Cap. 5: Iremos a París, ¿ya lo olvidaste?

1710 Words
– Vaya, hasta que te decidiste a aparecer – fue lo primero que escuché con una voz grave y autoritaria, y de primera instancia no relacioné que se dirigía a mí, hasta que sus pesados ojos se posaron en mí y me obligaron a mirarlo – Ahm, ¿yo? – pregunté tontamente – Obviamente Alastrina, ¿a quién más sería si no te hablara a ti?, estamos solos aquí – ¡gulp!, con que razón todas las personas se apresuraban con lo del agua caliente y lo del desayuno, el tipo es un gruñón – Oh, mm, lo siento – – No te disculpes, mejor siéntate de una buena vez, muero de hambre – oh c rap!, grumpy much? (¡oh m ierda!, ¿algo malhumorado?), y sin decir nada, aunque moría de ganas de contestarle al insufrible tipo, me mordí la lengua con dificultad y caminé con rumbo a la silla más alejada de la suya, al otro extremo de la inmensa mesa del comedor – ¿Qué haces hasta allá?, siéntate a mi derecha – me dijo tan pronto me senté, demonios, no quería estar cerca de él y menos tan cerca como el estar a su derecha, el mal genio se pega, o al menos eso pienso yo. Caminé hasta él, muy despacio, el tipo me siguió con la mirada fija sobre mí en todo momento, haciéndome sentir un poco, tímida, y me senté en silencio a su costado derecho, tal y como me lo indicó. – George, estamos listos – lo escuché levantar la voz y pronto en una de las esquinas de la enorme habitación, se abrió una puerta, haciendo que con esa inesperada acción, entraran varios tipos vestidos con lo que podría describir como, cosas parecidas a esponjosos fracs, sus trajes tienen muchos holanes y moños, que les salen por todos lados, cuello, mangas, todos están muy serios y lucen pulcrísimos, oh wow, ¿qué tal se las gasta el duque? Nos sirvieron en silencio, el sangrón éste no quiso algunas cosas e hizo gestos de niño malcriado y optó por otras, la verdad ni siquiera presté atención a qué fue lo que le sirvieron. Yo sólo dije que sí a lo primero que me ofrecieron, en realidad no soy picky y soy de muy buen comer, así que lo que sea estará bien y extrañamente tengo mucha hambre, pareciera que he pasado siglos sin comer, ja ja, chiste local Anne. – Veo que sigues siendo la misma niña consentida y mal educada – ¿qué?, ¿está hablando en serio?, ni siquiera me conoce, ¿por qué se refiere a mí de esa forma?, yo soy todo menos consentida, nadie nunca en mi vida me ha consentido, literalmente jamás, mi padre se fue cuando aún era pequeña y mi madre se enfocó en consentirse a ella misma, o al novio en turno, ¿consentida?, vaya burla. Lo ignoré y empecé a masticar los bocados lo más rápido posible, lo que sea con tal de terminar de comer y así poder desaparecer de este comedor, prefiero estar encerrada en esa habitación de donde me sacó Cata, que estar aquí con él un segundo más. – Te estoy hablando Alastrina, ¿por qué me ignoras?, además come bien o te ahogarás, en verdad que no entiendo a las mujeres – eso último lo dijo entre dientes y como para sí mismo, pero yo lo escuché claramente – Pues si no fueras tan grosero y desagradable, tal vez dejaría de hacerlo – tan pronto lo dije, me arrepentí, pues escuché como la comida se le atoró y él se atragantó, empezó a toser ruidosamente mientras abría los ojos enormes y me veía con ellos, entonces pensé que tendría que rescatarlo con la maniobra de Heimlich y la simple idea de acercarme más a él y de abrazarlo por la espalda, me molestaba bastante, pero después de pegarse varias veces en el pecho, a sí mismo, y beber un poco de vino de su copa, el peligro pasó, ¡que salvada!, gracias al cielo – No seas impertinente ni grosera Alastrina, ¿qué no te educó tu institutriz en todas las reglas de etiqueta y en las costumbres que son aceptables para las damas de familias nobles? – Supongo – le digo sin mirarlo, y no es por intentar o querer seguir peleando con él, si no que en verdad supongo que sí lo debieron haber hecho en algún punto, o en varios, pero yo no soy la tal Alastrina, así que las desconozco por completo – Si no te comportas correctamente, hablaré con mi tío y le diré que no vendrás conmigo – – ¿Ir contigo?, ¿a dónde? – pregunté intrigada, ya que el tono y la forma en que me lo dijo, despertó mi curiosidad – ¿Cómo que a dónde?, ¿qué acaso haz olvidado el por qué estás aquí? – Para ver tu fea y enojona cara – uy, eso se me salió, lo pensé en voz alta, y ahora que me escuché, creo que verdaderamente soné como una mocosa malcriada, ¡c rap!, le estoy dando la razón, el ogro se me