No se puso a detallar el interior, solo pudo rescatar de su rápido escrutinio, que había lujo por doquier, pulcritud y elegancia. La suite en la que se estaba quedando: magnífica, tan él. —No me voy con tantos rodeos —habló cerrando la puerta, le tomó la mano y, la dirigió hacia el interior de la habitación. Se encontró con una cama inmensa, iba a seguir ojeando cuando unos hambrientos labios atacaron a los suyos, al principio no respondió, ya luego atendió batallando, para igualar la fiereza con la se movía su boca. Tiziano profundizó el beso. Sintió un nudo formarse en su garganta, esa inconmensurable pero ridícula necesidad de liberarse. Sin pensarlo le había regalado la virginidad a un, casi, completo desconocido. Ladeó la cabeza mirándolo, la verdad no conocía mucho de él, con

