Ana
¿Cómo ser amigos?
Es la pregunta que gira en mi cabeza desde ese día, una parte de mí se sintió aliviada de que solo quisiera eso, pero otra parte de mi me dijo que no estaba bien, como ser amiga del hombre que en momento lo amaste tanto hasta llegar a odiarlo, si esas dos emociones me producían Octavio.
«Lo odiaba, por hacerme amarlo tanto»
Podía vivir sin verlo, podía vivir sin escucharlo, pero vivir con él a mi lado, pero a la vez tan lejano era duro, pero debo intentarlo por el bien de los dos, porque una parte de mí no quiero perderlo y deseo que este mi vida. Un año lejos de él, me sirvió para cerrar las heridas, pero las cicatrices de ellas nunca se borrarán.
¿Estoy haciendo bien? O ¿Mejor me alejo ahora que puedo?
Todos esos pensamientos invadían ni cabeza mientras el chef, conducía a una cabaña lejos de la ciudad.
—Será divertido — sonríe mientras conduce.
—Lo dudo — resoplo aburrida y enojada pues a mí supuesto amigo planeo una salida sin consultarme y me arrastró a ella, pero no somos los únicos, atrás de nosotros esta Susana.
Creo que trata que mi amistad con Susana vuelva hacer la misma, pero nada pude ser igual que antes eso lo comprendí muy bien en mi viaje con mi ángel.
«Realmente lo intente»
Mi pecho se agita al tan solo recordar los meses que vivimos, esos meses fueron reveladores para los dos, ahí comprendimos los dos que nuestro amor era mucho más. Y que eso nos hacía daño a ambos.
«No éramos normales»
«Estábamos mal»
«Nuestro amor era un pecado»
«Lo amo, pero lo amo más como mi hermano, mi familia».
— ¡Esto será divertido! — grita el chef mientras salimos del auto, la cabaña es grande y hermosa, tiene un aire de misterio y diversión a la vez.
— ¡Bienvenidos! — anuncia Octavio sonriente mientras sale de su cabaña y detrás de él su amigo Edgar.
¿Por qué tiene que ser tan guapo? Tiene el pelo despeinado sus risos juegan con el viento, y esa pequeña sombra de su barba lo hace ver más relajado y más juvenil ¿Dónde quedo el señor gruño?
«Esto no ayuda»
—Límpiate la baba o se dará cuenta — me susurra el chef, automáticamente me limpio la boca, pero no hay nada.
—Eres un idiota, yo no babeo — golpeo su brazo un poco avergonzada.
—Bienvenida — dice Octavio, pero cuando creí que se acercaba a mí, llegan las gemelas y Fabiola las amigas de Susana, que parece que vinieron de una pasarela.
— Perdona por la tardanza, pero mi amigo se perdió en el camino — señala al muchacho que sacaba las maletas de las chicas, no era muy alto, pero tan poco era bajo, muy delgado, con lentes y de piel muy blanca casi pálido — Jeremías, saluda — le grita — el saluda a cada uno se ve que se siente intimidado o está nervioso.
— Un gu.. gu.. gusto — tartamudea y parpadea mucho.
«Es agradable»
Luego de un rato de acomodarnos y escoger las habitaciones decidimos que era hora de explorar el lugar y que mejor que ir al lago. El camino era largo y mi condición física no es muy buena por lo cual me costó mucho llegar y ser una de las últimas es un poco vergonzoso ya que jeremías quien cargaba con muchas cosas lo hizo bastante bien y como era de esperarse los demás lo hicieron bien.
«Tengo que hacer más ejercicio»
— Lo peor es que a que regresar — me tiro al pasto.
— Si qui...qui...eres te ayuyudo a llevar tu... tus cosas de regreso — dice jeremías acomodando la mochila.
— No, gracias creo que llevas demasiado — señaló las cosas de Fabiola, el muchacho empieza a sonrojarse.
— No te pre.... pre.... ocupes, auunque no pa... re... ce tengo un poco de de de musculo — tartamudea de forma adorable.
— Yo igual, solo que hoy me han abandonado — me siento y tomo un poco de agua.
Entonces escuchamos risas delante de nosotros, y los dos nos damos cuenta que los demás ya están jugando y divirtiéndose en el lago ¿Cuánto tiempo pasó? Descanse demasiado.
Octavio sonríe y juega como si fuera un adolescente, en su espalda se apega Fabiola lo envuelve con sus piernas.
«Una punzada en mi pecho me molesta»
Así que decido ignorarlo, no quiero confundirme, ¿Esto es normal? ¿NO?
— El sol es es... ta ta fuerte — comenta jeremías, me había olvidado de él — ¿te meterás al a.… gua? — y como de forma automática veo a los demás y veo que las chicas están muy sexys, sus cuerpos son perfectos, Octavio y Edgar lucen sus cuerpos bien trabajados.
— Más tarde, quiero descansar un momento — tomo más agua — y tú ¿no irás? —es entonces que noto como él se pone y sé que también siente lo mismo que yo, como si ambos tuviéramos la misma mente, nos pusimos a reír de la nada.
— Somos patéticos — reímos como si le hubiera contado el mejor chiste del mundo.
—Soy repostera y preparo todos los postres que puedas imaginar por ende siempre tengo que probar y ahora tengo más rollitos — comento.
—Yo soy tan flaco que muchos me confunden con un adole…scente — dice casi sin tartamudear.
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Octavio
«Escucho su risa y no es para mí»
Al darme la vuelta Ana está sentada a lado de ese flacucho, sonríe de forma refrescante como si todo a su alrededor fuera mágico, no sé de qué hablan o de que se ríen, pero se ve cómoda a lado de él, se ve tranquila.
«Respira, exhala y cuenta» esto me tranquilizara.
— 1, 2, 3 — respiro fuerte para poder tranquilizarme — 4, 5, 6, 7 — no lo hagas — 8, 9 y 10.
«Controlarte»
«No lo arruines»
— Se ven bien juntos — susurra Fabiola a cerca de mi oído, sacándome de mi trance para poder controlarme — Jeremías es un buen chico.
Muerde mi oreja mientras sus pierdas envuelve mi cintura, entonces de forma automática desenredo sus piernas de golpe como si me quemara provocando que Fabiola caiga de golpe en el agua.
¿Debería disculparme? Pues no me importo, salí del agua tan rápido que creo que asuste a todos, entonces siento un brazo sostenerme, más bien me estaba conteniendo.
— Tranquilo, solo están hablando — me apoya — se cómo te sientes — Edgar mira atrás como si lo que estuviera viendo le molestara—respiro hondo y trato de relajarme.
— ¡Ana! — grito mientras trato de sonreír — te pierdes la diversión, vamos — la jalo, alejando la de ese flacucho.
— Espera, espera — trata de detenerme, pero necesito alejarla — no me puse el traje de baño — entonces me detengo.
— Disculpa — suelto un poco avergonzado por mi estúpida reacción.
— No te preocupes — va por su mochila y se esconde detrás de un arbusto — lista.
Sale con un short corto y una camiseta de tirantes en el fondo me agrada que escogiera ese tipo de ropa pues no me gustaría verla con un biquini como las otras chicas, no sé si podría controlarme, ver a Ana con un biquini me dejaría noqueado, todavía no estoy listo.
«Solo somos amigos» enfócate en eso, me digo a mí mismo.
La tomo en mis brazos de forma juguetona para tirarla en el agua, Ana grita y protesta, pero de manera tierna y cómica, me gusta estar a su lado, no importa de qué forma, lo importante es que este siempre a mi lado, me conformo con su sonrisa, una sonrisa dedicada para mí, solo para mí.