¿ Ya no me amas?
La lluvia caía del nubloso cielo de aquella noche de invierno. La sirena de la ambulancia inundaba el lugar con su sonido tan característico y alarmante.Se respiraba un ambiente tan caotico y tan desastroso que cualquiera perdería los estribos fácilmente. En el centro, se encontraba una joven con un chico en los brazos. Llorando sin consuelo, deseando que todo esto solo fuera un horrible sueño. Al rededor habían grupos de personas formando un circulo para ver la escena. Una desgarradora y triste escena.
Varias lágrimas bajaban por sus grandes y hermosos ojos al ver el cuerpo de Damián, su novio, ensangrentado en sus brazos. Quería creer que nada de lo que veía era cierto. Quería creer que aún seguían paseando cogidos de la mano, compartiendo abrazos, mientras bebían un batido,como antes de que ocurriera la terrible tragedia.
-¡Damián por favor n-no cierres los ojos por favor!- Sollozaba Dalia mientras abrazaba al chico con fuerza. Los sollozos cada vez se hacían más fuertes hasta caer en un desesperado llanto al ver a su amado con los ojos completamente cerrados. Desesperada, empezó a sacudir el cuerpo mientras gritaba y lloraba sin control. No quería aceptar la realidad. La dañina y cruel realidad.
Los hombres de la ambulancia apartaron a Dalia del cuerpo. Ella sin decir nada y con la cabeza gacha, se aparto hacia un lado para dejar que hicieran su trabajo. Los hombres levantaron el cuerpo para ponerlo en una camilla y llevárselo hacía el camión de la ambulancia y posteriormente irse.
Nueve meses después...
Sábado, unos de los días de la semana más esperados por los jóvenes y adultos. Los niños salen a jugar al parque, adolescentes inundando centros comerciales, parejas conquistando las cafeterías y adultos paseando al perro. Pero no todo el mundo pensaba igual. Dalia odiaba que fuese sábado por una simple razón, su mejor amigo, Gadiel, consiguió un encuentro para ella y su primo, Jeno. Cosa que no le hizo demasiada gracia. Según Gadiel, desde la muerte de Damián, parecía un cuerpo sin alma. En parte le daba la razón. Sabía que había cambiado desde aquello. Damián fue su primer amor verdadero. El le ayudó a sanar sus heridas. Le ayudó a deshacerse de sus inseguridades. Le enseñó a amarse con sus defectos y virtudes. Y eso nunca lo olvidaría. Había marcado un antes y un después en su vida.
Al principio se negó tener una cita con una persona que ni siquiera conocía. Solo lo vio en las fiestas de su amigo, pero nada más. Debía admitir que Jeno era demasiado atractivo para ser primo de Gadiel, pero por el momento, no le interesaba estar con nadie. Después de varias veces insistiendo acabé aceptando. No porque quisiera, sino para que me dejara de una vez.
Finalmente llegó el el día del encuentro. Dalia estaba sentada en el autobús, esperando desganada a que el vehículo llegara a su destino. No estaba nada convencida de que esto fuera a salir bien pero tampoco podría hacer nada. Al fin y al cabo aceptó.
Al bajar del autobús, sintió el frío aire de invierno impactar contra su cara. Caminó a paso lento hasta la entrada del centro comercial, hasta reconocer al primo de su amigo, quien al girarse, le saludo con una brillante sonrisa.
-Hola, tu debes ser Dalia, ¿verdad?- Dijo Jeno sin quitar la gran sonrisa de su atractivo rostro. Dalia asintió con timidez.
-Soy Jeno un placer.- El chico alzó el brazo para estrecharlo con el de Dalia, quien hizo el mismo movimiento, susurrando un "igualmente".
Dos días después...
El timbre sonó anunciando la hora del almuerzo. Gadiel recogió sus cosas lo más rápido posible para después irse corriendo por los pasillos con dirección a la cafetería. No podía aguantar el sentimiento de curiosidad que inundaba todo su cuerpo. Quería saber como había sido la cita con su primo. Al llegar a la cafetería, distinguió la delgada silueta de Dalia. Se encontraba junto a Kenai y Tiago , hablando tranquilamente.Camino rápidamente hacía ellos, tropezándose por el camino. Se sentó en el asiento libre que quedaba al lado de Kenai y en frente de Tiago.
- Voy a ir al grano, que pasó y como te fue con Jeno- Dalia lo miro sorprendida ante el repentino interrogatorio de su amigo.
- Yo también me alegro de verte, Gadiel.- Dijo Kenai. Gadiel solo lo miro durante unos segundos y volteó a ver a su amiga quien aún no contestaba.
