Cuando su teléfono sonó sobre su escritorio, Alex lo observó de reojo y detuvo todo lo que estaba haciendo al contemplar el nombre de Dylan brillar en la pantalla. Alzando su mirada, se aseguró de que sus alfas no se encontraban en su oficina en ese momento y luego lo tomó y contestó. —Ya todo está listo —anunció Dylan casi chillando de la emoción. —¿Ya? ¿Tan rápido? —preguntó con sorpresa. —Cael me ayudó —confesó—. Sé que te prometí que podía hacerlo solo, pero en cuanto me vio salir de la habitación me siguió y... Bueno... No es como si pudiera perderlo fácilmente, por no decir que es una misión imposible —explicó. —Está bien, sabía que se iba a enterar de todas formas —calmó con una ligera risa—. Solo será una cosa molesta, pero ¿cuándo no lo ha sido? —Él se está quejando, dice qu

