CAPÍTULO IV. VE EL CAYADO POR PRIMERA VEZ-2

2011 Words
El padre preguntó al hijo, y este contestó diciendo que sus amigos únicamente habían dicho la verdad a medias, y que por su burla había sido atropellado, y que él le había llevado a un lugar que tenía el viejo, no lejos del sitio donde había ocurrido el incidente, y que le había ayudado a curar sus heridas, y cuando empezaba a contar las maravillas que terminaba de presenciar, la prudencia le hizo callar, y se saltó el resto y dijo, ―Mirar lo que me ha regalado. Él lo tiene como un buen amigo ―Y enseñó a su padre el cayado. Este lo cogió, lo miró y vio que era muy especial y dijo, ―¡Creo que conozco este cayado!, pues se parece a uno que yo vi hace muchos años, lo tenía un hombre que también encontré en el camino, y si no recuerdo mal me dijo algo de una carpintería, pero mira, entonces yo era niño, pero el cayado lo recuerdo, pues se lo recogí para dárselo y así pude ver que era igual que éste, tenía grabados los nombres de nuestros antepasados y me extrañó mucho. »Mira José, aquí tienes varios grabados que llegan hasta David y luego varios que llegan a uno que dice EL MESÍAS, y luego tienes varios más, y al final pone una raya y nada más, y es muy extraño, pues mira, las personas que desde David están aquí labradas, hasta el que dice MESÍAS son las mismas que tiene, desde este último nombre, a éste del final. El padre se lo mostraba a su hijo y los demás lo veían, y continuó el padre diciendo, ―Mira, aquí dice cómo muere cada uno, y aquí dice qué de viejo, y aquí en el MESÍAS que crucificado, y él último de todos igual que el MESÍAS, pero está señalado al revés, y eso no lo entiendo ―Y continuó―. Pero mira José, esto quien sabe leerlo bien son los sacerdotes del templo, pues éste ―Y señaló al cayado―. Es la forma que se tenía de transmitir la información de padres a hijos, y lo que se les dejaba como el mayor tesoro era un cayado que tuviera grabados todos sus antepasados, y los que eran de la casa real, tenían uno especial, de una madera que según decían tenía grandes propiedades para el que lo tuviera ―Y mientras José escuchaba a su padre, recordaba, todo lo que se le había dicho que tenía de especial el cayado, y todos comprendieron que el cayado tenía un gran valor, y exclamaron, ―¡Vaya suerte! ―Y se marcharon envidiando la suerte que había tenido su compañero. José se quedó toda la tarde meditando y al día siguiente se presentó en el templo y buscó a un maestro de los que había enseñando la doctrina que un día les dejara Abrahán, y que al igual que a sus hermanos los musulmanes de las arenas, les había dado el encargo de que tenían que instruir a todo el mundo que pasara por sus ciudades. Con este fin, había nacido en Israel, una casta especial de sacerdotes que se dedicaban a enseñar y contestar a todo el que quería saber. A uno de ellos acudió José y se presentó y cogiendo el cayado el maestro lo estudió y como no conocía bien todos los signos, llamó a uno que se tenía de maestro entre los maestros, y a este le pasó igual, pues dijo, ―¡Es un cayado especial!, y tiene que tener mucho valor, pues por la forma que está labrado, su madera tiene que tener más de diez mil años y, sin embargo, parece nuevo y sin arañazo alguno ―Y le dijo a José―. ¡Déjanosle en el Templo para que lo estudiemos!, y así podamos aprender de él. ―Mira, no es mío, me lo han dejado y en el tiempo de unos días tengo que devolverlo ―contestó José. ―¿Es un hombre viejo? ―preguntó el sacerdote. José extrañado contestó que sí y el maestro le dijo, ―Mira, se dice que una vez en la vida de cada uno de los descendientes directos de David, se aparece un viejo con unas señas especiales, a tu padre recuerdo habérselo escuchado, e igual se ha contado de su padre, que también lo había contado, pero no se sabe qué quiere ni de dónde viene, pero es singular que a todos los descendientes se les aparezca, y que ninguno más haya mencionado esto ―y así le dijo a José―. ¡Escucha un consejo!, pregunta al viejo el significado del cayado y que te conteste él, luego ven y dínoslo ―Y le dejó marchar. José cada vez más asombrado se puso en camino y cuando llegó a su casa, contó a su padre lo que le habían dicho, y éste le dijo, ―En verdad recuerdo que también mi padre contó en una ocasión tal cosa. Mira José, ¡ten cuidado!, pues no se sabe quién es, y por desgracia o por suerte no es humano, pues no podría vivir tantos años, y tienes que recelar. Acude a él y con prudencia pregunta, y tú que de por naturaleza eres prudente y reservado, usa esos dotes, que escuchando se aprende mejor que hablando ―Y esto se lo dijo su padre, y a ninguno había hablado de la vieja. José al día siguiente madrugó mucho y con el cayado marchó a ver a los viejos, y con todos los jaleos se encontró con que no había preguntado a su padre si le dejaba aprender el oficio de carpintero. Cuando llegó a la casa vio al viejo que estaba sacando agua del pozo y José se dijo así mismo, “¡En verdad es sorprendente cómo se ha curado!, pues aunque no entiendo mucho, su herida era tan importante que para otro cualquiera no podría haber hecho nada el resto de su vida”, pensando esto llegó a donde estaba el viejo y le dijo, ―¡Buenos días mi señor! ―¡Buenas, y alabanzas sean dadas al ALTÍSIMO!, pues ÉL nos da todos los días el cielo, la tierra, el sol y todo lo que aquí se puede ver ―le contestó este. A José le pareció