- Bueno, la cita transcurrió bien. Jeno me cae bien, es un chico muy majo y gracioso. Además de que tenemos muchas cosas en común. Fuimos a una cafetería del centro comercial, donde tomamos un bubble tea y después fuimos al parque de atracciones. No montamos pero me divertí mucho. Así que si,me fue bien con tu primo.
Gadiel se quedo quieto procesando la información recibida. No tardó mucho en que esa gran sonrisa tan característica suya se hiciera presente en sus labios. Miró de reojo a sus dos amigos y después a su amiga.
-Entonces ¿ hay alguna posibilidad de que salgas con el?- El rostro de Dalia se puso tan rojo como un clavel. Negó. Negó muchas veces con la cabeza.
-No, no ,no , no, sabes que no puedo salir con nadie. Jeno es muy majo y eso, pero no puedo salir con el.- Gadiel frunció el ceño.
- Mira,si es por Damián, el ya está muerto, olvídate de el...No puedes estar toda tu vida sin salir con nadie. El está muerto. Tienes que pasar página Dalia. Han pasado nueve meses desde ese incidente. La vida sigue y tu tienes que aceptarlo. No puedes estar así toda tu vida ¿entiendes?
Dalia lo miró enfadada y Gadiel no tardó en hacer lo mismo. El no era nadie para decirle que hacer con su vida. Tiago y Kenai se miraron incómodos ante la situación y decidieron romper esa tensión invitándoles a tomar chocolate caliente.
El tiempo fue pasando y las cosas fueron mejorando. Dalia cada vez era más cercana a Jeno. Cada fin de semana quedaba con el chico a tomar un bubble tea o iban al cine para matar el tiempo. Cada vez se entendían mejor y salían más. El tiempo transcurrió hasta que se convirtieron en mejores amigos.
Dos meses después...
Dalia estaba acabando de peinarse. Hoy había quedado con Jeno a dar una vuelta. El timbre sonó por toda la casa. Dalia se asomó por la ventana y como pensaba era su mejor amigo quien llamó. Cogió su abrigo y su bolso para después salir por la puerta. Al salir se encontró a un Jeno muy diferente al que estaba acostumbrada. El chico andaba con un pelo perfectamente peinado, una camiseta blanca combinada con una chaqueta de cuero, unos pantalones negros pegados a su piel como si fuera una pegatina y unas bambas blancas. Dalia, estuvo un buen rato parada sin moverse, la impresión era tanta que se le hacia difícil creérselo.
-¿Tan bien me veo para que reacciones así?- Dijo Jeno con una sonrisa pícara. Dalia al escuchar eso salió de su pequeño trance para proceder a sonrojarse al máximo.
-¡Que! ¡No! No siempre eres el centro de atención.- Dijo Dalia nerviosa. Jeno la miró por unos segundos para luego sonreír. En ese mismo instante los dos comenzaron a caminar, compartiendo anécdotas bastante raras y graciosas. Al llegar al lugar, Dalia se dió cuenta que en ese mismo instante se encontraban en el parque al que Damián y ella solían ir. Dalia hizo su mejor esfuerzo para ignorar ese hecho y en disfrutar su tarde con Jeno.
Había pasado un buen rato desde que llegaron y su mal estar solo aumentaba. Miles de recuerdos la golpearon poco a poco. Como si hubiera sido condenada a la tortura de la gota de agua. Iba generando malestar poco a poco. Gota por gota.
-Oye, ¿te encuentras bien? ¿Estas llorando?- Dijo Jeno. Dalia no lo miró. Solo se mantuvo mirando al frente apretando los dientes. No se había dad cuenta que había empezado a llorar.
-Oye, lo siento pero me tengo que ir.- Tan pronto dijo eso se puso a correr lo más rápido que pudo; chocando con varias personas. Jeno al verla correr, no tardó en ir tras ella.
Después de haber recorrido medio barrio, Jeno la encontró en el descampado que estaba al lado de su casa. Se encontraba en una banca, llorando y con la cabeza gacha. Lentamente se fue acercando, hasta que se sentó a su lado. Dalia lo notó, pero prefirió no armar escándalo por el momento.
- Dalia¿te encuentras bien? ¿Porqué saliste corriendo del parque?- Dijo Jeno. Ella levantó la cabeza. Se encontraba con los ojos hinchados y rojos y con sus mejillas sonrojadas por el llanto.
- Vete.-Jeno se mostró un poco sorprendido por la respuesta de su amiga.
- Pero solo quiero saber que te pasa. ¿Porqué saliste corriendo del lugar? -
- ¿Quieres saberlo?, ¡¿realmente quieres saberlo?! ¿Porqué tenías que llevarme a ese parque? Hay un montón de sitios en esta ciudad y escogiste ese. - Dijo negando con la cabeza.
- ¿Pero quien es ese chico?-
- Mi ex no...- Dalia no pudo acabar su frase por culpa de los labios de Jeno que se encontraron con los suyos. Lentamente los labios del castaño se movieron con cierta paciencia sobre los suyos. La chica tardó un poco en reaccionar, pero, tan pronto se dio cuenta de lo que pasaba, apartó a Jeno rápidamente. La respiración de Dalia subía y bajaba demasiado rápido. Estaba sorprendida. No había vuelto a besar a alguien desde que falleció Damián.
Se quedó mirándolo a los ojos. Jeno le miraba impaciente por ver lo que haría. Dalia estaba experimentando un sin fin de emociones. Pero la que mas peso tenía era la de culpabilidad. Había besado a un hombre y no era Damián. Se sentía culpable por eso.
-No vuelvas a hacer eso. Por favor.- Dijo Dalia con un tono casi imperceptible y. Le dedicó una última mirada a Jeno para luego irse sin decir nada.
Dalia se encontraba abriendo la puerta de su casa. Acababa de llegar de la escuela y lo único que le apetecía hacer era tirarse sobre la cama y dormir toda la tarde. Subió las escleras que lal conducirían a su habitación. Al llegar a su destino se tumbó en su cama y cerró lentamente los ojos. Estaba demasiado cansada y necesitaba relajarse.
- ¿Ya me cambiaste por otro?- una voz se escuchó por toda la habitación. Dalia al escuchar la voz abrió los ojos pero no encontró a nadie. La voz se le hizo muy familiar pero decidió ignorarlo y volver a cerrar los ojos.
- ¿Te diviertes estando con otro chico?- Volvió a escuchar. Al abrir los ojos se encontró con la habitación nuevamente vacía. Al ver que no había nadie se volvió a dormir.
-¿Ya no me amas?- T/N abrió otra vez los ojos y al ver a la persona que tenía delante quedó petrificada. Su rostro palideció por completo, sus ojos se agrandaron hasta convertirse en platos. La persona que se encontraba en frente suyo era el mismísimo Damián. Su novio. Quien murió en un accidente automovilístico. Estaba allí mismo. Sentado en su silla del escritorio, mirándola fijamente, como si esperara alguna respuesta.
- ¿Me extrañaste?- Dijo Damián con una gran sonrisa en la boca.
-¿Pero?,¿Como?, ¿tu no estabas muerto?- Dijo la chica sin apartar la mirada de el.
- Yo nunca morí.
Dalia al escuchar las palabras del chico comenzó a reír. Pero no se rió como solía hacerlo tan animadamente, si no histéricamente . Comenzó a reír por lo frustrada que se encontraba en ese momento. Pensó que seguramente le afectó el alcohol que consumió ayer por la noche. Se pellizcó para comprobar si todo esto era un simple mal sueño, pero no lo era. Lo intentó varias veces hasta conseguir que toda su muñeca se pusiera roja.
- ¿Se puede saber de que te ríes?- Pregunto Damián mientras se acercaba a su cama. Cuando el chico se encontró en frente de Dalia, se inclinó lo suficiente como para que ambos pudiesen sentir sus alientos y posó sus manos en su rostro, sujetándolo firmemente.
-¿Que ya no me amas?- Dijo Damián para acabar con la poca distancia que había entre ellos con un breve beso. Dalia cerró sus ojos, disfrutando del momento. Cuando Damián se separó, Dalia abrió lentamente sus ojos. Se sorprendió al ver que no había nadie. La habitación se encontraba totalmente vacía, Damián no estaba en el cuarto. Dalia se levantó de su cama para buscarlo por su cuarto, pero no lo encontró.
-¿Damián?, ¿estás aquí?- Gritó la chica. Al sentarse nuevamente en su cama, se dio cuenta que estaba llorando. Había pasado lo mismo que cuando murió. No pudo despedirse y decirle lo mucho que lo amaba y cuanto lo seguía amando. Por más que quiera olvidar a una persona. Por más que quiera dejar de amar a alguien. En mi corazón siempre permanecerá la marca de Damián.
Dalia no había vuelto a ver a Damián por más de una semana. Lo que significaba que todo había sido parte de su imaginación. Pero todo se había sentido tan real que se le erizaban los pelos de la nuca en tan solo pensar en ello.
Dalia y Jeno se encontraban paseando por las grandes calles de Barcelona, disfrutando de una agradable conversación sobre temas sin importancia.
-Que sí, te hablo en serio. Ese día ví a Abraham Mateo por la calle.- Dijo Jeno.
- Y yo me encontré a Chayanne. No hace falta que mientas para que me agrades - Dalia no se creía ni una palabra de su amigo.
