No dejo de mirar sus ojos verdes en busca de un atisbo de duda, de un destello de broma. Algo que me indique que ella está jugando conmigo, que me demuestre que su petición no es más que otra de sus jugadas para luego joderme. Pero no hay nada. No hay duda en su mirada. Rebecca se ve muy segura de lo que está pidiéndome. …Tu obsequio de cumpleaños, soy yo, Vladimir… Ella es mi obsequio, mi mejor regalo. Se está entregando a mí por completo y yo no sé cómo reaccionar a esto. Y no porque sea un pendejo que no sabe cómo tomar a una mujer y darle el placer que se merece. No porque no sepa como follarlas, hacerlas gemir, dejarlas temblando de placer en la cama. Sé hacer eso muy bien. Lo que me tiene en este debate interno es la razón por la cual ella me lo está pidiendo, el verdadero moti

