Ira. Eso fue lo que llevó a mi prometida a apretar el gatillo. Una ira desmedida, impulsada por lo que sea que haya sentido al confirmar lo que ella ya sospechaba dentro de sí. ¿Desilusión? ¿Decepción? ¿Impotencia? ¿El dolor de un corazón roto? No dejo de preguntármelo desde que me respondió. Incluso, mientras espero afuera del baño de nuestra habitación, sigo con preguntas que no consigo responder. Me siento burlado, eso sí, lo sé muy bien. No necesito pensar tanto para dar con eso. Me siento embaucado más bien con lo que se me fue entregado. ¿Dulce? Eso es lo que aparenta con su apariencia delicada, elegante y refinada. ¿Inocente? Es lo que ella me quiso hacer creer. ¿Tonta, ingenua, exasperante y malcriada? Sin duda le quedó de maravilla el teatro. Porque se lo creí, porque la con

