Al despertar Emily se encontraba de nuevo en su habitación, reposando en su cama, confundida por lo que había pasado. La puerta se abrió y entró Rommel que caminó al pie de la cama.
— Despertaste — Dijo mientras la miraba fijamente.
— ¿Qué ocurrió? — Preguntó confundida.
— Te encontraron tirada en el suelo dentro del salón de fiestas — Respondió el chico sin apartar la vista de ella.
— No recuerdo nada de lo sucedido — Respondió ella mientras tocaba su cabeza.
— Solo no andes por el castillo de noche y sola, ya que puede ser... — Quedó en silencio por unos segundos — Solo no lo hagas — Agregó.
Rommel salió de la habitación dejando a Emily al cuidado de una de las tantas sirvientas.
Por su parte, el rey seguía inquieto por la estancia de la nueva visitante, por ende mando a llamar a uno de sus hombres para confirmar toda sospechosa que tenía.
Su soldado se presentó y rápidamente le encomendó ir a esa cueva y verificar si había señales de una ruptura entre la fina delgada de dos mundos que por el momento no se habían conectado. El soldado salió y marchó rumbo a la cueva ubicada en aquel bosque.
Aquel soldado cabalgó hasta adentrarse al bosque donde por fin llegó al lugar. Entró en la cueva y una fuerte luz lo llamaba, le invitaba a entrar en la tranquila agua de aquel estanque. El hombre quedó maravillado por tal brillo, pero algo aún permitía que no perdiera su uso de razón.
El soldado sacó un pequeño frasco de cristal de unas bolsas de cuero que portaba su caballo y lo sumergió en el estanque extrayendo algo de esa agua, posteriormente sacó otro frasco y tomo algo de tierra y piedra de aquel lugar. Salió y cabalgó de regreso al castillo.
Una vez de regreso, entró rápidamente al castillo y se presentó ante el rey que lo miraba curioso y serio a la vez.
— ¿Y bien? — Cuestionó el rey.
— Está abierto, señor — Respondió el soldado.
Los ojos del rey reflejaban un brillo que nunca antes había tenido, pero en breves momentos reflejaba miedo; el soldado le entregó los frascos y paso a retirarse. El rey ya sabía que tenía que hacer para evitar que la profecía se cumpliera.
El rey caminó por los largos pasillos hasta llegar a la biblioteca de aquel castillo. La biblioteca era amplia con bastantes estantes llenos de libros, pero únicamente se acercó a uno el cual tocó y se abrió dejando ver una entrada a un camino estrechó.
El rey siguió su camino por él estrechó pasillo hasta llegar a una habitación completamente prohibida para cualquiera; esa habitación era como su templo, su segundo hogar que nadie podía profanar, ya que si lo hacían pagarían las consecuencias.
El rey tomó un libro de pasta negra con símbolos paganos para cualquiera del reino; el libro se abrió y hoja por hoja revelaba sus secretos. El rey se detuvo en una página que era la base para la preparación de un hechizo.
“El anillo del tiempo” se leía en el título. El rey preparó las cosas traídas de aquel manantial y empezó a recitar el hechizo en latín. Mientras hacía esto con la magia unía a los dos elementos: el agua y la tierra, los prendió en fuego y de las cenizas surgió un hermoso anillo color turquesa.
El rey lo levantó con su magia y diciendo unas últimas palabras terminó el hechizo. El anillo brillaba y tenía un solo cometido, el llevar a su portador a los dos mundos.
Por otra parte, Emily se encontraba tranquilamente paseando por el jardín, admirando las hermosas rosas que había en él. En el fondo aquel joven enamorado de ella la admiraba en silencio.
Mientras esto ocurría el rey salió con dirección a Emily que la tomó por sorpresa ante tal acto.
— Señorita Emily — Dijo el rey.
— Dígame... Majestad — Respondió nerviosa.
— Me gustaría hablar con usted ¿Me acompaña? — Dijo el rey mientras la invitaba a caminar.
Ambos se perdieron entre lo más profundo del jardín, tanto que la vista de Rommel no alcanzaba a ver lo que pasaba.
— Te seré sincero — Decía mientras miraba los lirios — Sé que vienes de ese mundo —
Emily quedó callada sin entender a qué se refería con eso de “ese mundo”.
— Hablo del mundo humano, sé que eres de ahí y cruzaste por el portal del manantial — Prosiguió diciendo el rey.
Emily solo podía agachar la mirada al ser descubierto su lugar de origen, pero... ¿Por qué tenía tanto miedo?
— Fue un accidente — Respondió por fin ella.
— Mira, no me importa lo más mínimo, pero sé que te gustaría volver ¿no es así? —
Ambos siguieron avanzando hasta llegar a los límites del gran muro que los separaba del lago y del pueblo.
— Por eso te daré esto — Mencionó mientras mostraba aquel anillo — Con esto podrás ir a tu hogar e igual podrás regresar aquí cuando quieras — Agregó con una sonrisa amigable.
— Entonces yo... — Murmuró Emily.
— Sí, tendrás el poder de viajar entre los dos mundos sin ningún problema — Respondió el rey.
Después de esa pequeña charla ambos reaparecieron de entre los arbustos y flores caminando tranquilamente. Rommel al ver esto se acercó rápidamente a ella.
— ¿Estás bien? — Preguntó preocupado.
— Sí, no pasó nada — Respondió Emily.
La mirada de ella estaba completamente en otro lado ¿De verdad podría regresar a su hogar así de fácil? Pero ¿Era lo que ella quería? Ya no tenía nada en ese mundo, todo lo que amaba se había ido y sabía que en la ciudad correría peligro.
— ¿Ocurre algo? — Cuestionó Rommel al verla así.
Emily abrió y cerró los ojos y miro fijamente a Rommel. Sus miradas reflejaban una chispa, una conexión única, pero debía de tomar una decisión.
— Voy a regresar — Fueron las palabras que salieron de su boca.
Rommel quedó impactado por la noticia, sus ojos perdieron ese brillo y en su cabeza solo se preguntaba él ¿Por qué hacía esto?
— ¿Es por mi padre? — Preguntó.
— No, no es eso, únicamente... debo volver a mi hogar, mi familia me espera — Dijo Emily mintiendo en esto último.
La mirada de Rommel reflejaba tristeza, pero si era lo que ella quería estaba bien para él.
— Pero te visitaré, es una promesa — Respondió ella.
Ya en la habitación, Emily se vistió de nuevo con su antigua ropa y miro a Rommel por última vez. Ellos quedaron frente a frente, sintiendo aquella conexión y de repente paso; los labios de ambos se unieron en un mágico beso que demostraba un sentimiento puro y verdadero.
Se separaron y sonrieron por última vez. Emily se colocó el anillo y solo deseando volver a casa desapareció frente a los ojos de aquel chico que quedó con el sabor de los labios de aquella hermosa chica.
En otra parte del castillo el rey tenía una conversación con su hombre de confianza, el general Rid.
— ¿Está seguro de esto? — Decía el hombre.
— Sí, lo estoy — Respondió sin dudar el rey.
— Pero ¿Qué pasa si la chica no regresa? — Preguntó el general.
— Regresará, lo hará. Pero lo importante es que el sello se ha roto y por fin mi reino se extenderá a ese mundo de mortales — Decía el rey mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro.
Por su parte Emily apareció mágicamente en la gran ciudad donde tanto robo. Era hora de encontrar su hogar.