CAPÍTULO OCHO

3162 Words
Otro día más. Desperté temprano. Ayer no nos fuimos muy tarde a descansar, así que no me costó levantarme. Celebramos los tres juntos mi nueva  futura etapa, mientras Kai y yo nos lanzábamos alguna que otra mirada. Nada más allá. Tener a Elliot de por medio complicada bastante el hecho de flirtear con su mejor amigo. Miré el reloj del móvil todavía en la cama. 7:18. Me levanté y me dispuse a ir a la cocina a desayunar. No había nadie, parecían estar durmiendo los dos. Esa mañana me sentía bien para variar. Me apetecía preparar el desayuno, así que busqué alguna receta por Internet y me puse manos la obra. No se me daba mal cocinar, pero no tenía prácticamente conocimiento alguno. Elliot solía cocinar para los dos, yo era de las de tirar de comida instantánea. Me puse algo de música mientras cocinaba y así me animaba. Desde mi móvil sonaba Tighten Up de The Black Keys para luego seguir con una perfecta lista de reproducción. Media hora más tarde casi había terminado de cocinar. Había preparado tortitas, tortilla, desayuno inglés y estaba terminando con los huevos revueltos. Un ruido hizo que desviara la mirada de la comida un instante y pude ver a Kai entrando por la cocina. —Buenos días —dije con entusiasmo y una sonrisa. —Veo que alguien está de buen humor —comentó él, sonriendo también y acercándose a mí. —He preparado el desayuno —le lancé una mirada rápida. Parecía haber terminado con su rutina matutina. Kai se acercó todavía más y se colocó detrás de mí, apoyando su rostro en mi hombro, observando lo que hacía. Sus manos estaban levemente sobre mi cintura. Por un instante sentí que me faltaba el aire, sintiéndole tan cerca de mí. Podía notar su olor, mezclado con esa colonia que tanto me gustaba que llevara. Su cuerpo se rozó ligeramente contra el mío y eso causó que se me erizara la piel. Por el rabillo del ojo podía verle. Deseaba que no se despegara de mí. Lo que me hacía sentir era tan agradable que no quería que terminara. Estaba completamente perdida. —Gin —dijo su suave voz en un susurro. Cuando decía mi nombre, era como música para mis oídos. —Mmm. —Se te está quemando el desayuno. — Mierda —maldije, volviendo a la realidad de un bofetón, alterada. Seguí removiendo los huevos revueltos un poco, despegándolos de la sartén y los serví en el plato que tenía al lado. El soltó una risa mientras se iba a preparar su café diario y le lancé una mirada, entornando los ojos. Dios, este chico me tenía completamente despistada. Apagué el fuego y tomé el plato llevándolo a la mesa. Le miré y él todavía sonreía divertido, disfrutando de lo que acababa de pasar. —No tiene gracia —hablé intentando parecer molesta. —De hecho sí. No será que... — Oh, cállate, imbécil —solté rápidamente. Me llevé algo de comida a la boca, intentando no sonreír tontamente y apartando la mirada de él. Durante el desayuno apenas hablamos. Tampoco sabía qué decirle. Me sentía algo avergonzada por lo sucedido. Él no paró de sonreír y eso me ponía todavía más nerviosa. Él se había dado cuenta de que me había quedado embobada. Sabía lo que me provocaba. Nada más terminar, me levanté y dejé mi plato en la pica. —Emm, voy a prepararme para ir a buscar a Allison —él simplemente sonrió como respuesta. Me fui a mi habitación para arreglarme rápidamente. Elegí una camisa blanca de manga corta junto a unos tejanos cortos, unas sandalias marrones y me llevé un bolso a juego. Me arreglé el pelo lo mejor que pude, recogiéndolo en un moño. Cuando estuve lista, fui en busca de Kai. Todavía seguía en la cocina. —Estás muy guapa —dejó caer nada más verme.  Intenté ignorar su comentario pero ya estaba dando vueltas en mi cabeza. —¿Qué coche puedo coger? —cambié totalmente de tema. —El que quieras. Las llaves están en el garaje.  