- ¿Aún sigues con el?- Una voz dijo. Dalia volteó para ver quién le hablo pero no se encontró con nadie
- Jeno ¿dijiste algo?- Preguntó la chica.
-No.
- No permitiré que me sigas infiel con un idiota como el.- Dijo otra vez aquella voz. Dalia se volteó encontrándose con el rostro de Damiián a escasos centímetros del suyo.
-Me extrañaste?- Dalia chilló. Chilló todo lo que pudo al escuchar su voz. Jeno se asustó tan pronto escuchó a su amiga gritar.
-Dalia, ¿que te pasa?- Dijo el chico plantándose en frente suyo, posando ambas manos en sus hombros. El chico la miraba con preocupación. No era muy normal gritar en medio de la calle como si hubieras visto a un fantasma viniendo hacia ti.
- Damián...- Eso fue lo único que pudo pronunciar Dalia. Estaba asustada.
-¿Como que Damián? Por favor Dalia habla más claramente.
-Damián me habló- Jeno se quedo de piedra al escuchar a su amiga hablar. Era prácticamente imposible que le hablara cuando ese chico ya estaba muerto.
-Mejor te llevo a casa. Necesitas descansar.
Y así es como ambos dieron media vuelta y se dirigieron a casa de la chica. Jeno tenia una cosa que le inquietaba demasiado. ¿Como era posible que un muerto le hablara a su amiga? Esa pregunta daba vueltas sin parar por su cabeza.
Al llegar la pareja se despidió con un gran abrazo y la chica entró a su hogar. Subió por las escaleras hasta llegar a su habitación. Al cerrar la puerta se encontró con Damián sentado en su cama mirándola fijamente.
-¿Q-que haces aquí?- Dijo Dalia. Está vez no se dejaría intimidar por el miedo.
-También me alegro de verte. Además, ¿no puedo visitar a mi novia?- Esas palabras le impactaron de una forma muy grande a la chica.
- No somos novios. Estas muerto- Dijo Dalia
- ¿Que ya no me amas. ?- Dijo Damián.
- No es eso. Yo aún te sigo amando, pero tu estás muerto y aún así no se como puedo hablar contigo.Pero haría lo que sea para que estuvieras otra vez conmigo. Hecho de menos tu sonrisa, tus hoyuelos, tus bromas... extraño todo.- Damián se levanto de la cama para acercarse a Dalia lo suficiente como para que solo faltasen pocos centímetros de besarse .
- No te preocupes por eso. Puedes quedarte conmigo por toda la eternidad. La muerte no nos puede separar por más que quiera. Por eso quiero que vengas conmigo. Para acompañarme de por vida. Para que nadie nos pueda separar.- Damián acabó la distancia entre ellos con un apasionado beso. No era un beso normal, si no, uno lleno de emociones, de necesidad y sobretodo de amor. Los labios de Dalia encajaban perfectamente con los de Damián. Ambos moviéndose sincronizadamente. Damián mordió el labio inferior de la chica, mientras que ella no podía evitar dejar algún que otro gemido. Ambos disfrutaban de la sensación que daba aquel cálido beso, pero, lo mejor fue cuando ambas lenguas decidieron explorar la boca del otro. Las lenguas danzaban entre ellas, causando gemidos de ambos. Todo esto acabó cuando Damián se separó. Se miraron a los ojos con las respiraciones agitadas.
-Acompañame - Dijo Damián.
Ambos entrelazaron sus manos. Dalia abrió la puerta de su habitación para luego salir de esta. Subieron las escaleras que conducían a la terraza del edificio. Al llegar , ambos caminaron hasta quedar al borde de esta.
- Suicidate. Suicidate para que ambos podamos estar juntos sin que nadie nos pueda separar. - Dijo Damián susurrando.Dalia lo pensó por un buen rato. Ella quería quedarse con Damián. Quería quedarse toda la eternidad con él. Pero también quería estar con sus amigos.Pero se dio cuenta que en los pocos minutos que estuvo con él fue feliz. Por primera vez desde su muerte fue feliz. En cambió si decidía quedarse con sus amigos o con Jeno, nunca alcanzaría la felicidad porque Damián era su motivo por el cual vivir. Era el porqué de sus días.
Dalia apretó la mano de Damiány cerró los ojos para dejarse caer del edificio de 10 pisos. Estaba preparada para morir. Para estar el resto de su vida al lado de Damián. Dalia dio dos pasos y se dejó caer. Al impactar contra el suelo dejó que los brazos de la muerte la envolvieran en un largo y profundo sueño donde sería feliz con Damián. Pero eso nunca pasó. Damián nunca apareció después de su muerte. Todo era obra de su cruel imaginación, las conversaciones, los abrazos, los besos...su mente le jugó una mala pasada y lo peor de todo es que se lo creyó.