Deseaba intensamente que ese príncipe azul apareciera y que la hiciera suspirar y sobre todo que ella se sintiera protegida por esa persona, se estaba cansando de ser fuerte. Temía que su tiempo se agotara y tuviera que refugiarse únicamente en su éxito laboral. Que tampoco era poca cosa. Ella se convertiría en una solterona y llegar virgen al cementerio, se le erizó la piel, imaginarse eso, o talvez un viejo viudo amigo de su padre. Sabe que su madre se empeñaría en conquistar a cualquiera para ella, eran tantos sus pensamientos. —Cariño, Claudine, hija mía —le tomó la cara su madre, sin abrir las puertas del despacho donde su padre las esperaba—Hay muchos hombres interesados en ti, morirían por estar a tu lado la hermana de Robin y no digamos la fama que tiene tu padre en la política.

