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4004 Words
“Una Rosa Valiente” —Katyyyyyyyy— el grito de mi madre me despierta de golpe, casi caigo de la cama. Bendita mujer, que no para de gritar para llamarme, no podría tener una madre normal. Como esas de las películas, que son todas lindas siempre. Buena para que me quejo, igual me mantiene. —VOY MAAAA— Le grito devuelta. Son las 7 de la mañana, me toca ir al colegio, estoy en mi último año de preparatoria, a 8 meses de graduarme, si, cuento los meses que me faltan por salir de esa cárcel de menores, donde la vida es un verdadero infierno. Paso directo al baño, lavo mi rostro, mis dientes, recojo mi cabello en una coleta alta, observo mi reflejo en el espejo, suspiro, sigo siendo la misma de ayer, solo que con más ojeras, y otras nuevas espinillas. Estúpida pubertad. No me considero fea, pero tampoco bonita, estoy en esa etapa donde muchas chicas se consideran término medio, no tengo buen cuerpo, ni unos ojazos, tampoco un cabello de ensueño, soy básica, normal. Soy muy delgada, de estatura promedio creo que 1,65 cm, mi cabello es ondulado y rebelde, siempre lo llevo sujeto en una cola de caballo, tengo ojeras porque paso la noche metida en la pc, leyendo o viendo series, mi otro pasatiempo es dibujar algo que hago mucho en el colegio cuando estoy libre. Soy de piel trigueña, un rostro promedio, ni muy fino, ni muy grueso, mi forma de vestir es muy peculiar, me baso en mi ánimo, cuando me siento triste uso n***o, y cuando estoy feliz fucsia, rosa, rojo, o tonos naranjas, soy ordenada, siempre mantengo todo en su lugar, ayudo a mi madre en casa, también tengo un empleo de medio tiempo en el Mall, soy mesera en uno de los restaurantes. Como me siento bien y no tengo los ánimos bajo, me visto sin escoger nada, solo tomo prendas al azar y me las pongo, olvide decirles esa parte, a veces, cuando mi ánimo no lo defino muy rápido, me visto con lo primero que voy sacando del closet. No presto mucha atención al resultado, normalmente lo hago cuando Lu me regaña al verme. Termino de vestirme, me pongo mis inseparables converses negras, tomo el bolso y meto las cosas que deje ayer tiradas en la mesa. Voy a la cocina y mi madre ya me espera para desayunar. —Come, se hace tarde— volteo los ojos, siempre es lo mismo, y siempre llego 10 min antes de entrar. —Mamá te he dicho que entro a las 8 de la mañana, nunca llego tarde— vuelvo a repetir lo mismo de siempre. Suspira. —Sí, sí. Recuerda pasar por el local más tarde para darte el almuerzo— asiento, pasando el bocado. Tomo el vaso de jugo. —Sí— termino mi desayuno rápido— Adiós mamá, nos vemos luego.                                       Salgo de casa luego de eso, tomo mis llaves antes de salir, no quiero quedarme fuera cuando regrese del mall. Llego al colegio como siempre, espero a Alondra en la entrada, la veo a lo lejos y sonrío, ella siempre tan coqueta, toda arreglada, sin maquillaje porque dice que aún es joven y está aprovechando su belleza natural. Sigo sin entender como somos amigas, ella es todo lo opuesto a mí, mientras ella tiene una forma de vestir muy femenina con faldas, vestidos, y todo eso, yo uso monos anchos, overoles, jeans, todo suelto, que puedo decir, me gusta la comodidad, ella se arregla el cabello y siempre esta decente, yo me hago una coleta alta y listo, somos muy diferentes en ese aspecto, pero en personalidad somos muy similares, a las dos nos gusta la verdad así duela, las dos somos sinceras ante todo, y a las dos nos gusta estudiar. Tal vez sea eso lo que nos une. —Kat— me saluda—No sabes lo que me paso anoche— ella y sus historias locas. Sonrío esperando que me cuente, siempre hace eso, casi que todos los días llega con una historia diferente. —Estaba cenando y de repente me llego un mensaje de Alexander, no sabes la emoción que sentí, fue demasiado— aquí vamos con él chico. —¿Qué te dijo?— pregunto tratando de sonar interesada, pero la verdad es que ella ya sabe lo que opino del chico, es un patán que por ser el capitán del equipo de futbol de la escuela se cree el mejor. —Me dijo “Hola, siento que te he visto en algún lado” — río, ella de verdad a veces es tonta. Me mira mal, volteo los ojos. —Ya sabes lo que pienso de él, lo que sí te diré, para que no seas tonta, si te dijo algo como eso es porque es idiota, él sabe que vienes a este colegio ¿No te parece?