Capítulo 4: Juegos y dudas.

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(Annie Parker) —Chicas, ¿no creen que deberíamos irnos? —no tengo por qué estar nerviosa, pero si Jacob me advirtió es por alguna razón que debo averiguar luego. —¿Por qué? ¿Te pasa algo? — dice Jessy mirando mi cara de preocupación. —N-no, pero, es que ya está aburrido estar aquí —ellas asienten con la cabeza. —A veces te pones algo rara cuando salimos, si te sientes mal o te sucede algo dilo, Ann—dice Sarah un poco preocupada. —Bueno, tienes razón, directo a casa de Annie—menciona Jessy y nos ponemos de pie, saliendo de ese lugar. Nos dirigimos a mi casa, cuando entramos vimos a mi hermano Alex en bóxer buscando algo en el refrigerador. Mi hermano es alto, musculoso, no exagerado, pero se ve lo suficientemente bien, ojos igual que los míos, con el pelo castaño hacia atrás y piel clara. Sarah se sonrojó ese es el amor de ella. Él nos mira y nos da una sonrisa. —Hola, enana, hola, chicas —nos sonríe. —Hola, Alex— yo repito su acción de sonreír, las chicas solo miran su redondo y hermoso trasero. Trato de romper el hielo, solo miro la cara de Sarah la cual está muy roja. Subimos a mi habitación y nos sentamos, unas en la cama las otras en un pequeño sillón. —Tu hermano está delicioso — Jessy suelta aun mirando a la nada. —Se puede comer hasta vacío —dice Sarah aún como un tomate. —Ustedes son especiales, si quieren se los traigo —me miran asombradas. —No, está bien déjalo en paz — suelta Sarah y yo me río. Ya eran aproximadamente a mediados de las tres de la tarde y estábamos bailando y cantando como locas. —Chicas, voy al baño vengo ahora —nos cuenta una Sarah muy risueña. —Cuidado con lo que te encuentras por ahí —dice Marie con cara pícara. —Está bien como digas — Sarah sale. (Sarah Clark) Salgo de la habitación de Annie y voy al baño, veo la puerta entreabierta, entro y sin pensarlo cierro la puerta. Cuando volteo veo a Alex y me pongo totalmente roja. Oh, Dios, que he hecho. —¡Ups! Per-perdón n-no sabía que estabas a-aquí —suelto totalmente sonrojada y le iba a dar una vuelta al cerrojo para salir, pero él me pone la mano, haciendo que retroceda. Le colocó el seguro a la puerta y me volteó haciendo que lo mire fijamente. Me puso contra la puerta y me tomó las manos para evitar sacarme de su agarre. —¿Sabes?, hay algo en ti que me encanta —se muerde los labios, este chico es mi perdición. —Mm, ¿En serio? —sonrojada de la vergüenza —yo mejor me voy Alex, termina de hacer lo que hacías. Trataba de soltarme de su agarre para marcharme, sin embargo, él no me lo permitió. —¿Por qué andas tan rápida?, sé que estás disfrutando esto, no debes mentirme, digo, el color tomate de tu cara que pones cada vez que me ves te delata, si no te gustara no te sonrojarías —me coquetea con cara pícara. Con sus fuertes brazos me pegó a él, el cual estaba en bóxer aún y sentí su gran erección, este hombre sin duda me vuelve loca. Sus ojos cafés un poquito claros me miran con cierta lujuria y deseo. Él, sin más preámbulos me besó con furia, con mucha pasión, es, como si él hubiese querido salir de un laberinto y, después de tanto buscar la manera, pudo escapar y encontrar el camino. El amor suele ser una sensación curiosa y extraña, nos puede hacer sentir las personas más felices del mundo, o las más desdichadas, también nos puede llevar a cometer grandes locuras o hazañas increíbles a las que nunca nos hubiéramos atrevido, como la que estoy cometiendo con el chico de mis sueños en este instante. Todo eso tan solo gracias a un sentimiento tan natural como es el amor, es decir, gracias a ti. Después de varios minutos, ya tenía mis piernas enroscadas en sus caderas y él besaba mi cuello para luego pasar a mis labios. Sabe cómo lo he soñado. —Siempre me has encantado Sarah, desde que te vi me parecías muy deliciosa, pero no sabía que era tanto —ese comentario hizo que las cosas le subieran un poco la temperatura. —Tú también me has gustado desde siempre Alex—vuelve a besarme. Después de casi veinticinco minutos de caricias y besos más tarde me suelta. Una de las mejores experiencias que he tenido. —Mejor ve donde las chicas, pensarán raro de una vez, pero recuerda, tenemos cosas pendientes tú y yo —me dio un pequeño beso y me sonrió. Luego me dirijo a la habitación de Annie y las chicas se quedaron viéndome como tratando de descifrar algo. —Marie, como que no te equivocaste, se encontró con algo —dice Jessy. —Más bien, con alguien —Marie enarca una ceja. —A ver cuéntanos, ¿qué te hizo mi hermano? —dice Annie. Bueno, les cuento todo lo que sucedió y se quedaron con la boca abierta, sí, lo sé, ni yo misma me lo esperaba. Lo que sí sé es que ha sido lo más genial que me ha podido pasar en todo este tiempo. (Annie Parker) —Amiga, ¿Sabes nuestra frase verdad? —Jessy le pregunta sonriente. —A ver ¿cuál de todas? —dice Sarah. —Veamos si adivino: “Sin gorritos no hay fiesta” —la digo mientras sonrío. —Eso mismo — Jessy me acerca el puño para chocarlo con el de ella. —Yo tengo por si necesitas, no queremos pequeños Alex´s y Sarah´s correteando por allí y por allá —dice Marie y todas reímos. Ella y sus ocurrencias tan “oportunas”. —Ya, no exageren, aunque es bueno ser precavidas —dice Sarah y todas asentimos. Luego, pasamos la tarde haciendo de nuestras bromas y travesuras de mal gusto. Lástima que las horas hayan pasado tan rápido para que los nervios se apoderen de mi ser por completo, no quiero cometer un desastre, quiero que, si tendré una cita, las cosas salgan bien. Ya eran las seis con cuarenta y seis minutos. Tiempo de ya irme preparando para mi gran cita. Las chicas están orgullosas de mí porque le abrí la puerta al amor dándole paso una vez más, solo quiero ser feliz en esta vida, espero no arrepentirme…
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