Oigo el sonido de la puerta abriéndose y aprieto mis dientes porque me jode que entren a mi despacho sin tocar. Levanto la mirada para encontrarme con una Rebecca relajada usando una de mis camisetas y jogger. También trae tenis y si no fuese pie de princesa, apuesto que se pondría unos míos también. A pesar de estar con el cabello suelto con esas bellas ondas y maquillada, no es la Rebecca de esta mañana que estaba sentada desayunando con un elegante vestido n***o. Sigue viéndose hermosa, de eso no hay duda, pero no comprendo por qué usa esa ropa. Mi ropa. —Ya casi acabo de ordenar nuestro vestuario —Se detiene frente al escritorio y mira sus cosas a mi izquierda. Enarca la ceja y vuelve a mirarme—. Me falta la mitad. —¿Por qué traes mi ropa puesta? —Es imposible que no desee saberlo