— lo piensa, y asiente comprendiendo. —Debe haber otra razón, a lo mejor antes no me había notado— quiero darle ánimos, porque ella es linda y merece lo que quiere, si, ella está desesperada por tener un novio. —Mira, has lo que tú creas que está bien, no te diré que no le respondas solo ten cuidado, ok— asiente. —Ok— pasamos al colegio, este año nos separaron de secciones, mientras ella siguió en la misma sección “B” a mi me pasaron para la “A” y ahora quede con todos lo que me caen mal, ninguno es amable, ninguno se coloca conmigo en los trabajos, y yo como soy antipática, no les hago caso, me pongo sola, y saco hasta mejor nota, soy la mejor de la sección y eso para mí es suficiente. Trate de cambiarme pero en administración se negaron. Idiotas. Entro al salón, ya hay varios alumnos sentados, incluyendo las “populares” paso por su lado ignorándolas, se han metido conmigo varias veces, pero siempre las ignoro, nunca han llegado a más de unos comentarios sarcásticos. Que al parecer quiere subir de nivel. —Qué asco Katy, como llegas así vestida— trato de ignorarla, pero cuando paso por la última de ellas me mete el pie, tropiezo y caigo de bruces contra el piso. Mi sangre hierve, me volteo furiosa. —Que sea la última vez que haces eso, o no respondo de mis actos— mi voz ya no es amable, mi mirada furiosa las hace palidecer un poco. —¿Qué nos vas a hacer, contagiarnos tu mal vestir?— me harte, tomo el cabello de María y lo halo hasta hacerla levantar de su asiento, todas me miran pasmadas, nunca había reaccionado así. Soy muy pacifica hasta que me hacen enojar, y para eso se necesita maltrato físico. —Quieres ver cómo te contagio de todo lo que tengo— suelto amenazadora, todas gritan alebrestadas. No me amilano, continuo jalando su cabello más fuerte. —Suéltame loca— grita, suelto su cabello bruscamente, retrocede un poco tambaleándose. —Vuelve a meterte en mi camino y tu cabello no será lo único que jala. ¿Estamos claras?— las miro a todas amezadora, en eso entra el profesor, todos están pasmados por mi actitud. —¿Sucede algo clase?— pregunta al ver que todos están alrededor de nosotras, sonrío lo mejor que puedo y volteo a verlo. —Buenos días profe, estábamos conversando— nos mira con una ceja levantada, obvio no se cree nada lo que digo, pero no me cuestiona. —Bien, todos a sus puestos. Buenos días— paso al final de la fila, y tomo asiento en mi pupitre de siempre. Si antes me miraban mal, ahora parece que me matan con los ojos, los ignoro. Tocan la puerta justo cuando el profesor Robert va a comenzar su clase. —Adelante— habla fuerte. Del otro lado abren con lentitud, entran una chica y luego otro chico— ¿Estudiantes transferidos?— inquiere el profesor, ambos asienten. —Preséntense y tomen asiento, no quiero más interrupciones. La chica es la primera en pasar. —Buenos días soy Sabrina, tengo 15 años— pasa a sentarse en la primera fila, sin más que decir, es linda y tímida me percato. Todos la observan sentarse sin disimular, volteo los ojos hastiada. Cuando le toca al chico ya todas tienen su mirada en él, interesadas, que fastidio se vuelven estas chicas por los hombres. —Hola, Soy Máximo— todas suspiran al escuchar su voz, volteo los ojos, ya perdí la cuenta de cuantas veces lo he hecho este día, no dice más nada, camina al final de la fila, tomando asiento a mi lado, no lo miro, no me interesa. —Bien, volviendo a la clase, abran sus libros de física en la página 90. Vamos a explicar los ejercicios para el taller— Él profesor Robert comienza su clase. No veo al idiota de Alexander en clase, lo cual es raro, sí, el idiota estudia conmigo. No saben la cantidad de veces que he tenido que mandar a la s**t a Alondra, cosa que la molesta, pero que voy a estar yo tomándole fotos a ese. No, no., jamás. Tomo mi libro, busco la pagina 90 sin mucho interés, la física me resulta pan comido y los ejercicios ya me los sé. Observo que Máximo no tiene el libro, pero eso parece no importarle. —Te puedo prestar mi libro si quieres— trato de ser amable con un desconocido, merezco un premio. Me mira neutro, su mirada es vacía, primera vez en mi vida que veo unos ojos así, a pesar de su color claro, todo hay que decirlo, tiene unos ojazos el condenado, verdes súper claros con grises. Levanto una ceja esperando su respuesta. —¿No lo necesitas tú?