***Camila*** El cansancio se pegaba a mi piel como una segunda capa, sofocante e ineludible. La noche había sido interminable, y aunque las propinas eran generosas, mis pies ardían y mi paciencia estaba a punto de agotarse. Me dirigí a la barra, esperando que me dieran otra botella para continuar sirviendo a los invitados. Mi mente vagaba, intentando ignorar el bullicio de la sala repleta de personas con demasiado dinero y demasiado ego. —Eres más persistente de lo que aparentas —una voz masculina interrumpió mis pensamientos. Levanté la mirada y ahí estaba. Adrián. El amigo de "Él". No sabía qué quería, pero su presencia ya me ponía a la defensiva. —Trabajo por dinero, no por gusto —respondí con un deje de cansancio y desinterés. Adrián sonrió de lado y se acomodó junto a la barra, c