bien, pero no contestó. En ese momento salió la vieja y le miró, y sintió en la mirada un calor igual que había sentido cuando le había cogido la mano, y se azaró, pero le dijo, ―¡Buenos días! ―¡Buenas sean dadas!, más dime que aún no sé tu nombre, y también dime si has comido esta mañana, pues como has madrugado mucho no lo habrás hecho ―respondió la vieja. ―No, en verdad no me he acordado de comer ―le respondió el muchacho y le dijo su nombre y ella mirándole fijamente le sonrió. A José le invitaron a entrar en la casa, y cuando lo hizo vio que aquello había cambiado, y que había una mesa y unas banquetas, y esto antes no lo había visto, y también que había fuego donde hacer tortas y éstas ya estaban hechas, y había miel y leche, y no recordaba haber visto cabra ni oveja alguna, pero todo lo observó, pero nada dijo, y esperó y vino el viejo con el cubo y cuando lo vio se puso colorado, y le dijo, ―¡Mi señor, perdonar!, pues por obedecer a tu mujer se me ha olvidado ayudar. Mas el viejo que llevaba el cubo lleno de agua con una mano, como si fuera ligero, le contestó, ―¡No te preocupes!, que cuando se es joven, y le hablan a uno de comer, se olvida uno de todo, pero antes de que comas te voy a decir algo, y si luego estas conforme, podrás hacerlo. Todo lo que en esta casa se come, no es comida de este tiempo, y estará de menos en otro cuando llegue la ocasión, y a ti mismo será al que te ha de faltar, pues has de saber que mi nombre es igual al tuyo y, ¡no es casualidad!, nosotros somos el hombre y la mujer que un día serán marido y tal, y que somos tú mismo en el futuro, y que estamos aquí, porque si no te corregimos nos perderás y no podrás realizar una misión para la que estas llamado a hacer. ―Mi señor, contarme primero y luego determinaré si puedo comer o no ―dijo José. ―Mi nombre es José, y soy carpintero en un pueblo que se llamará Nazaret, y allí tengo esto que tú ves ahora ―le dijo el viejo mientras le enseñaba la carpintería. José miró a todas partes y todo lo vio cambiado y dijo asombrado, ―Ayer parecía todo viejo, y hoy, ¡está todo en buen estado! ―¡Bueno! ―dijo el viejo―. Así es como estará cuando tu tengas mi edad. Y al punto el muchacho miró al viejo, y éste representaba unos cuarenta nada más, y se asustó, pero el viejo le dijo, ―¡No tengas cuidado, y escucha!, nosotros somos Servidores del ALTÍSIMO, y queremos servirle en todo lo que se nos manda, y tenemos una misión, y esta está en peligro, pues cuando alguien es joven y alocado como eres tú, se pueden cometer tantos errores que le marcan para el resto de su vida, y le hacen inútil para servir a tan Gran Señor ―Y el viejo convertido en hombre continuó―. El ALTÍSIMO, nos ha enviado para advertirte de que vas por mal camino, y que si no cambias, no podrás llegar nunca a conocer siquiera la misión que se te tiene reservada. El muchacho medio asustado por todo lo que estaba escuchando dijo, ―¿Acaso es por qué no he dicho que quiero trabajar de carpintero? ―Mira, eso es una de las cosas ―contestó el hombre mientras reía―. La otra y muy distinta es tu falta de oración, y tu falta de rigor contigo mismo. ―Mi señor, y todo eso, ¿cómo se hace?, pues yo hago todo lo que me dicen y nada sé más ―contestó José. ―Mira ―dijo el hombre―. De ahora en adelante, si tú estás conforme, una voz en tu pensamiento te dirá lo que tienes que hacer, y así podrás saber todo lo que tienes que hacer en todo momento, y al igual que a tu antepasado el Rey David, del cual has oído hablar, se te enseñará y se te dirá todo lo que sea menester. »Pero tú tendrás tu libertad de hacerlo o fallar, como le ocurrió a David, que empezó haciendo todo lo que le decían, y que al final dejó de escuchar, y se pasó a servir al Señor del mal, y cuando quiso rectificar, tenía en su Alma tanta miseria, que ya nunca la pudo echar, y, ¿sabes cómo murió?, enfermo, pues el ALTÍSIMO, viendo que estaba arrepentido y que ya no tenía remedio, y en pago de lo que había hecho en su juventud, le dio un premio, y este fue pagar todas sus culpas en la Tierra, y le dio una grave enfermedad, y su cuerpo a pedazos se cayó hasta que murió. »Cuando fue llevada su Alma, delante del que juzga le dijeron, “Por tus obras, no tenías entrada en el Paraíso, pero por la misericordia del ALTÍSIMO, se te deja un hueco”, y así de ser el primero en la Tierra, llegó a ser el último en el Paraíso, y David, la mar de contento de haber podido entrar, pero mira, a este antepasado tuyo, siendo aún amigo del ALTÍSIMO, un día se le dijo, “De entre los que salgan de tu semilla, un día nacerá el que se llamará EL MESÍAS”, pero como luego falló en lo que tenía que ser, torció todo lo que estaba previsto, ¡te voy a explicar!, viendo el ALTÍSIMO, que ya no era digno de ocupar el puesto que tenía destinado dijo, “¡Vamos a darle el castigo apropiado!”, y así dispuso que todo lo que tenía que suceder empezara a desaparecer por detrás, “Y así hasta que llegue a él, y si aun cuando llegue no ha cambiado le tendremos que borrar también”. »Así se fue quitando gente que tenía que ser, y llegó hasta tu casa y en ti mismo se paró, y cuando murió, tú podías haber tenido como hijo tuyo al que sería el MESÍAS, pero mira que, ¡esto tampoco será!, pues tus hijos también fueron borrados, y así de tu sangre y de tu carne, no saldrá ningún hijo que así se pueda llamar.
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