Primera
Octavio se había preparado para su primera cita pues para él realmente era su primera vez, ya que considero que la cita a ciegas que su madre había organizado era más un desquite que una verdadera cita, se sintió nervioso y estúpido pues estuvo buscando en el Internet de cómo tener una primera cita perfecta.
Busco en YouTube, busco en las revistas, incluso tuvo que preguntar a su amigo de que pasos seguir, pero, aunque se sintió preparado y preparo la cita perfecta después de tanta investigación, sabía que nada es perfecto.
«Nada salió bien».
En primera sudaba como un grifo, busco muchos temas de conversación, pero ninguno era el adecuado, pues se suponía que una primera cita es más para conocerse y ellos dos se conocían demasiado bien, pero eso no era lo peor, sino más bien poder controlarse para no saltar encima de Ana y hacerle el amor en pleno restaurante.
«Era tan difícil como aprender c***o en un día».
«Está preciosa» fue lo único que pensó en todo momento, se fijó hasta en el más mínimo detalle, y memorioso cada gesto que le regalaba pues para él todavía parecía estar en un sueño, le llevó flores, de las cuales su niña sonrió como si regalara el mundo.
—¿Estas temblando? — tomó su mano — ¿tienes frío? — preguntó con preocupación la pequeña Ana, quien todavía no era consciente de lo que Octavio padecía.
— ¿Frío? No, si hace calor aquí — se agitó con el menú del restaurante — ¿no tienes calor? — Ana negó con la cabeza.
— El lugar es bonito — comentó Ana, pues Octavio se estaba por tanto un poco raro — pero ¿Por qué no hay nadie?
— Porque lo reserve para nosotros — dijo todavía ventilándose con el menú, ajeno a la reacción de la castaña quien se quedó con la boca abierta.
«Porque mierda el aire era más pesado» pensó Octavio.
— ¡¿Qué?! — grito, sorprendida la castaña — pensé que habíamos llegado temprano — comentó la castaña, pues ese tipo de gestos solo lo había visto en películas, pero eran para pedir matrimonio — creo que es mucho.
— ¿A qué te refieres? —pregunto asustado.
— Pues creo que, para una primera cita, no era necesario que reserves el restaurante completo — sonrió mientras bebía su copa llena de limonada, pues, aunque Ana ya sabía apreciar el vino, prefería mucho más el dulce libre de alcohol.
— Quería que sea más privado — sudor frío — ¿te molesta? Podemos ir a otro sitio, donde este mucha gente.
— No, me gusta esto, es muy romántico — suspira de forma dramática para calmar un poco a Octavio — además podamos hacer cosas que en lugares públicos es imposible — sonrió de forma pícara como si estuviera planeando una travesura.
De alguna forma el ambiente cambio pues aquel gesto de Ana provoco en Octavio la tranquilidad que necesitaba.
«Es mi niña, la misma quien dormía con la boca abierta cada vez que se quedaba hasta tarde viendo una película, la misma quien le rogaba por un poco de helado, tal vez haya cambiado pero su esencia sigue allí» fueron las palabras que necesito Octavio para calmar su nerviosismo. La velada fue perfecta, a pesar que hubo unos platos rotos, un baile torpe donde uno de los protagonistas salió más cojo, pero eso era ¿todo? Claro que no, llegó el momento del beso al final de cita, y eso era muy raro pues Octavio conocía el cuerpo de Ana más que el suyo.
«Lo hare en la despida o mejor…»
— Perdón por el pisotón — volvió a disculparse la castaña una vez más — nunca aprendí a bailar bien — toco sus mejillas de forma avergonzada.
— No te preocupes — trato de tranquilizarla — pero creo que andaré un tiempo en muletas — bromeó.
«Llego el momento» se dijo al fin pues estuvo esperando toda la noche por este momento, Octavio quería que este beso no solo sea perfecto, si no que sea la prueba o la manifestación de que su inicio sea el correcto.
«Nada de juegos»
«Nada de secretos»
«Solo eran dos personas que querían empezar de nuevo»
Pero como era de esperase la castaña era ajena a los pensamientos y preocupaciones del hombre frente a ella, pues para ella no era el inicio, era la continuación de su historia.
Ana tomó de la corbata de Octavio, y fue directo a sus labios, Ana lo deseaba, y quería más, no sólo un beso sino más bien a él completo, tendido en la cama mientras ella cabalgaba encima de él, siempre le gusto esa posición, no por el dominio sino porque lo sentía más adentro de ella, más poético, más lujurioso y sobre todo porque su unión era más intensa.
Al poco tiempo Octavio se encontraba ya dentro del departamento de Ana, sentado en el sillón con su pequeña casta encima de él.
«En que momento, llegué aquí» se dijo así mismo mientras devoraba los labios color carmesí de su niña, Ana se movía de manera sensual, con sus caderas se movía hacia adelante y hacia atrás, provocando que su cuerpo se ponga duro.
