—Me parece que tú queridísima esposa está armando un show, solo porque decidí salir sin avisarle. Pesada —masculló esto último caminado hacia su habitación. La mujer intentó seguirla, fue detenida por su esposo. —Evangelini, déjala, ¿no crees que estás exagerando? —¿Eso crees, Riccardo? —lo miró mal. … Las malas miradas entre ella y su madre, así como la tensión descomunal, no desapareció con la llegada del siguiente día. Ni una cálida mañana soleada, el mar a pocos metros, siquiera una exquisita comida marina pudo cambiar el mal humor de las dos. Madre e hija: enemigas. —Papi, ¿vamos a nadar? —propuso Regina en medio del almuerzo, la rubita era la única con una sonrisa de oreja a oreja. De seguro se debía a que su contrincante, Ariadna, había sido reñida la noche anterior. —¿N