— inquiere cruzado de brazos. —No, ya eso lo sé— digo encogiéndome de hombros. Asiente mirándome con los ojos entrecerrados. —Eres una cerebrito— dice burlón. Volteo los ojos, que se vaya a la mierda. —Algún problema con eso— inquiero con un poco de molestia, vuelvo mí vista al frente. —No, pero gracias— tiende su mano esperando que le pase el libro, pero lo ignoro, que se joda. —Ya no me apetece prestarte mi libro— lo cierro y lo guardo nuevamente en la mochila, me mira asombrado. —Uh, como quieras— parpadea saliendo de su asombro, otra vez ese tono burlón en su voz. Lo ignoro lo que resta de clases, aprovecho de sacar mi cuaderno de dibujo, comienzo a terminar el dibujo que comencé el día de ayer, es una rosa con muchas espinas, una mitad seca y la otra viva. El profesor dicta su clase, no presto atención a mí alrededor, me pierdo en los trazos, concentrada en mi labor. —Bueno chicos, pueden copiar los ejercicios del pizarrón, deben traerlos la próxima clase. Nada de faltas, esto vale un 20% de su nota final. No quiero excusas— escucho la voz del profesor, despego mi vista del dibujo casi listo, solo le falta algo de color y listo. Observo el pizarrón, busco mi teléfono celular, y tomo una foto de los ejercicios, son solo 4, pan comido para mí. Tomo mis cosas sin deparar en nada y salgo de allí, a mi siguiente clase. —Oye— escucho que llaman, como no sé si es a mí no volteo, sigo mi camino, hasta que tocan mi hombro. Volteo al ver a Máximo levanto una ceja inquisidora. —¿Qué?— digo bruscamente. —Toma, se te cayo al salir— me tiende mi hoja con el dibujo de la rosa, pensé que lo había guardado, es más estoy segura de eso, lo tomo. —Gracias— vuelvo a mi camino. —Espera— dios y ahora que, pienso. — ¿Cuál es tu siguiente clase?— pregunta interesado. —La misma que la tuya— me encojo de hombros. —Uh… puedo irme contigo, no sé dónde queda. —Camina. —¿Cómo te llamas?— que pesado. Pienso. —Katy— suelto seco, no seré amable con él nuevamente. —Siempre eres así Kat— abrevia mi nombre, lo miro mal. —Katy— corrijo. —Y sí. —¿Te caigo mal?— pregunta sonriendo. —No te conozco. —No hace falta conocer a una persona para saber si te cae mal¸ puedes solo verla y caerte mal— explica sabiondo. —No— respondo sin interés. —Hace un rato solo bromeaba. —No me interesa, no me gustan las personas burlonas, las detesto, y tu simple tono de voz burlón me da hastió— no sé porque le explico eso, pero ya lo hice. —Vale… no te hablare más así, discúlpame si te hice molestar— ruedo los ojos. —Lo que digas, ese es el salón de biología— le señalo la puerta con la B8. Asiente y se dirige hasta ella. —¿No vienes?— inquiere al abrir la puerta. —No. —¿No ves esta materia?— vuelve a preguntar. —Sí— me volteo para seguir mi camino, en busca del libro de biología. —Espera— me detengo en seco. —¿Y ahora qué?— digo exasperada. —Vale, estás molesta. Lo siento, te dejo en paz— cierro los ojos, sintiéndome mal, él no tiene la culpa de mi pelea de esta mañana. —Discúlpame tú a mí, no debí tratarte así, tuve una mala mañana. ¿Qué querías?— me mira dudoso, no es para más. —Preguntarte a dónde vas— murmura penoso, su porte no combina nada con su amabilidad, esta todo vestido con un fuckboy, y es amable, esto es de admirar. —Voy por mí libro de Biología— trato de sonar más amable, incluso sonrío un poco. —Puedes venir conmigo si quieres. —Claro. Camina callado a mi lado, porque tengo que ser así, pagar mi rabia con todos, eso no está bien. En fin whatever. Llego al salón de la otra sección y diviso a Alondra sentada en el final, camino hasta ella, quien mira a mi acompañante con una ceja levantada, me encojo de hombros a su pregunta no formulada. Es raro verme con una persona al lado que no sea ella. —Mi libro de biología— pido sin amabilidad. Voltea los ojos. —Toma— me pasa el libro. Me vuelvo a la salida, sin siquiera reparar en el hecho de que Máximo se quedó atrás junto con mi amiga. —Máximo, tenemos clases— al escuchar su nombre voltea mirándome sonriente. —Ve antes de que te salte encima— bromea Alondra. —Ya vi algo de eso anteriormente— le sigue la broma. Cuando llega a mi lado lo miro con una ceja levantada. —¿Eres un payaso?