Un recuerdo y una negación

1646 Words
-          No pretendas que aquello no fue un problema, date cuenta, Ava, ella es un peligro para nosotros. Piero, es uno de los integrantes de mi equipo. Y está bastante molesto con lo que pasó hoy. -          ¿Te refieres al altercado?  -pregunté. Yo no estoy tan alterada como lo está el, pero espero que se calme, sino, esto no va a funcionar. -          ¿El altercado?  -espeta furioso- ella es débil, solo lo hace para apoyarte, ella no pertenece a este mundo, tu no viste lo yo, Ava, ella va a traer problemas. -          No puedo sacarla del equipo, ella fue la única persona que estuvo a mi lado sin importar qué. No pretendas que la eche a patadas sin algún tipo de remordimiento. Y me estoy empezando a enfadar, eso no es bueno para ellos, y lo saben, pero este chico, Piero, está colmando mi paciencia. -          ¿Ves esto? Mira a tu alrededor Ava, no somos normales, nosotros no podemos tener remordimientos, estamos haciendo algo malo, no estamos buscando flores en un jardín, Ava, date cuenta. -          ¿Quieres que la eche? Cuando, aunque sabemos que no le gusta estar aquí, ¿aún lo hace? ¿Sabes por qué?  -se queda callado- porque así lo decidió, y no voy a meterme en su decisión. -          Lo que pasó hoy fue… -          Lo que pasó hoy-lo corto- no tiene nada que ver en lo que ella se atreve a hacer, solo no lo vio venir-trato de excusarla- no fue su culpa. -          No pudo matar a un perro, a un maldito perro, Ava, ¿crees que eso está bien? Estamos secuestrando personas para un juego, uno del que no saldrán vivos, Ava, ¿crees que ella es capaz de matar a un ser humano? -          ¿Quieres que ella te ponga un arma en la frente para ver si así te queda claro?  -se queda en silencio de nuevo- eso pensé. Ahora largo, tengo pacientes que atender. Estamos en mi centro de salud mental particular. Aquí, cualquier persona puede venir y hacer una cita, evaluarlos y ver sus conductas, observar, analizar. Soy psicóloga de profesión, desde hace unos meses, pero cuando decidí abrir este espacio, había quedado claro en que no duraría mucho tiempo, era más que todo para ganar dinero, llevar a cabo el plan no era nada barato, pero lo que fue fácil, fue conseguir a los locos que completan mi equipo. Lo que pasó hoy, fue una de las cosas que nadie se esperaba, algo mínimo, solo un problema menor, pero Carmen no supo cómo resolverlo. Javier, nuestra próxima víctima. Bajamos de la camioneta, llevamos las cosas necesarias para poder atraparlo, Javier fue mi primer novio, él me engañó con Amira, ambos son una mierda. Entramos cuidadosamente a su casa. Pero él no estaba, su casa estaba ubicada a las afueras de un pueblo, ahí por lo general se escuchan disparos diarios, por lo que preocuparse por eso no sería un problema, de igual manera, teníamos silenciadores por si algo pasaba. Esa pequeña cabaña mal hecha y olía como a algo podrido, tenía un perro, este perro empezó a ladrar y ladrar como un loco, lo sé, es porque somos intrusos. Carmen estaba al lado del perro encadenado. -          Mátalo, no lo necesitamos-dijo Piero. Le ordenó matarlo, pero algo que yo sabía de ella, es que jamás cumplía órdenes de los del equipo si no fuera yo quien las diera, por lo que no le hizo nada al perro. Pero este seguía ladrando. -          ¡Mátalo Carmen! -espetó y gritó a la vez, de nuevo, Piero- solo es un perro Carmen ¡mátalo! jala del gatillo no seas una cobarde. -          No me da la gana de hacerlo. Ella respondió y se sentó a un lado. Piero jaló el gatillo en vista que Carmen no le iba a hacer caso, entonces todo el mundo se quedó en silencio. Al poco rato llegó Javier, este era el momento. Con ayuda de todos, los atrapamos y lo llevamos a la camioneta, lo dormimos y nos dirigimos a la prisión que teníamos preparados para los integrantes del juego. El teléfono fijo suena, está encima de mi escritorio, junto con un par de fotos y algunas plantas pequeñas como decoraciones. Contesto. Lucy: señorita, tiene un paciente en espera. Ava: hazlo pasar por favor, en dos minutos. Agradezco que la oficina que diseñé es insonorizada, así cualquiera puede gritar y nadie de afuera se va a dar cuenta. Lucy es mi secretaria, ella estudió para secretaría y una vez la conocí, nos hicimos muy amigas, o algo así, nos caemos bien, espero que mutuamente, pero ella es alguien responsable, que eso es lo que importa, y fiel, nunca dice nada de lo que pasa en estas oficinas, quien sale y quien entra, firmamos un contrato en el que dicta si ella habla de lo que pasa aquí, pagará una jugosa suma de dinero, y