— ¡Dios! Ana no te muevas — la detuvo, tomando con sus manos su trasero — no quiero arruinar este momento.
— No lo harás — murmuró despacio con sus labios pegado al cuello de Octavio.
— Pero tengo que hacerlo — se levantó de golpe — esto es mi primera vez — y tan pronto al salir esas palabras se arrepiento pues se dio cuenta que sonaba ridículo y lo comprobó cuando su niña se mataba de risa en ese sillón — no te rías, no me refiero al sexo — gruñó — me refiero que es la primera vez que tengo una cita.
Ana quiso controlarse para no reír pues la voz de Octavio se escuchaba afligida por su declaración.
— ¿En serio? Y esa tal Miranda — dijo Ana un tanto molesta al recordarla a pesar de no conocerla.
— No la considere real, yo nunca invite a nadie y peor cortejar — tomo asiento a lado de la castaña quien ya estaba más tranquila de su ataque de risa — nunca tuve la necesidad, tal vez sea mi posición social o mi aspecto, pero las mujeres prácticamente se regalaban, sé que se escucha feo, pero eso es la realidad.
— Entonces tengo más experiencia — sonrió, mientras se acomodaba en las piernas de Octavio.
— Por Ángelo — se tensó, pues no quería ni imaginar que hicieron esos dos en ese año que se fue a Francia.
— No, Ángelo y yo nunca tuvimos una cita.
—¡¿Qué?! — se sorprendió — creí que solo yo... Y bueno también an.. — se calló pues ya no quiero nombrarlo más.
— Solo fue una vez, un chico me invitó a salir y yo acepte, no hubo besos ni nada de eso, pero eso es una ¿cita? ¿No? — pregunto con inocencia agenda que Octavio está molesto, él se preguntó en que momento sucedió todo eso, si prácticamente él estuvo con ella todo el tiempo y después estaba ese estúpido.
«Tal vez»
— Es el cocinero — gruñó.
— No, eso sería muy raro — le miro extrañada por su comentario.
— ¿Quién mierda es? — quiso saber, pues sí todavía estaba en su vida, tenía que eliminarlo esta vez lo haría bien.
«No me fiare de nadie»
— ¿Por qué te enojas? Eso pasó hace mucho tiempo — trato de calmarlo, pero Octavio empezó respirar muy agitado — él incluso ya está casado y su esposa tiene dos meses de embarazo.
— Entonces todavía siguen en contacto — la tomó de las caderas pegándolo más a él.
— Bueno si, digo no — empezó a ponerse nerviosa, pues Ana no creía que se molestara — es que estamos en contacto por las r************* .
— No quiero que estés en contacto más con ese tipo ¿Cuál es su nombre?
— No te lo diré — empezó a molestarse, pues su reacción es ridícula — eso sucedió hace años cuando estuvimos separados.
— Estabas con tu estúpido ángel — gruñó.
— No estaba con él en ese tiempo — quiso levantarse de las piernas de Octavio, pero este no la dejaba. Por otro lado, Octavio estaba perdido en sus pensamientos tratado de descubrir, cuando y lo supo, fue cuando le dejó esa carta, la primera vez que lo dejó.
— ¡Estabas casada! —— casi grito.
— ¡Tu igual! — protesto, molesta — sabes porque me fui — se podo levantar esta vez, ambos estaban enojados, pero Octavio se dio cuenta de su estupidez.
— Lo siento, no quise — empezó a disculparse preocupado por arruinar su oportunidad con su niña, pero antes de decir más, Ana lo interrumpió.
— Quiero que te vayas — ordeno molesta.
— Per...
— ¡Vete! —— grito, dirigiéndose a la puerta.
Octavio sabía que había hecho mal y decidió dejarla en paz y ya más tranquila se disculparía con su Ana, después de salir se dijo.
«Soy un estúpido»
«Arruine todo»
Pero justo cuando subiría a su auto se dio cuenta de que no podía dejarla así, no dejaría que pase tiempo, subió a su departamento rápido como si fuera una competencia y al tocar la puerta sudaba frío, su corazón estaba agitado, pero eso no importaba, esta vez lo haría bien.
— Octavio — dijo Ana sorprendida al verlo nuevamente.
— Lo siento, no sé qué decir, pero solo te diré que soy un estúpido, tengo miedo, estoy aterrado de arruinar esto, te amo y estoy seguro que esta no será la única pelea, tendremos muchas, tal vez por mis estupideces o por tus arrebatos infantiles, no puedo prometer que serás feliz a mi lado, pero sí que siempre luchare para conseguirlo. «No» que lucharemos los dos — la tomo en sus brazos — por eso no quiero esperar al mañana, quiero disfrutar contigo el hoy.
Ana estaba sorprendida por su declaración, pero no dijo nada, no era buena para las palabras, pero si para demostrar su amor. Ana enredo sus manos al cuello de Octavio y con un simple beso dulce y sincero quiso demostrarle que ella también quería luchar por los dos.
«Por nosotros»