El estruendo de la explosión en la mansión de Jáuregui todavía retumbaba en
los oídos de Karla, pero el silencio que siguió en el canal de radio fue
mucho más aterrador.
—¡¿Michelle?! ¡Michelle, responde! —gritaba Karla, bajando las escaleras del faro a una velocidad s*****a, saltando los escalones de tres en tres. Sus manos temblaban tanto que casi deja caer su equipo—. ¡Sol, dime que tienes sus signos vitales! ¡Dime algo!
En "La Bestia", el ambiente era de puro pánico. Sol golpeaba el teclado con desesperación, viendo cómo el monitor que monitoreaba el pulso de Michelle mostraba una línea errática y débil.
—¡La señal está muriendo! —la voz de Sol se quebró por primera vez—. El inhibidor de Esteban... digo, el inhibidor de la zona es demasiado fuerte.¡Janet, Norma, entren ya! ¡Se nos va!
Janet, que ya no tenía ni un rastro de su habitual alegría, corría por los muelles como una exhalación.
—¡Estoy en la puerta sur! —informó Janet, con la respiración entrecortaday las armas desenfundadas—. ¡Hay fuego por todas partes, no veo nada por el humo! ,¡Michelle, si me oyes, haz ruido, maldita sea!
Norma, que estaba en el perímetro trasero, acababa de neutralizar a dos guardias de un golpe seco, pero su rostro, normalmente impasible, estaba pálido.
—Voy a entrar por la ventana del segundo piso —dijo Norma con una calma forzada que ocultaba su terror—. Karla, quédate en el canal. ¡No dejes de hablarle!
Karla llegó al suelo y empezó a correr por la arena mojada hacia la mansión en llamas. Las lágrimas le nublaban la vista, pero la culpa le quemaba más que el fuego. "¿Cómo pude fallar? ¿Cómo no vi que el rifle estaba mal?", se repetía una y otra vez.
—Michelle, amor, por favor... —susurró Karla por la radio privada, con la voz rota—. Perdóname por haberme ido, perdóname por no haber estado ahí hoy. Solo aguanta un poco más. Estoy llegando. No me dejes ahora que he vuelto por ti.
De repente, una voz distorsionada y cargada de dolor se coló por la frecuencia.
—K-Karla... —era Michelle. Se oía el sonido de escombros moviéndose y una respiración sibilante—. Salgan... de... aquí. Es... una...
Antes de que Michelle pudiera terminar, se escuchó el sonido de pasos pesados sobre el vidrio roto y una risa fría que todas reconocieron al instante. Era la voz de un hombre, pero no era Jáuregui. Era alguien que estaba allí para terminar el trabajo.
—Vaya, vaya —dijo el hombre a través del micrófono de Michelle—. Parece que la líder de la DEA no es tan dura cuando tiene una viga encima. Saluden a sus amigas, agente Morgado. Será la última vez que las escuchen.
—¡NO! —el grito de Karla fue un rugido de pura desesperación mientras llegaba a la entrada de la mansión, viendo cómo las llamas empezaban a devorar la estructura principal.
En la base, Esteban observaba la pantalla de monitoreo con una calma escalofriante, mientras se aseguraba de que nadie viera cómo borraba los registros de la calibración del rifle de Karla.
El calor era insoportable, un muro sólido que intentaba detener a cualquiera que se acercara. Janet y Norma lograron reventar la puerta trasera con una carga pequeña, entrando en formación táctica. Janet tosía violentamente mientras Norma usaba su chaqueta para cubrirse la cara del humo n***o.
—¡Michelle! ¡Estamos aquí! —gritó Janet, disparando a ciegas contra un sicario que intentaba flanquearlas entre las llamas.
Pero afuera, la escena era aún más desgarradora. Karla, con los ojos inyectados en sangre y la mente nublada por la culpa y el amor, no esperó a que el humo se despejara.
—¡KARLA, NO! ¡VAS A MORIR! —el grito de Sol a través de la radio fue tan agudo que Janet tuvo que bajarse el volumen del auricular.
Sol, desde la seguridad de "La Bestia", veía por la cámara térmica cómo el punto de calor que representaba a Karla se lanzaba directamente hacia la zona de ignición más alta.
—¡Karla, detente! ¡El techo se va a caer! ¡Janet, deténganla! —Sol sollozaba mientras sus dedos volaban por el teclado, tratando inútilmente de encontrar una ruta segura.
Karla no escuchaba. Atravesó una cortina de fuego. El calor le derritió parte de la manga de su uniforme táctico, y sintió el dolor agudo del fuego lamiendo su brazo y su hombro izquierdo. La piel se le ampollaba al instante, pero el dolor físico no era nada comparado con la imagen de Michelle atrapada.
—¡MICH! —rugió Karla, irrumpiendo en el despacho destrozado.
El sicario que estaba sobre Michelle se giró sorprendido. No esperaba que alguien fuera lo suficientemente loco para cruzar ese infierno. Karla, herida y quemada, no usó su arma. Se lanzó sobre él con la fuerza de una leona herida,usando su cuerpo como un proyectil. Ambos rodaron por el suelo cubierto de brasas.
Janet y Norma entraron segundos después, cubriendo a Karla. Norma liquidó al sicario con una precisión gélida mientras Janet corría hacia la viga que aplastaba a Michelle.
—¡Ayúdenme! —gritó Karla, ignorando sus propias quemaduras, metiendo sus manos heridas bajo la viga de madera ardiente para ayudar a Janet y Norma a levantarla.
Entre las tres, con un esfuerzo sobrehumano, lograron liberar a Michelle.
La líder estaba inconsciente, con el rostro cubierto de hollín y sangre.
—Tenemos que salir, ¡AHORA! —ordenó Norma, cargando a Michelle en sus hombros mientras Janet cubría la retaguardia.
Karla caminaba detrás, tambaleándose, con el brazo izquierdo colgando y la vista nublada. Justo cuando cruzaron el umbral de salida, la mansión colapsó detrás de ellas en una lluvia de chispas y escombros.
Sol bajó de la camioneta corriendo, con el botiquín en la mano y las lágrimas rodando por sus mejillas. Al ver a Karla, se quedó sin aliento.
—Estás quemada... Karla, ¿por qué hiciste eso? —preguntó Sol, sollozando mientras empezaba a aplicar espuma fría en las heridas de su amiga.
Karla, antes de perder el conocimiento por el dolor, miró el cuerpo de Michelle fue atendida por Norma.
—Porque... se lo debía... —susurró, antes de que el mundo se volviera n***o.