es algo que ella no tiene, además, Lucy es alguien a quien vigilo, muy meticulosamente, porque en mi oficina, es donde nos reunimos con el equipo, y ella no puede decir nada. Por suerte tengo dos minutos, bueno, solo uno ahora, estoy sirviéndome una copa de vino. Sí, tengo una estantería con bebidas, ya sea para los invitados o para el que necesite, brindar por algo o embriagarnos. El buen vino es lo único que me relaja por completo. -          Buenas tardes-alguien, una joven de cabello rubio, deberá tener unos quince años máximo, viene un poco apenada, y aun tiene la perilla de la puerta en sus manos. -          Pasa querida-le digo. Ella pasa, cierra la puerta y se sienta en uno de los sofás. Mi oficina, es amplia, tiene un juego de sofás, alfombras, libros, un ambiente tranquilo y relajante, este lugar es algo bueno que me está pasando, porque los pacientes se sienten a gusto. Ella un poco miedosa, temerosa, me observa y espera a que yo diga una palabra. -          Quiero ver televisión-le digo- ¿quieres ver una película? Ella un poco confusa asiente. En cuanto estamos a la mitad de la película, ella entonces me dice: -          Me hicieron eso, hace un mes-se refiere al acto s****l de la película, y en la misma, la chica se ve forzada- entonces traté de zafarme, pero él era más fuerte, me sujetó de las muñecas y me penetró hasta cansarse. Ella se veía rota, herida, confundida, enojada, molesta, triste. -          No tengo a quien contárselo, mi madre se fue a trabajar a otro país, desde hace más de un año, mi padre… nunca tuve, y es mi culpa, porque él es mi novio, y hace mucho tiempo quería hacerlo conmigo, pero yo tenía miedo, porque nunca lo había hecho con nadie, y él es cinco años mayor que yo, y ahora no sé qué hacer, porque él dice que era mi obligación, pero ya no lo veo de la misma forma-hace una pausa- y me estoy ahogando, y quiero morir… Sus sollozos ensordecen mis oídos. Me acero rápidamente a abrazarla, afortunadamente ella se deja, hay muchas personas que no se dejan por tener ciertos momentos en que no quieren que nadie los toque. Pero ella si… -          No fue tu culpa, no fue tu culpa-la arrullo. «No fue tu culpa, no fue tu culpa» me decía a mí misma, mientras me abrazaba para calmarme un poco, estaba sola. Matías, Gabriel y Mateo, los nombres de los idiotas de quienes culpo por haberme hecho esto. Tenía moretones en mis brazos, piernas, me dolía horrible en mis partes íntimas, me sentía mal, me sentía usada y ultrajada. «No fue tu culpa, no fue tu culpa»-me seguía repitiendo, seguía intentando creer que no fue mi culpa, aunque yo haya pasado por ese callejón a las doce de la noche después del trabajo, cuando estaba cansada y no tenía mis alertas a flor de piel, cuando tres chicos me agarraron, me sujetaron fuerte, y los tres me penetraron hasta sangrar, hasta que un día intenté arrancarme los cabellos de mi cabeza porque sentía su agarre, porque quería arrancarme la piel, porque aún veía la manera en la que me sujetaban para su propio placer. -          Quiero matarlos-dije, viéndome fijamente mi reflejo en el espejo, después de una torrencial lluvia en la cual había llegado empapada a casa, y de pronto una voz se escuchó. «¡Mátalos, mátalos a todos!» «Pero no hoy, te aseguro que la venganza que les darás muy pronto, será un trago de su mismo veneno» Esa voz, se esfumó de pronto, pero de alguna forma me sentí más calmada, más tranquila. Después de que la chica se fuera, dos horas más tarde, me dispuse a ver el celular, porque estaba tratando de evitarlos, pero ya no era posible. Los mensajes en el grupo que tenemos, eran vagos. Ava: Tenemos un trabajo pendiente. Podríamos practicar, así veré de lo que son capaces. Le doy enviar y en cuestión de segundos llegan las respuestas de todos: Santiago: mmm, me parece buena idea. Dante: ¿practicar? ¿Será solo uno o habrá varios? Declan: espero que esto sea memorable. Piero: ¿probaremos de lo que es capaz Carmen? ¿Podrá acaso redimirse? Kavia: ¿Quién es la victima? Supongo que deberá pagar sus pecados con un trago de su mismo veneno. Carmen: ¿Dónde nos vemos? Eso es lo que quería, que ella demuestre que está metida aquí al cien por ciento, porque ella es la única persona de quien todos no están seguros, quiero que le demuestre en la cara asquerosa de Piero, que ella puede hacer cualquier cosa, y no sentir remordimiento. Ava: tiene veinte años, violó a una niña de quince años, ¿quieren jugar? Será por la noche. Lleven lo que ustedes quieran para hacer sufrir a ese cabrón. 
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD