El agua tibia corre por su delicada piel llevándose consigo los besos que le dejé, las lamidas que le di, mi propia esencia. Rebecca está sentada mientras que mis manos se mueven con cuidado, lavando cada parte de su cuerpo con una reverencia que nunca antes había sentido por nadie. Sostengo la llave con una mano y con la otra, tomo el cabello de Rebecca y lo comienzo a peina con mis dedos. Amo a Rebecca y todo lo que ella representa, pero si hay algo que me fascina y me embelesa más que sus preciosos ojos verdes, es su cabello. Es demasiado suave, brilloso, hermoso. No me considero un hombre con fetiches, pero últimamente el deseo de tocarlo, acariciarlo, se despierta con más fuerza cada vez que tengo a Rebecca cerca. Podría pasar el día entero con ella acostada en mi regazo m