Arqueé una ceja. —¿El que quiera? —pregunté. Él asintió—. Muy bien. Vamos a ver qué joyas tienes —froté mis manos con una sonrisa. Me despedí y fui hacia el garaje. Cuando llegué allí, me fui hasta una caja que había en la pared donde estaban todas las llaves de los coches. Observé todas las que habían. La otra vez fuimos tan directos al Mustang que no tuve tiempo de examinar el resto de coches. Audi, Maserati, Ford, Porsche... madre mía, tenía un montón y todos ellos valían un dineral. Divisé las llaves de un Jaguar y no lo dudé. Cogí esas. Pulsé el botón de las llaves y el pitido del coche resonó por el garaje. Visualicé el coche y sonreí de lado, satisfecha. Era un Jaguar n***o, descapotable y parecía no haberse ni estrenado. Ese, ese iba a ser mi coche hoy. Rápidamente subí al Jaguar, abrí la puerta del garaje y partí hacia el aeropuerto con una sonrisa de oreja a oreja. ━━━━━━━━━※━━━━━━━━━ Ya casi había llegado al aeropuerto de Santa Bárbara. Había disfrutado el trayecto en coche como un niño con un juguete nuevo. Era impresionante lo mucho que corría aquél coche y lo poderosa que me hacía sentir. No me importaría en absoluto tener uno de éstos para ir de Los Ángeles a San Diego y viceversa. ¡Sigue soñando, Geo! Nada más llegar al aeropuerto, busqué aparcamiento. Bajé tras encontrar un estacionamiento y entré por la puerta de las llegadas. Me dirigí hacia la gran  puerta por donde iba a salir Allison. Esperé allí mientras sacaba el móvil y lo revisaba. Tenía un mensaje de Kai. De nuevo esa sonrisa se esparció por mi rostro. KAI: Muy buena elección, el Jaguar es uno de mis favoritos ;) Su mensaje me hizo sonreír todavía más. Pasé la lengua por mis labios, mojándolos. No tardé en responderle. GEGI: No está nada mal pero sigo prefiriendo el Mustang  y con compañía ;P Sonreí llevándome el móvil hacia mi boca, cubriéndola. Quizá había sido muy lanzada, pero me resultaba fácil cuando no le tenía delante. Últimamente, cuando estaba a mi alrededor, me volvía nervio puro y no sabía qué hacer. Me desarmaba completamente. Todavía trataba de entender qué era lo que estaba sucediendo con exactitud entre nosotros. El flirteo empezaba a ser constante y ya era innegable lo que Kai provocaba en mí. Una voz familiar llamándome me sacó abruptamente de mis pensamientos. —¡Gegi!  Alcé la mirada, buscando de dónde provenía. Una sonrisa enorme se esbozó en mi rostro al verla viniendo hacia mí. Sin dudarlo corrí hacia ella y la abracé con tanta fuerza que casi nos caemos las dos en medio del aeropuerto, causando una escena. —Perdón, perdón —me disculpé separándome de ella y echándole un vistazo—. Te había echado tanto de menos —suspiré. —Y yo, ¡Qué emocionada estoy! —exclamó con mero entusiasmo y las dos dimos pequeños saltitos de alegría. —Venga, vamos —le mostré las llaves del coche, sonriendo de lado—. Ya verás en qué preciosidad vamos a ir Mientras salíamos del aeropuerto, ella me contó un poco sobre su viaje a Europa. Había viajado a Francia, Italia y España. ¡Qué envidia! Cuando llegamos al aparcamiento, su boca formó una 'O' al ver el coche en el que nos deteníamos. —Lo sé. —¡Madre mía! —Venga, subamos —señalé y ambas montamos. Partimos de allí y tomamos la carretera a toda velocidad. Cuando ella terminó de contarme todas sus aventuras sobre su viaje, no lo dudé un segundo más. Le saqué el tema. —Así que, mi hermano, ¿Eh? —comenté mientras conducía y le lancé una mirada rápida, alzando una ceja. Ella se sonrojó un poco. —Sí. Sucedió, sin más —su voz parecía contener cierta vergüenza. —Sigo algo molesta porque no me lo contarais, pero estoy realmente feliz por vosotros, Allie. Como le dije a Elliot, no creo que haya mejor chica para él que tú. Ella no dijo nada al respecto pero por el rabillo del ojo pude ver que sonreía con alivio. —¿Y tú? Elliot me ha comentado que ahora te llevas muy bien con Kai, ¿Hay algo que deba saber? —se inclinó un poco a hacia mí y no pude evitar ponerme algo nerviosa. —Eh... no —balbuceé sin saber muy bien que decir, moviendo mis ojos de un lado para otro. A ella no podía mentirle y había estado esperando a que viniera para poder hablar con ella sobre el tema. Solté un suspiro—. A ver... es raro. —¡Lo sabía! ¡Cuéntamelo todo! —No ha pasado nada. Sólo tonteamos. A veces parece que le gusto y otras es tan raro... Parece que sólo soy como él dijo la hermana de Elliot y es todo un juego. —¿Elliot lo sabe?  Negué con la cabeza apretando mis labios. — Tampoco ha pasado nada, ¿Qué iba yo a contarle? Además, hasta hace cuatro días no podía ni soportarle. Y ahora me cuesta estar en la misma habitación que él sin ponerme nerviosa —rodé los ojos ante mis propias palabras. —Bueno, déjamelo a mí. Vamos a ver qué pasa y si tengo que hacer de cupido, ya sabes que lo haré. —Eh, no. Allie, ni se te ocurra. Eres demasiado obvia y luego paso vergüenza —desvié un segundo la mirada hacia ella, apuntándola con el dedo. —Bueno, bueno. Ya veremos —respondió en un tono algo malévolo, pero divertido. Volví a rodar los ojos. Si había algo que nadie podía detener era a Allison y sus ideas. El resto del camino, hablamos sobre Kai, lo poco que había ocurrido y le expliqué cómo era la casa. Yo sabía que ella iba a alucinar al verla. Llegamos al bosque que llevaba hacia la casa y minutos después terminamos de atravesarlo, llegando a ver ésta y yendo hacia la entrada. —Madre mía —exclamó ella observándola mientras bajaba un poco sus gafas de sol. —Y todavía no has visto nada —comenté.  Abrí la puerta del garaje con el mando y entramos el coche. Allison volvió a soltar un 'Madre mía' al ver todos aquellos coches. —¿Pero, cuánta pasta tiene este chico? —preguntó. —Mucha —respondí casi en un susurro, alzando ambas cejas. Aparqué y ambas salimos. Entramos en  la casa por la puerta que llevaba hacia esta y subimos las escaleras. Llegamos al salón. —Hola, hola, ¡Ya estamos aquí! —saludé en alto para que pudieran oírme. En un abrir y cerrar de ojos aparecieron ellos dos. Elliot al ver a Allison corrió hacia ella y la alzó, dando una vuelta. La bajó y acto seguido le dio un apasionado beso. Me sorprendí un poco, era la primera vez que los veía juntos y todavía se me hacía extraño, distinto. —Hola —me saludó Kai, acercándose a mí. —Hola —respondí algo tímida. Nos miramos unos segundos sin decir nada. A nuestro lado estaban Elliot y Allison cariñosos, haciendo más incómoda la situación. Dios, estos dos enrollándose y yo ni siquiera sé qué decirle. ¿Por qué no me salían las palabras cuando le tenía delante? —Perdón,  chicos —dijo Allison viniendo hacia nosotros—. Gracias por dejar que me quede unos días —añadió sonriéndole educadamente. —Puedes dormir conmigo si quieres, Allie —sugerí. —Me parece que voy a quedarme con Elliot —sonrió pícaramente y acto seguido volvieron a besarse. Oh, claro, qué tonta soy. —Si quieres, puedo dormir yo contigo, como el otro día —susurró Kai cerca de mi oído para que ellos no lo escucharan. Rápidamente me giré hacia él atónita, con los ojos abiertos como platos. Sentí que las mejillas comenzaban a arderme. ¿Como el otro día? ¿Él sabía que habíamos dormido juntos?  Me sonreía algo juguetón. —Ni en tus sueños, Morgan —mascullé entre dientes. Intenté que no se me notara el manojo de nervios que era en ese momento, a pesar de que el corazón me iba a mil por hora. Si él recordaba que me quedé dormida y pasamos la noche juntos, ¿Por qué no lo había comentado antes?—. ¡Bueno! —exclamé dando una gran palmada, rompiendo la tensión del momento—. Basta de enrollarse, ¿Qué hacemos hoy? —Podemos hacer una barbacoa en la piscina y preparamos unas bebidas —sugirió Elliot—. Mañana ya tendremos tiempo de montar algún buen plan. —Me parece buena idea —respondí. ━━━━━━━━━※━━━━━━━━━ Veinte minutos después, me había puesto el bikini y una camiseta grande junto con las chancletas. Me dirigí hacia la piscina y ahí estaba él. Sólo él. Oh, no. Otra vez solos no, maldije la situación. Aunque en mi más fuero interior la idea me provocaba un cierto  cosquilleo agradable en el estómago. Me acerqué hasta la mesa donde estaba él sentado, tomando su bebida. Tomé una cerveza yo también de la nevera portátil que había a su lado y me senté junto a él. —¿Y los chicos? —Creo que van a tardar un poco —respondió en cierto tono divertido, para él. Lo miré confusa. Él enarcó una ceja, insinuando, y entonces caí. —Oh  —expresé con sorpresa al darme cuenta de a qué se refería, cubriendo un poco mi boca incluso. Di rápidamente un trago a mi cerveza, escondiendo mi rostro. —Entonces, ¿No quieres que duerma contigo? —me provocó, ladeando la cabeza hacia mí, enseñándome sus perfectos dientes. Me incliné hacia él, acercándome a su rostro. —Nunca —arrugué un poco mi nariz al decir aquellas palabras. Rodó la lengua por dentro de sus mejillas, como si tratara de contener algo. De repente, se levantó de la silla y me alzó, cogiéndome en brazos. Sin darme tiempo a reaccionar, comenzó a andar hacia la piscina y yo intentaba librarme de él. —¡Kai! ¡Para, no! —chillé, dándome