Debo reírme. Tengo que hacerlo para quitarle algo de peso a este momento tan incómodo gracias a la acidez de Lau. Avanzo con ella prácticamente arrastrándola al sofá para que se siente, porque si la dejo de pie, capaz y se vuelva más viperina solo por gusto. Capaz y le salte encima a Gabriela como la última vez, antes de que todo esto ocurriera en mi vida y solo nos preocupábamos por lograr reunirnos los domingos para ver películas en familia como si afuera no existieran tres malditos con sed de venganza. Algo que aprendí durante nuestra infancia es que, mientras más Gabriela se mostraba intimidada, más Launice metía el dedo en la llaga. Cuando nos volvimos unas adolescentes, mi madre la regañaba, le decía que era bullying, lo que hacía en contra de Gabi. La tía Caroline lo llamaba sacr