quedó mirando un momento sin decir nada y para mi total asombro, él inesperadamente – Ja ja ja ja – el tipo se empezó a carcajear, pensé que el gruñón este no conocía lo que era la risa, y a decir verdad, y muy a mi pesar su risa suena, varonil y, muy atractiva – no me lo puedo creer, eres un espécimen muy particular – – ¿Espécimen?, ¿acaso esa es la nueva palabra que aprendiste esta semana? – no sé no que me ocurre, no puedo dejar de contestarle, yo siempre suelo ignorar a los sujetos como él, engreídos y que se sienten los reyes del lugar, pero sencillamente se me están desbordando los pensamientos por la boca – Wow, ya veo que eres una joven un tanto, animosa – dijo levantando curiosamente una de sus bien definidas cejas – Duque, deje de jugar conmigo y dígame a qué se refería con eso de no ir con usted – – Oh, ya veo, si te digo, ¿te comportarás como una dama? – Trataré – le contesto con toda honestidad, supongo que mi forma de ser no será para nada típica de una dama de la alta sociedad inglesa, y menos de las de esta época – Bueno, supongo que suena, suficientemente aceptable – – Bueno, ¿y entonces? – le digo, para presionarlo, ya que se quedó en silencio, mirándome fijamente, y eso me sigue incomodando, un poco, y no sé ni porqué pero me hace sentir, inquieta – Iremos a París, con unos parientes, ¿ya lo olvidaste? – ¿París? – repito el destino mencionado, sonando total y completamente asombrada, ¡wow, París!, siempre soñé con ir a París, aunque obviamente no es como debe lucir ahora, debe ser muy diferente, pero aun así debe ser muy hermoso, de cualquier forma París es París – Ay Ally, ¿en verdad lo olvidaste? – ¿Ally?, ¿y de dónde le salió eso?, ¿Ally será mi apodo? – ¿Ally? – Claro, estamos sólo tú y yo, habrase visto, no me digas que no recuerdas que así solía llamarte cuando eras una niña pequeña – negué, no sé ni que decir o hacer, estoy completamente en desventaja en ésta situación – ¿recuerdas la última vez que te vi? – no niego ni acepto, sólo me quedaré mirándolo, aquí estoy, viendo la situación desarrollarse – eras una pequeña niña tan mimada, tan malcriada y, bastante molesta – sentí una cachetada al escucharlo expresarse así de mí, o bueno, no de mí, de ella, de Ally – oh vamos, quita esa cara, no te lo digo para ofenderte, ¿ya olvidaste la escena que montaste justo antes de que se fueran? – No lo recuerdo – ¿y cómo lo haría?, no sé nada de nada, yo no soy ella y no sé por cuánto tiempo lo seguiré siendo, hubiera estado bien que fuera como en todas esas películas de ciencia ficción en las que las mentes son compartidas, pero no, nada, estoy completamente en blanco, no tengo ningún recuerdo de ella, de su vida, sólo recuerdo mis propias cosas, mis vivencias – Tenías seis años y yo, mmm, trece – oh, es siete años mayor que yo, así que tiene treinta y cuatro, vaya, se ve joven el duque para tener esa edad, espera, ¿aquí tendré mi edad? – y en esa época estabas tan obsesionada con las mariposas, tanto que me seguiste por toda la casa, molestándome, y cuando te dije como por décima ocasión que me dejaras tranquilo, me dijiste que lo harías sólo si te ayudaba, así que me obligaste a ir contigo a buscarlas a los jardines, y aunque te acompañé poco más de dos horas, llevando esas tontas cosas que tu padre te consiguió sabrá Dios dónde, que eran supuestamente más que excelentes para atraparlas, pues aún a pesar del tiempo y las cosas esas, no lo conseguimos, no pudimos capturar ni una sola, y como ustedes ya se tenían que ir, empezaste a llorar y a patalear en el piso, tu padre incluso te subió al carruaje sobre su hombro, mientras tú seguías haciendo berrinches y pataletas, cuando finalmente se pusieron en marcha, aún se podían escuchar tus gritos salir del carruaje conforme se alejaban – oh por Dios, si es una completa malcriada la tal Alastrina, con qué razón me lo ha dicho varias veces – te juro que soñé con esos gritos por varias noches seguidas, ¿aún lloras si no consigues lo que quieres? – me dice burlonamente, levantando una ceja, y me dan ganas de darle un golpe con el puño cerrado en esa nariz afilada suya, desata instintos criminales cuando me ridiculiza, no suelo permitirle a las personas que me afecten, pero él, ¡grrrr! – Obviamente no, ya he crecido, ya no soy una niña, ahora soy una mujer, ¿qué no lo ves? – – Bueno, tanto como mujer, no estoy tan seguro – lo veo incrédula, obviamente el tipo está empeñado en menospreciarme.
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