Le sirvo el trago, notando de reojo que se está quitando la corbata de mala gana. La furia no ha menguado, mi amigo sigue como una bestia en busca de sangre, ansiando hacer rodar cabezas. Yo también, pero necesito que sea el Reed que ambos conocemos muy bien. Necesito que sea ese hombre calculador, frío para trazar planes y con una precisión admirable al dar el siguiente paso. No el hombre perdido en la rabia, descontrolado por las emociones y endemoniado por no hallar respuestas a la primera. Y lo entiendo. En serio que lo entiendo, porque, aunque no lo aparente, yo me siento tan impotente como él. Lo han amenazado a él por ser hijo de los Reed. Es imposible que no me tome esto personal cuando su hermana es mi prometida; será mi esposa algún día. Será una Romanova y aunque falta muc

