- ¿Están cansados? -les pregunto, estamos en casa de Kavia, ella tiene un sótano en el que también nos juntamos de vez en cuando.
Ellos voltean y me observan con cautela.
- Creímos que solo era una persona, no puedes andar cambiando los planes así, Ava, si hacemos un plan debes seguirlo-Piero está molesto.
- Si tuvimos que matar a cuatro más, ya no importa-explica Santiago-ya lo hicimos, ya tenemos sangre en las manos.
- Yo no sabía que junto con el estaban más-espeto, seria, cuidadosa.
- A veces puedo creer que nos ocultas cosas, Ava -Piero de nuevo.
Esta noche, fue un poco agitada, si es que así me dejaran llamarla mis compañeros, en sí, fue un poco más que eso, fue turbia.
- ¿Alguien trajo más cintas y sogas? Hay cuatro personas más, y les asegura que no se van a ir-Kavia murmura por el radiocanal.
Ella está espiando y vigilando al sujeto de veinte años, Jorge, por sus pecados, sufrirá la ira nuestra.
- Entendido-respondo.
Me giro para mirar a mis compañeros quienes acomodan las cosas en una maleta.
- Cambio de planes, está acompañado, tendremos que improvisa-espeto.
- ¿Con improvisar te refieres a…?
Declan se ve confuso.
- Matarlos, obviamente.
Nadie dice nada, no murmuran ni protestan, por lo que pienso que están de acuerdo.
- Vamos-ordeno después de un momento.
Nos acercamos sigilosamente hacia dónde están, ahora los objetivos, nos ponemos detrás de ellos y yo entro, moviendo mis curvas, sugiriendo la elegancia entre esta peste.
- Buenas noches caballeros-digo.
Con un vestido n***o largo, con una abertura en la pierna que hace que me vea muy sexi, con tacones rojos y el cabello lacio, planchado, y muy bien peinado, suelto. Me paro en medio de todos ellos.
Cinco personas, que me observan con su mirada deseosa, como perros que buscan a sus hembras en celo.
- ¿Y que hace alguien como usted aquí? -dice uno de ellos, levantándose suavemente, pero con una mirada de lujuria que recorre todo mi cuerpo, que observa cada parte de lo tonificado que está cada centímetro del mismo, con un deseo inconmensurable.
- Supongo, que venir a jugar-ensancho una sonrisa enorme- Díganme caballeros, ¿alguno de ustedes tiene hijos? ¿Familia? ¿Alguien a quien mantener?
Todos dicen no, al mismo tiempo. Y el que se levantó se vuelve a sentar en su lugar.
- Sí, debería suponerlo, ustedes son jóvenes, tanto como para tener hijos, tan guapos y sofisticados como para tener hijos y una familia.
- Sí, todos disponibles solo para ti-dice uno de ellos, entonces todos los demás se ríen.
Bien, si quieres jugar a este juego, querido, te enseñaré a jugarlo por última vez.
Me acerco seductoramente a el ultimo que habló, está en el centro de todos, me siento encima de sus piernas. Siento un bulto que se levanta desde su entrepierna.
Le rozo la boca, con la lengua, su pene está erecto, se nota, se siente.
Juego un poco con él, quiere sujeta mis senos, pero no lo permito, quito su mano con un juguetón manotazo. Pero el juego debe terminar, le pongo el arma que tiene silenciador en la cabeza, y con un disparo suave, la sangre sale de su cabeza, me levanto y su cuerpo cae inerte al piso.
- ¿Alguien más quiere jugar caballeros? Tic tac, el tiempo corre…
Todos se quedan estupefactos, en su lugar, cada uno de mis compañeros le toca el hombro, ni se han dado cuenta de que ellos estaban detrás de ellos toco el tiempo, pero eso es lo de menos, ahora lo saben.
- Mátenlos, solo Jorge jugará con nosotros un juego.
Y de un solo golpe, Jorge ve morir a todos sus amigos, de un disparo en la cabeza.
