Era él, pero no parecía él. Estaba vestido con pulcritud, luciendo unos pantalones cafés, una camisa perfectamente planchada, el cabello peinado hacia atrás con gel. Había ganado peso y ya no tenía esas ojeras marcadas debajo de sus ojos. Parecía un hombre diferente, lo único que se mantenía igual, era la mirada de adoración en sus ojos. Vino hacia mí y me abrazó. No pude separarme, aun cuando sentí la mirada de desaprobación de mi hermana, me quedé estática. Olía a limpio, su ropa estaba fresca. Cuando se separó de nuevo, la sonrisa genuina hizo que mi corazón cayera en picada. Este no era el mismo chico de hacia unas semanas, no era el mismo hombre egoísta, viciosos y flojo. Llevaba solo un par de minutos aquí, pero me daba cuenta de inmediato del cambio, podía verlo en sus ojos ta

