranda se acercó a él, buscando ese refugio emocional que solo él sabía darle. La Bratva podría robarle la libertad, el nombre y hasta la dignidad, pero ese cariño genuino era algo que solo le pertenecía a ella. —Tal vez el cielo se nuble hoy, porque al fin has dejado que te vea —dijo Denis con una sonrisa, observando el cansancio en los ojos de ella. —Detesto esta situación, Denis. No soy más que una prisionera en mi propia vida —confesó Miranda, dejando caer la máscara de frialdad por un segundo. —Ten paciencia. No será así siempre, te lo aseguro —respondió él con firmeza, tratando de infundirle ánimos—. Vi que tu futuro... marido tiene visitas. Denis pronunció la palabra con una amargura que no

