Capítulo: Salvado por mi exesposa
Constantine despertó, no recordaba cuánto tiempo llevaba ahí.
La habitación era fría y sombría.
Cada minuto se había diluido en una mezcla de miedo, frustración y una creciente desesperación que lo carcomía por dentro.
Se sentía vacío, como si ya nada pudiera afectarlo.
Estaba secuestrado y no sabía desde cuando estaba atado.
La venda en sus ojos le impedía ver la oscuridad que lo rodeaba, y su mente jugaba trucos crueles con él.
El sonido de pasos resonó en la lejanía.
Su corazón latió con fuerza, pero no fue suficiente para apaciguar el terror que le oprimía el pecho.
De pronto, la puerta se abrió de golpe.
Algo, o alguien, fue lanzado al interior de la habitación.
Un quejido rasgó el aire, seguido de la risa sádica de un hombre.
—¡Miren nada más! ¡Qué bonita pareja he reunido aquí!
La voz era artificial, como si el hombre hablara a través de una máscara.
La figura se acercó a Constantine y, con un movimiento brusco, le arrancó la venda de los ojos.
Al principio, sus ojos se negaron a adaptarse a la luz del día, pero cuando lo hicieron, lo que vio le heló la sangre.
Livia estaba allí, tirada en el suelo.
Constantine luchó contra la creciente ansiedad en su pecho, y antes de poder decir algo, la cinta fue retirada de su boca.
—¡Constantine! ¡¿Estás bien?! —su voz era un susurro de angustia.
—Livia, ¡no debiste venir! —respondió él, su tono quebrado, una mezcla de ira y dolor.
Livia lo miró, sus ojos estaban llenos de angustia.
—Ella pagó tu rescate, felicidades.
Aquel que los estuvo secuestrado salió, y Constantine vio su brazo, tenía una camiseta corta, entonces pudo verle un tatuaje, en la parte del brazo tenía una corona y luego una serpiente, pero no lo reconoció, ¿Quién era este hombre?
La puerta se cerró con un golpe sordo, y el sonido de la risa del hombre se desvaneció.
El silencio que siguió fue abrumador. Constantine miró a Livia, sintiendo una mezcla de impotencia y gratitud.
—¿Por qué estás aquí? —preguntó, su voz temblando.
Livia lo miró con una mezcla de dolor y determinación.
—¡Alguien debía salvarte! No te dejaría morir.
Constantine la miró fijamente, como si intentara encontrar algo en sus ojos que lo hiciera entender ¿Por qué ella lo seguía amando?
Era su exesposa, él nunca fue bueno con ella en su matrimonio, la odiaba por obligarlo a casarse, y se divorció tras el regreso de su primer amor.
Pero la verdad lo golpeó con fuerza.
—¿Y Miriam? ¿Dónde está ella?
—Ella se fue, Constantine.
Las palabras de Livia atravesaron a Constantine como un cuchillo.
En el pasado, había sido el peor de los esposos para ella.
Se casaron por obligación, un contrato de conveniencia, mientras él desechaba su amor a favor de Miriam, su primer amor.
Constantine bajó la mirada. Miriam no iba a venir. Pero lo peor no fue eso… fue entender lo que sí estaba frente a él.
De repente, la puerta se abrió de golpe, interrumpiendo el momento.
Una risa despectiva llenó la habitación, seguida de una voz masculina que los hizo estremecer.
—Ya conté el dinero, está completo, pero… tomé una decisión, hoy es el día de su muerte —dijo el hombre, y se acercó a Livia y apuntó con la pistola hacia ella.
Constantine gritó, su alma estaba quebrándose en mil pedazos.
—¡No, espera… por favor! Mátame a mí, a ella no…
El sonido del disparo resonó en sus oídos como un trueno, pero lo que más le destrozó fue el quejido ahogado de Livia al recibir la bala en el pecho.
La sangre comenzó a brotar de su herida, y Constantine la abrazó con desesperación.
—¡No, Livia! ¡No me dejes! ¡Perdóname!
Livia, entre sus brazos, se estremeció una última vez antes de quedar inmóvil.
Sus ojos se cerraron, su cuerpo se volvió ligero
—¡Livia! —gritó él, sintiendo cómo el vacío lo arrastraba.
Con furia, miró a los dos desconocidos.
—¡Maldito!
El hombre volvió a reír, y su tono era frío, sin piedad.
—No te preocupes, Constantine, irás con tu Livia.
El hombre levantó la pistola, apuntando a Constantine, quien ya no sentía miedo, solo un profundo vacío.
—Sí, mátame. Pero antes, dime, ¿quién eres? ¿Quién eres realmente?
Y con una última carcajada, el hombre disparó en su cabeza.
Todo se volvió oscuro…