Cap. 4: Unos enormes ojos azules

1703 Words
– Está bien, desvístase usted, mientras yo iré por el agua. Anne vio salir a la tal Cata y minutos después regresó seguida de cinco chicas más, quienes traían unas extrañas tinas de madera, llenas de agua caliente. Todas vertieron el agua y salieron rápidamente del baño, a excepción de Cata. – Venga, vamos, debemos apresurarnos señorita Ally. Anne decidió dejar de resistirse y seguirle la corriente a la chica, pensó que con eso lograría sacarle más información a la mujer que si la hacía enojar llevándole la contraria. Anne entró a la tina y abrazaba sus piernas contra su pecho, y aunque es una doctora y la desnudez no la suele molestar, ni siquiera la suya, la situación era realmente muy extraña, nadie la había bañado desde que su madre dejó de hacerlo hace más de veinte años. – ¡Ay!, ¡ay! – – Calma, calma, debemos lavar y desenredar su cabello, ¿pues que ha dado vueltas de nuevo en la cama?, tiene tantos nudos – ¿vueltas?, ¿cómo sabe esta chica que parezco karateca al dormir? Cuando terminó de “bañarla”, la joven la envolvió en una enorme pieza de tela, la ayudó a salir y la empujó de regreso a la habitación, la hizo sentarse sobre la cama y se apresuró hacia un enorme mueble de madera que apenas notaba Anne por primera vez. La joven abrió las puertas y el hermoso mueble de madera oscura, de un extraño y antiguo diseño, estaba lleno de ropa femenina, pero lucía como el guardarropa de una película de época, era todo tan irreal, lo que estaba sucediendo no tenía una explicación lógica. – Señorita, ¿quiere el azul o el celeste? – Anne estaba boquiabierta, viendo como la escena se desarrollaba frente a sus ojos, pero sentía como si ella no fuera parte de eso, era todo tan bizarro e increíble, que era mejor para su salud mental, el pretender que estaba viendo una película en 3D, con todo y efectos de agua. – Señorita, deje de jugar, llegará tarde, dígame, ¿cuál vestido desea usar el día de hoy?, ¿el azul o el celeste?, si me permite, yo considero apropiado que elija entre esos dos, ya que cualquiera que elija hará que sus ojos resalten y como queremos impresionar al duque yo pienso que son los adecuados – ¿mis ojos?, ¿de qué m ierda habla esta mujer?, mis ojos cafés nunca han resaltado con absolutamente nada, sin importar que me ponga, no dejan de ser bastante comunes. Por alguna extraña razón, Anne sintió curiosidad y tomó un espejo de mano que estaba junto a un hermoso cepillo para el cabello, los cuales estaban sobre un pequeño mueble al lado de la cama sobre la que estaba sentada, ignorando por completo a Catalina, levantó lentamente el espejo y lo puso frente a ella, y lo que vio la dejó estupefacta, era ella, bueno, parecía ser ella, bueno, casi, tenía una nariz ligeramente más pequeña y respingada que la suya, lo cual es totalmente inexplicable, pero pensándolo bien, esa linda naricita luce bastante bien en su rostro, pero eso no era lo que la dejó atónita, estaba viendo unos enormes ojos azules que la veían directamente, desde el reflejo del espejo, eran tan azules, eran tan hermosos, y resaltaban como si estuviera viendo el impresionante e intenso color azul del Mar Caribe, Anne aún podía recordar vívidamente las últimas vacaciones a las que su padrastro los llevó a todos juntos, ella los acompañó en esa ocasión, fue el año antes de que se mudara a Nueva Orleans, fueron a Cancún por diez días, y aún recordaba el sentimiento que le provocó cuando salió por la parte trasera del hotel, caminó descalza por la arena extrañamente blanca, pero al ver el azul de esa agua, fue wow, nunca había visto algo tan hermoso como eso, entonces, ¿eso significaba que estaba soñando?, porque si no lo hacía, ¿cómo podría recordar algo como eso?, ¿cómo unas vacaciones de diez días en Cancún podrían ser un sueño?, ¡no!, debía ser al revés, éste es el sueño. Se pellizcó nuevamente, en el antebrazo, tratando de que la tal Cata no la viera, aprovechó el momento en que ella se inclinó a buscar algo, ¿zapatos?, o sabrá Dios qué, pero al hacerlo, obviamente sintió un agudo dolor en su piel, ‘m ierda’, de nuevo sentía dolor. – ¿Cómo, puede ser posible? - jadeó en una voz baja – En verdad no lo sé señorita, desconozco la causa, yo sólo sé que siempre que usa vestidos en esas tonalidades, sus ojos se le ven más intensos que cuando usa otros colores, y eso es muy atractivo, sobre todo para los hombres, ¿recuerda al joven de la familia Beauchamp?, puedo jurar que quedó enamorado de usted ese día en la librería – Catalina la sorprendió con la respuesta, ella estaba haciéndose preguntas a sí misma, era una pregunta mental que había dicho en voz alta, por lo que no