Octavio
Después del momento vivido con Ana decidí volver al mundo de las citas, así que en estos momentos me preparo para una cita a ciegas arreglada por mi madre. Es algo nuevo para mí, estar en este tipo de situaciones, pero ya que mi próxima relación será seria lo voy a intentar.
—Espero que te agrade este lugar —comento mientras retiro la silla.
—Es hermoso —comenta con una voz muy dulce casi meloso, la mujer frente a mi es una profesora de música, tiene el pelo casi rubio y ojos verdes, su rostro es angelical.
«Se llama Miranda»
—Es mi primera vez, nunca tuve una cita a ciegas — soy sincero — nunca creí que mi madre llagara a arreglarme una cita y más a mi edad — Ella parece ser una mujer muy madura a pesar de tener un rostro casi infantil, eso automáticamente me recuerda a Ana.
«Primer error, no debo compararlas»
—Lo sé, mi madre también es un poco entrometida en mi vida personal, tengo casi 30 y según ella ya debería estar casada y con tres hijos — sonríe de manera comprensiva — pero debo de admitir que esta es la primera vez que me agrada lo que veo— vaya sí que tiene agallas, hermosa, inteligente y atrevida puede que esta cita si vaya por buen camino.
*****
Los días pasaron y mi relación con Ana se estaba enfriando poco a poco, ponía escusas para no vernos me evitaba incluso cuando iba a su trabajo a visitarla, no contestaba mis llamadas, pensé que cuando supiera de mi supuesta nueva relación las cosas calmarían, después de mi pequeño desliz al llamarla…
«Mi niña»
— Disculpe a ¿Qué hora cierran? — digo a la mesera.
— Dentro de media hora, desea algo más — dice mientras jugaba con su cabello.
— Hágame un favor no le diga a Ana que estuve aquí — le entrego unos billetes.
— No se preocupe —me guiña.
Espero en un rincón afuera del establecimiento, hace frío me pongo una chalina para no sentir tantos escalofríos, estacione mi auto a unas cuadras de aquí, solo para que Ana no se dé cuenta de mi presencia.
Entonces escucho como todos se despiden, veo que Ana sale de última con el cocinero, no los escucho muy bien, pero están discutiendo eso perece. Al final el cocinero se va furioso ¿Qué está pasando? ¿El cocinero será el culpable de su lejanía para conmigo?
— Ana — la llamo, ella se asusta y toca su pecho como si le hubiera dado un ataque.
— ¡Dios! Octavio, me asustaste.
— Lo siento, te esperaba necesitamos hablar—me acerco a ella.
— No puedo, tengo — mira a lado izquierdo — mmm algo que hacer.
— ¿Por qué me evitas? — soy directo.
— ¿Qué? No — no quiere mirara me a los ojos.
— No ¡mientas! — me exaspero —¿Qué mierda pasa? Trato, enserio estoy tratando.
— Creo que no es bueno hablar aquí, mejor en otro momento—se excusa.
— ¿Por qué haces siempre eso? — respondo ya cansado de esta situación.
— ¿Qué?
— Escapar, huyes al menor problema, lo ignoras y escapas de él, me lo hiciste no solo una vez, si no, con estas son tres — trato de controlarme, pero esto esta acumulado dentro de mí, por mucho tiempo — te lastime eso cierto, pero tú me lastimaste también, y yo como un estúpido perro faldero siempre busco la manera de estar a tu lado.
— ¿Estar a mi lado? ¿Por qué? Creo que ese lugar es de tu novia, no la mía ¿Qué quieres? que vea tu feliz noviazgo — empieza a enojarse — y ¿escapar? No, me protegía, eso es muy distinto.
No lo podía creer es ¿enserio? Lo escuché bien, o a mi parecer, eso sonó como un reclamo. Entonces me de forma automática me reí de forma sarcástico exagerado el momento.
«¿Celos?»
— ¿Por qué te ríes? — dice enojada, pero de una forma adorable que en vez de lucir intimidante parece una niña exigiendo sus juguetes o que le cumpla algún capricho.
Aunque trate de ocultarlo o negar todo en el fondo siempre será mi niña, esa adorable chica que llegó a mi vida a darle sentido y también a destruirla sin que ella se dé cuenta.