- Bien, Jorge-dice Santiago- te vamos a poner algunas cosas en la mesa que mis compañeros están acercando, vas a decidir con que quieres jugar y nosotros haremos el resto.
Carmen observa todo, al lado de ella están Kavia y dante, Declan y Piero traen la mesa y Jorge ya está atado para este punto.
En la mesa, desenrollamos una tela, ahí tiene unos juguetes muy interesantes.
Un arma, una tijera, un tubo de metal, una botella, un cuchillo, un martillo y un alicate.
- Hay que ir a su sótano-digo- puede venir cualquiera.
- Déjalo que decida primero-Declan se dirige a él-Solo tienes permitido decir una palabra, elige bien.
Jorge tiembla, y de alguna manera esto se ve satisfactorio.
- ¿Qué me van a hacer? -espeta en cambio, Jorge.
- Mala decisión Jorge-ladea la cabeza lentamente Piero.
Lo llevamos a su sótano, esto se va a poner interesante.
Todos vamos abajo, y Jorge grita, pero nadie le hace caso, estamos en una zona alejada de la ciudad.
- Te voy a contar un cuento, Jorge, mientras cada uno de mis compañeros utiliza uno de esos juguetes-dice Piero.
Me acerco y sujeto el alicate, le arranco un diente.
- Había una vez un pequeño cerdo, que era cinco años mayor que una niña que solo estaba en la escuela.
Kavia se acerca y sujeta el martillo, con el mismo le quiebra los dedos de una mano.
- Esta escoria se las dio de ganador cuando planeó violar a una niña, de tan solo quince años.
Dante sujeta el cuchillo y le hace cortes en varias partes de su cuerpo.
- Sí, haciéndole creer que era culpa de aquella inocente niña, ¿es un verdadero monstruo verdad?
Santiago quiebra la botella de vidrio, y con la mitad de arriba entierra la botella en los testículos de Jorge.
- Lamentablemente logró su cometido.
Declan agarra el tubo de metal y voltea a Jorge, se lo entierra en el recto.
- La pequeña niña tuvo que ir con una psicóloga, pero afortunadamente un grupo de maniáticos se encargaron de eso. ¿Quieres saber cómo se llamaba?
Carmen sujeta el arma y Piero la observa sigilosamente. Ella apunta a su cabeza.
- Jorge, se llama Jorge.
Carmen dispara.
Las cosas se pusieron tensas después de la discusión con Piero. Él se fue a una de las habitaciones y yo estoy en la mía.
Y sin darme cuenta he caminado hasta aquí, tal vez sin sentido, ni siquiera sé que hago frente a su puerta.
Toco despacio para que los demás no puedan oírnos.
- ¿Qué haces aquí? -dice tras que abre esa puerta.
Le pongo el dedo índice entre sus labios para que guarde silencio. Hago que retroceda despacio hasta su cama. Me siento a horcadas encima de él.
- ¿Qué haces?
Lo callo con un beso, apasionado, lleno de lujuria y miedo, lleno de deseos. Hace tanto tiempo que no he estado con él. Se deja llevar, como puede se saca su bóxer y yo mi vestido de dormir. Jugamos un poco, deseando nuestros cuerpos, nadie dice nada, pero necesitamos esto y él lo sabe.
Cuando nuestros cuerpos están lo suficientemente calientes, dirige su pene erecto hacia mis pliegues. De una dura estocada me deja sin aliento. Seguimos así, me muevo salvajemente sobre él, lo disfruta, los sé, lo siento, lo necesito.
Me deja sobre la cama y hace conmigo lo que quiere, en todas las posiciones con las que podríamos jugar y con lo que nos alcanza la noche. Oír los gemidos de Piero es una de las cosas más satisfactorias que he oído.
La habitación se llena de gemidos y sonidos con los que nos sentimos mucho mejor. Entonces la noche pasa y pasa, y lo mejor de todo es que lo hacemos varias veces.
Piero nunca me deja insatisfecha.
Recibo un mensaje, en la mañana, cuando el sol está entrando por una de las ventanas,
Abril: ¿Qué tal hermanita?