esperaba una respuesta como tal. Mientras Catalina ayudaba a Anne a vestirse, ella no perdió el tiempo y siguió interrogando a la chica, de esa forma pudo obtener un poco más de información, pero conforme aprendía cosas nuevas sobre su supuesta vida en ese lugar, en lugar de disipar sus dudas, estas sólo se hacían más y más grandes, era como si cada nueva pieza de información no ayudara a resolver el extraño rompecabezas, si no que agregaba una pieza más, haciéndola con eso darse cuenta de que el misterio era más extraño y más grande de lo que había anticipado. – Entonces, el duque – atrapa el anzuelo, muerde Cata, muérdelo – Su primo, el joven Duque de Norfolk – ¿Duque de Norfolk?, ¿estoy en Inglaterra?, holy cow! – Sí, él, dijiste que llegó, ¿de dónde? – No estoy muy segura señorita, sólo escuché de camino hacia acá, cuando pasaba por la cocina, que el joven duque había regresado y tenían que apresurarse a preparar su baño – Y se tienen que apresurar, como, ¿por qué? – anzuelo, de nuevo – Porque es su casa y todos hacen lo que él dice – me dice la chica mirándome extrañada – señorita, ¿está usted segura de que se siente bien?, hoy está, particularmente curiosa – ja, vaya forma educada de decirme metiche o preguntona – No sé, creo que tuve un sueño muy extraño y me siento un poco confundida – – ¿De qué fue su sueño?, cuénteme – En realidad no lo recuerdo bien, sólo es como un vago recuerdo pero sí me siento extraña – y vaya que esto es j odidamente extraño – Brazos arriba – me dice poniéndome el corsé y dándole semejantes tirones a las cintas, maldición, esto debería estar prohibido por la ley, ¿cómo es que respiran?, ¡dang!, siento que usaré, éste día, ambos pechos como un collar, jajaja, no son tan grandes como los de Lu, pero con esta cosa, maldición, me siento, verdaderamente muy voluptuosa, me miro al espejo y vaya, cinturita de avispa, unos lindos y casi desbordantes pechos. Nos apresuramos, Cata me peinó y me puso un poco de color en las mejillas y en los labios, sabrá Dios de que esté hecho lo que me está poniendo, no quiero ni pensarlo, en esta época aún usaban plomo, mercurio y otras cosas realmente tóxicas o venenosas, ya que no sabían que lo eran. Durante el tiempo en que me peinaba, también aprendí que mi padre es primo del padre del mentado duque, y supuestamente, o al menos eso me dijo Cata, una unión entre mi primo y yo sería algo en verdad deseable, al menos por parte de mi padre, no sabemos si por parte del duque y de sus padres. Soy hija única y mi madre murió a los meses de dar a luz, al parecer alguna complicación del parto que desencadenó algunas cosas que no supieron identificar ni tratar, y con eso, la llevaron a su prematura muerte, probablemente fue una hemorragia interna o algo que no hicieron bien después del parto, pero ya no habrá forma de saberlo. Y según Cata, desde entonces sólo somos mi padre y yo, somos muy unidos y es por eso que él no quería que yo viniera sola a esta visita, él es ultra protector hacia conmigo, pero mi tío, el padre del duque, le dijo que “me haría bien salir del nido” y que también a él, el extrañarme un poco, supuestamente como entrenamiento previo a que me case, achhhh nooo, ¿casarme?, ¿yo?, ¿aquí?, si no quiero casarme en el mundo real por miedo a perder mi independencia y que el sujeto sea un patán o un posesivo, menos voy a querer quedarme aquí, yo no quiero ni pensar que será el casarse aquí donde básicamente las mujeres no tenemos ni voz ni voto y somos como un maldito adorno que no tiene ninguna relevancia, ah, ¿dónde es aquí?, acabo de descubrir que estoy en el Ducado de Norfolk, nada más y nada menos que en Inglaterra, en el hermoso año de mil seiscientos sesenta después de Cristo, ¡oh my gosh!, ¿cómo es eso posible?, ¡no tengo la más mínima idea! Finalmente pudieron salir ambas mujeres de la habitación, Anne estaba radiante, Catalina había logrado formarle la más pequeña cintura que fuera humanamente posible y aunque le costaba respirar cuando se movía muy rápido, se dejó llevar, pensó ‘al lugar al que fueres, haz lo que vieres’. Bajaron por unas grandes escaleras bastante impresionantes, pasaron por varios salones decorados con evidente opulencia y que obviamente parecían ser del año en que Cata había dicho que estaban, al parecer la mujer conocía el lugar bastante bien, pero para Anne, era como un enorme, interminable y muy lujoso laberinto. Cuando finalmente llegaron hasta el enorme comedor, Anne pudo observar que un hombre ya estaba sentado en la cabecera de la mesa, estaba solo, y con un gesto severo en el rostro. – Vaya, hasta que te decidiste a aparecer –
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