Sin previo aviso y ya cansado de esta situación estúpida la toma en mis brazos, y la cargo como si fuera un costal de papa. Escucho sus gritos y sus pataletas apenas las siento, pues estoy tan perdido que mi único objetivo es seguir, llegamos a un hotel la subo ignorando por completo a todos a mi alrededor, ignorando por completo que esto seguramente estarán en los periódicos de mañana y saben ¿qué? Eso me importa un bledo, cuando por fin estamos solos, la suelto y espero pacientemente su reacción, pero lo que veo es aúna niña asustada y furiosa.
— ¡¿Qué mierda te pasa?! — grita fuera de sí.
— ¡¿Qué me pasa?! — también grito — eres tú, eso es lo que me pasa, ¡no te entiendo!, enserio trato de hacerlo pero tú me confundes cada vez más, vi tu reacción al verme cerca de ti, tenías miedo, entonces decidí que sería bueno ser solo amigos así tal vez solo tal vez podrías aceptarme en tu vida nuevamente, aunque solo sea como amigos, y cuando creo que eso puede funcionar — me acerco a ella — luego la sola mención de una palabra te aleja nuevamente y para que no vuelvas alejarte más, decido salir con otra mujer, para poder tenerte más tranquila y ¿Qué haces? — golpeó la pared con fuerza, dejado por fin libre lo que tenía acumulado dentro de mí, como un remolino saliendo de mí, una descarga que me pesaba — ¡te alejas más! — respiro agitado, y de alguna forma me siento más relajado, más en paz, ya no quiero retener nada — no te entiendo, ¿Qué quieres de mí?
Ana parece atónita, no parpadea, no dice nada, su boca la abre y la cierra una y otra vez como si tratara de decir algo, pero no sale nada de sus labios.
— No lo sé — susurra tan bajo que apenas logro escuchar y creo que esa respuesta más para ella que para mí, su duda y el no saber qué hacer conmigo.
«Confirma mis sospechas, no soy nada para ella»
Entonces río nuevamente, pero de una forma más patética, ¿Por qué? Porque me río de mí mismo.
«Soy tan patético»
Parezco un perro de la calle suplicando un poco de amor, un poco de atención, que solo persigue a su amo como un idiota y que agita su cola cuando le lanza un mísero hueso. Que tan bajo he caído y lo peor de todo es que no me arrepiento, no puedo seguir así
¿Qué haré cuando se enamore de otra persona? O peor aún ¿Qué haré cuando su ángel regrese?
¿Podré soportar verla otra vez yéndose con él?
«NO» ya no más, llegue a mi limite.
— Ya lo entendí, esto se acabó — me doy la vuelta, duele lo sé, pero duele más el estar a su lado sin poder tenerla.
«Lo intente» ahora puedo morir en paz, tal vez, no sienta lo mismo con otra persona como lo que siento por mi niña, pero me alegra saber que ahora estoy dispuesto a intentarlo, no importa si salgo lastimado nuevamente, si no que estoy listo para amar nuevamente, sé que será difícil y duro, pero valdrá la pena.
Pero justo cuando llegue a la puerta, sus delgadas manos envuelven mi abdomen impidiendo mi salida.
— No te vayas —es ahí como mi alma regresará a mi cuerpo, mi corazón se agita, mis ojos pican y no me da miedo admitirlo, tomo sus manos, las uno con las mías.
— Si me quedo, no será como amigo ¿lo sabes? — espero su respuesta con temor porque sé que no soportaría volver a lo mismo.
— Lo sé — no necesite nada más, me doy la vuelta y la cargo como cuando llegaba de trabajo y Ana me envolvía con sus piernas.
Sus ojos están rojos, todavía llora, pero esta vez con una sonrisa en sus labios, sin esperar más me acerco a sus labios poco a poco, porque temo que sea un sueño y en cualquier momento Ana desaparezca.
«Pero no es así, mi niña está aquí».
Beso sus labios de forma lenta y suave saboreando el momento, saboreando cada centímetro de su ser.
«Dios, extrañaba sus labios» son tan dulces.