— pregunto, me mira confundido—Digo, por las continuas bromas. —Uh… me gusta hacer reír a las personas, eso es malo— inquiere amable, controlando su tono de voz. Río. —Uh… no. Es tu problema— no digo más, él tampoco. Me sigue de cerca, algo que me incomoda un poco, no me gusta que invadan mi espacio personal, soy muy ermitaña, soporto a Alondra por ser mi mejor amiga, aunque a veces la mando a la v***a. Me estresa con modo de ser a veces, demasiado coqueto. —Tienes algún problema con el mundo— detecto su broma al instante, no aprende. Por alguna razón no me molesta su comentario. —No, no suelo ser así. Soy muy pacifica, pero hoy las chicas de mi salón me hicieron enojar y digamos que le jale los pelos a una…— no me hace sentir orgullosa pero es lo que hice. —Vayaa. Así que eres de las que no se deja— me mira de arriba abajo—Intuyo porque se metieron contigo. —Ignoro, es lo mejor que se hacer, pero desde que me cambiaron de sección ella se enfrascarón conmigo, y ahora las tengo que soportar el doble, hasta hoy María me hizo tropezar y me moleste horrible, la jale de los pelos, y le deje claro que si seguían me iban a conocer por las malas— el enojo vuelve a mí, trato de calmarme. Suspiro. —Nunca te la dejes montar de nadie— su voz suena vacía, lo observo y otra vez esa expresión en sus ojos. Vacía, sin vida. —Lo sé, se defenderme— suelto ligera, hago movimientos con mis brazos como si estuviera golpeando a alguien, ríe a mi costa, se va esa expresión de su rostro. Raro, pienso. —Eso es bueno— ingresamos al salón de biología juntos, todos nos miran, los ignoro, tomo asiento al final, Máximo me sigue. —Esta vez te voy a prestar mi libro— le sonrío amablemente, el asiento agradecido. —Gracias. El profesor Marcos entra con su habitual desparpajo, con su barrigón y barba desaliñada, su clase no me causa ningún interés, por el solo hecho de ser él, el que la da. Su aspecto es demasiado desaliñado, al menos yo siempre estoy limpia y huelo bien. Explica la clase como siempre lento, con pausas largas como si pensara que sigue a continuación, siempre es lo mismo, una clase incompleta y aburrida. Máximo esta igual de aburrido que yo, no presta atención. Yo ni siquiera puedo sacar mi libro de dibujo, porque al cascarrabias Marco no me deja, recuerdo la primera vez que vio que no prestaba atención a su clase por estar dibujando, rompió mi dibujo de la mariposa azul, me dio una rabia horrible, deje su clase indignada, y él muy descarado me llevo a dirección por grosera. Lo detesto. Es el peor profesor, y a él le pasa lo mismo conmigo, me tolera y yo lo tolero, y lo peor de todo para él es que soy la mejor de su clase. Cada vez que me entrega un examen devuelta me mira mal. Toma viejo tonto, digo en mi mente victoriosa. Termina su aburrida clase, gracias a Dios hoy solo tocaban dos materias, suspiro cansada. Ya quiero salir del colegio. Recojo mis cosas apurada, debo ir al trabajo en McDonald’s si se preguntan cómo es que trabajo allí, bueno me hacen lucir un uniforme bonito, que se ajusta a mi cuerpo, y me veo decente. Aparte soy muy eficiente, nunca llego tarde y soy amable. Justo cuando voy a salir del salón toman mi mano, deteniéndome en mí huida. —¿Crees que te dejaríamos en paz después de jalar el cabello de María?