cuenta de sus intenciones. Sin previo aviso se tiró a la piscina conmigo todavía en brazos y nos sumergimos en el agua. Salí a la superficie al momento y él ya estaba riéndose. Yo traté de mirarlo molesta pero me empezaba a costar cuando él sonreía así. Le salpiqué agua en la cara y me di media vuelta, saliendo de la piscina. —La ropa mojada te sienta bien —comentó en alto. Me eché un vistazo, comprobando que efectivamente tenía la camiseta empapada y pegada al cuerpo, remarcando mi figura. Me la quité rápidamente y se la lancé a la cabeza. —Pervertido. Él salió rápidamente de la piscina y vino hacia mí. De nuevo, el corazón se me aceleraba de aquella forma tan tonta. —Pervertido no. Cuando veo algo que me gusta, lo digo —dijo casi en un susurro, con la voz rasposa. Estaba de nuevo sucediendo y ya no podía contener más mis ganas. De nuevo aquella química había emergido, el mundo pareciendo haberse desvanecido a nuestro alrededor. —¿Y qué haces cuando te gusta algo? —le provoqué, dando un paso más hacia él, casi quedando pegados. Noté una pequeña sonrisa formándose en su rostro. —Bueno... —alzó su mano hacia mi rostro y acarició con su dedo índice mi mejilla. Al hacerlo, mis ojos se cerraron por un instante, ahogando un jadeo. Nuestras miradas se encontraron, quedando fijas el uno en el otro. Y de nuevo, esa misma sensación que el otro día. Parecía que iba a suceder, por fin. Él acortaba el espacio entre nosotros lentamente, en una agónica tortura por al fin probar sus labios. —¡Ya estamos aquí, perdón por la tardanza! —gritó una voz en la lejanía. Todo rápidamente se desvaneció,  dolorosamente, como si hubiera caído desde gran altura y chocado contra el suelo. Desviamos la mirada y nos separamos antes de que pudieran percatarse de que algo pasaba. Joder, por qué ahora. Rodé los ojos frustrada. Ellos vinieron hacia nosotros y Allison me rodeó con su brazo por mis hombros, sonriéndome. Su expresión cambió tan rápido vio la mía. —¿Hemos interrumpido algo o me lo parece a mí? Porque tienes muy mala cara. —Algo así. Ya te contaré —respondí  sin mucho afán mientras andábamos. —Vamos a tomarnos unas copas, a emborracharnos, y me lo cuentas —guiñó el ojo. Las dos nos sentamos con los chicos en la mesa. Los cuatro rápidamente comenzamos a hablar. Pasamos el día riendo, comiendo y bebiendo en la piscina. Pronto anochecería. La mayor parte del tiempo lo pasé hablando con Allison, ya que hacía bastante que no la veía. Al ser un año mas mayor que yo,  ya había empezado a trabajar y apenas nos habíamos visto entre la Universidad y el trabajo. Me contó toda la historia entre mi hermano y ella, todavía pareciéndome algo extraño, nuevo, pero estaba totalmente a favor de su relación. Además, pude ver a un Elliot totalmente distinto junto a ella. Se complementaban de una manera distinta y única. Nunca le había visto así con ninguna chica antes. Estaba claro que iban en serio. En un momento de la tarde en el que los chicos estaban absortos en su conversación, una vez más sobre aquél proyecto, Allison se inclinó hasta mi oído. —Voy a dejarte preparado el terreno —susurró en éste, dando unos toques en mi pierna. —¿Qué? —susurré de vuelta, girando mi rostro completamente hacia ella—. Ni se te ocurra, no hagas nada que... —¡Kai! —mierda...—. Mañana nos gustaría a Elliot y a mí pasar el día juntos. —¿Sí? —saltó Elliot, sorprendido. —Sí —repitió Allison con firmeza, entornando sus ojos hacia él—. Queremos algo de intimidad y esas cosas, ¿Podríamos...? —Os dejo la casa —apresuró Kai sin dejarla terminar—. Tengo que hacer algunas cosas que hacer fuera de la ciudad, igualmente. Georgina puede acompañarme, si te parece bien. Y así podéis... —movió su mano, sacudiéndola en un gesto que lo expresaba a la perfección. Allison celebró su victoria. —¿Ves? Listo —me susurró de nuevo. —Te odio —murmuré intentando parecer molesta, aunque la idea de pasar un día con Kai me provocaba aquél cosquilleo en el estómago. Un día entero a solas con Kai. Mi yo interno daba saltos de alegría, para qué negarlo. Si de esta no sucedía algo o al menos las cosas quedaban claras entre nosotros, definitivamente desistiría. —Ya me lo agradecerás —me guiñó un ojo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD