Jackson se levantó antes de las seis. Guardó sus cosas en la bolsa de lona verde y bajó hasta el restaurante. La vida del campo le había enseñado que siempre es mejor enfrentar el nuevo día con el estómago lleno, por eso ordenó un copioso desayuno. No esperó a sus dos amigas, porque no se sentía con ganas de ser blanco de algún mal gesto de Aurora. Después, con su bolsa al hombro dejó las llaves en la recepción del hotel y pagó su cuenta. Camino al parqueadero, donde estaba guardado el Jeep, iba pensando que talvez la independencia es la única cosa importante que compra el dinero. Aunque no era esclavo del reloj, una mirada rápida al teléfono le indico que ya eran más de las siete de la mañana y ni la abuela ni la nieta hacían acto de presencia. Bueno, estaba seguro que nada anormal habí