Camino con ella hasta llegar a la cama y la acuesto sin separarme de ella ni un solo momento. Pronto el beso dulce y tierno se convierte, en más, Ana empieza en agitarse y siento como trata de quitarme la camisa, yo en cambio me concentro más en su cuello, dejando un poco de marca como en los viejos tiempos, como....
«Pero no quiero eso»
Me levanto de golpe dejado a mi niña con la respiración agitada el pelo hecho tiras y sus pechos llenos de marcas rojas al descubierto.
«¿Cuando llegue hacer eso?»
Fue de forma automática, sin siquiera darme cuenta de mis propios instintos, tal vez Edgar tenía razón, la abstinencia por tanto tiempo te vuelvo un poco loco.
— ¿Qué pasó? — pregunta mi niña con sus mejillas coloradas.
— No quiero esto — digo agitado.
— ¡¿Qué?! Yo creí — empieza a taparse y ponerse triste.
— No, no, no, no, digo si, si, si — tratado de tranquilizarme, concentrarme — no quiero cometer los mismos errores, quiero que comencemos desde cero.
— ¿Cómo?
— Ser una pareja normal, conocerse, salir a citas, uno besos, luego si estamos listos llevar la relación al siguiente nivel, comprometernos y si esto funciona tal vez podamos compartir una vida juntos — lo digo más por Ana, que por mi, pues yo estoy seguro que con la mujer que quiero estar el resto de mi vida es mi niña. Pero es ella que necesita este proceso para que nuestra relación sea estable.
— ¿Por qué? Quiero estar ahora contigo, no quiero pensar en el futuro — se levanta y camina hacia mi — ¿Quieres que te la mame? — trata de quitarme el cinturón, dios esto si es difícil — esa mirada traviesa y lujuriosa.
Extraño sus labios en mi sexo, solo recordar cómo me hacía disfrutar, me pongo duro. Esto me hace recordar en los tiempos donde mi niña se volvía una mujer traviesa y atrevida.
— No — la aparto — estoy hablando enserió, nuestra relación comenzó de una forma s****l, en ese tiempo yo solo te deseaba, pero ahora no solo te deseo, te amo — tomo su rostro en mis manos — te amo, que estoy dispuesto a esperarte, a que aclares todo y que en ese proceso me conozcas más, nos conozcamos.
— Pero ya estoy lista — dice mientras abre sus piernas invitándome a poseerla.
— No— digo seguro.
— Que sí — protesta mientras se quita la blusa y puedo ver su sujetador.
— No— empiezo a dudar.
— Si — se quita el sujetador dejando libres sus hermosos senos, toma mi mano y la lleva a su seno izquierdo — ves lo sensible que estoy —automáticamente la acaricio.
— ¿No? — me pregunto.
—Si — lleva mi mano a su entrepierna — estoy lista — me muestra lo mojada que esta — dime que si — hace pucheros para convencerme y son esos pucheros que me vuelven a la realidad, yo no quiero sexo, yo la quiero a ella.
— Ja, esta vez no funcionará — pellizco su nariz.
Ana me mira como si tuviera rayos láser en sus ojos, para luego soplar con frustración.
— OK, será como tú digas — pone los ojos blancos — pero sabes que te lo voy a poner difícil.
— Lo sé, mi niña — la vuelvo a besar — ¿Quieres salir conmigo? — pregunto como un puto adolescente, pero es así como me siento, nunca tuve una novia o he invitado a salir a alguien, siempre todo estuvo a mi disposición.
— Mmmm —finge pensarlo — sí, pero primero tienes que terminar con esa novia —se pone en plan celosa.
—No tengo que hacerlo— la cargo nuevamente.
—¡¿Qué?! — grita histérica.
—Nunca tuve novia —beso sus labios— tuve una cita, pero de eso nada más paso— lo supe al momento que termino esa cita y lo vi claro no estaba listo y no quería forzar nada con Miranda, no quería que perdiera su tiempo y se lo dije esa misma noche y antes de siga protestando o cuestionando la vuelvo a besar sin darle respiro para que hable.
«Quiero besarla por todo el tiempo que no estuvo a mi lado»