Los argumentos de Annie eran acertados, de eso no había duda. Sus dolencias podían de un momento a otro volverse más severas, y para dos mujeres solas, las cosas se podían complicar. Por eso, Aurora, como en el voleibol, sabía que el balón ahora estaba en su campo. Tenía que hablar con Jackson y convencerlo que viajara con ellas. Ese jueves en la noche, llamó a Maylin para que fuera a dejarle su número de teléfono a Max Wilson, y el se comunicaría con su amigo. —Entonces te vas de luna de miel y no te has casado todavía, dijo su amiga muy divertida. Aurora, de verdad que eres toda una caja de sorpresas. —Deja de decir locuras, en otras circunstancias, ya estaríamos volando hacía Honolulu, pero la salud de la abuela lo complica todo. —Y no encontraste a nadie más apropiado que el pobre

