Gimiendo suavemente, Alex intentó removerse en la cama, agitarse y contonear su cuerpo, cualquier cosa que lograra que la atención de sus dos alfas recayera en su necesitado m*****o, pero nada parecía que estuviera funcionando. —Por favor... —suplicó, casi sin aliento. —¿Qué sucede? —preguntó Derek, quien se encontraba en ese momento entre sus muslos, dejando unas perfectas marcas entre violetas y rojas por todo el interior y muy cerca de su pelvis, y aun así, el muy maldito ignoraba su dura erección. —Lo saben —jadeó, cerrando sus ojos al sentir un mordisco justo bajo su oreja. —¿Quieres venirte ya? —ronroneó Desmon sobre su oído—. Puedes hacerlo si lo deseas —alentó en un pecaminoso tono bajo que fue demasiado erótico. —No, l-los quiero sentir dentro antes de venirme —expresó abrien