— no otra vez, pienso. Me volteo y suelto mi brazo bruscamente. —Será mejor que me dejen en paz— digo calmada, no quiero usar mis clases de defensa personal, pero estas idiotas ya me tienen harta. Gracias a Dios mamá nos metió en esas clases cuando perdimos a papá, estar solas nos obligó a saber defendernos. —Te dejaremos en paz cuando acabemos contigo— la mirada maliciosa de todas me da risa, no lo oculto, me río abiertamente de ellas. —Ustedes no me dan miedo— cruzo mis brazos, se acercan amenazadoras. —Deberías estar asustada, somos tres contra una— suelta Darla acercándose más a mí. Todos en el salón no miran expectantes, nadie dice nada, nadie se mueve, incluso Máximo nos observa sin decir nada. —Váyanse a la mierda, las tres— me volteo para salir de allí, evitar…, evitar. Siento como una mano toma mi cabello jalándome hacia atrás, cuando visualizo a María jalar mi cabello, hiervo, mi sangre se caliente de una manera vertiginosa, gracias Raúl por tus clases, pienso. Tomo la mano de María, volteándome, no me interesa la punzada que da en mi cabeza, al sentir la presión del jalón de cabello, ni todo el cabello que quedo en su mano, mi vista se nubla cuando las tres intentan tomarme, me suelto de Darla dándole un puño con la mano cerrada en su rostro se tambalea toda loca, Oriana es la siguiente que golpeo con el puño, hace lo mismo que Darla se hecha hacia atrás sobándose el mentón, ninguna de las dos se vuelve acercar, María es terca, saca pecho intentando golpearme con sus manos abiertas, la esquivo, le propino un golpe seco en su abdomen, todos gritan pelea, justo cuando intenta acercarse nuevamente, cambio de peso de mi cuerpo y le lanzo una patada con todas las ganas, la rabia del mundo, sale disparada hacia los demás alumnos, no me interesa. Todos quedan impresionados, algunos dicen que estoy loca, otros que soy genial, las chicas gritan ayuda. —Se pondrá peor si alguna intenta levantarse… fui amable, les dije que me dejaran en paz. No escucharon, aténganse a las consecuencias— suelto acida, miro a todo el mundo mal. Sacudo mis manos, tomo mi mochila que se cayó cuando propinaba los golpes—El que vuelva acercase a mí, quedara inservible—amenazo, mi voz suena dura, plana, sin emociones. Miro a todos en derredor, nadie se atreve a mantenerme la mirada, menos Máximo, esta impresionado, pasmado, boquiabierto, todo al mismo tiempo, me apena que me veo así, pero no hay de otra ellas se lo buscaron, suspiro cerrando mis ojos, cuando vuelvo a posar mi vista al frente lo tengo a él. —Eso estuvo, Woow, increíble— dice emocionado, eufórico. —Definitivamente te sabes defender.- suena orgulloso. —Eso no estuvo bien, odio la violencia—salgo de allí, con él pisándome los talones. —Eso estuvo bien porque las pusiste en su lugar, y te diste tu puesto. Ahora todos van a respetarte— tiene razón, pero no quiero pensar en eso, ahora todos hablaran de mí, y tendré que ir a la oficina del director. —¿Tú crees?— inquiero esperanzada, eso sería maravilloso. —Sí, ahora todos sabrán lo ruda que eres, aunque esa faceta de niña tierna no te ayuda. Tal vez si cambias tu imagen un poco, nadie vuelva a meterse contigo—me observa con disimulo—Tienes buen cuerpo eso se nota, no eres ni muy delgada ni muy gorda, tu estatura es promedio, si cambias un poco tu imagen tal vez sea mejor para ti.— gruño en respuesta. —No me interesa cambiar mi imagen— espeto molesta con él por su intromisión. —Pues deberías… ya la cambiaste hace rato, solo falta un toque técnico en ti y listo—admite encogiéndose de hombros. —Eres bien raro y confianzudo— murmuro. —Te escuche… solo estoy siendo amable contigo, como tú lo fuiste conmigo esta mañana—suena sincero, le sonrío. —Gracias Max—sonríe abiertamente. —Ya somos amigos—dice alegre, levanto mis cejas en señal de confusión—Usualmente cuando conozco a una persona, y me llama Max sin que se lo pida nos volvemos amigos. Siempre me pasa, y contigo no será la excepción. —Uh… ok. Estás raro. Me voy, debo ir a trabajar—me despido de él con la mano, me devuelve el saludo sonriente. Que chico más raro, pienso. En la salida ya me espera Alondra, nos vamos juntas. Ella vive cerca del McDonald’s, en el camino le cuento todo lo que paso esta mañana, se asombra de todo lo que hicieron las “populares” festeja que las haya puesto en su lugar, nadie lo había hecho hasta que me conocieron. —Espero que les quede claro que contigo ya no se pueden meter. Y con respecto a Max, me cae bien, tal vez sea tu nuevo amigo—dice risueña, así es ella. —Sí, bueno no lo sé, apenas lo conozco. Te veo mañana, bye— nos despedimos en la intersección, ella se va a su casa yo al trabajo.  
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