La Familia Real

991 Words
Emily quedaba maravillada por lo hermoso que era el reino y lo bello de sus paisajes. Cada vez que avanzaban soltaba un pequeño suspiro lleno de tranquilidad. El camino fue algo largo, pero al final llegaron a un enorme castillo de color blanco que al mirarlo le entro un recuerdo nostálgico, pero quitando eso quedo maravillada por el lago que lo rodeaba. «Es hermoso» pensó en sus adentros. El chico la llevo dentro del castillo y la acompañó hasta llegar ante el rey que se encontraba pensativo en su trono. — Hola padre — Dijo el chico mientras hacía una reverencia ante el rey. — ¿Quién es ella? — Cuestionó el monarca sin apartar la vista de la chica. — La encontré en el bosque y por lo que observé está perdida padre — Respondió el chico mientras entregaba su equipamiento a uno de los tantos sirvientes. Emily no dejaba de admirar el interior del castillo ya que se sentía como una niña pequeña dentro de un cuento de princesas. A pesar de ser la estancia principal era enorme, tenía un ventanal enorme, enfrente su trono color oro con tela color vino, alrededor se podían ver cuadros de retratos del rey y de su esposa. — ¿Cómo te llamas? — Preguntó el rey sacando a Emily de todo pensamiento. — Me... me llamo Emily Elizabeth Evangeline White... majes-tad — Dijo con algo de temor. — ¿De qué reino provienes? — Pregunto el rey sin dar más importancia. — De hecho padre... la encontré cerca de la cueva del manantial — Apresuró a decir el chico. La cara del rey cambio a una total seriedad y sus ojos se clavaron completamente en la chica que se incómodo por tal mirada. El rey se levantó sin decir nada más y salió del lugar. El chico se disculpó por la actitud de su padre y la llevo a una habitación ubicada en la torre norte. Al entrar quedó asombrada por el tamaño de la habitación, era más grande que su casa, la cama era demasiado grande con finas telas encima, tenía muebles de madera de un color rojizo que al pasar de los años no perdían su brillo, tenía una ventana algo grande que daba directo al jardín y daba una vista del pueblo majestuosa. — Aquí te quedarás — Dijo el chico. — Pero... — Alcanzó a decir la chica antes de ser interrumpida. — Supongo que tu hogar a de estar lejos así que es mejor que te quedes aquí por un tiempo — Dijo el chico mientras miraba por la ventana. — Entiendo — Sólo Respondió ella. — Le pediré a alguien que vaya a comprarte algo de ropa, aunque la tuya es algo... único y nunca antes visto por aquí — Dijo sonriente el chico — Por cierto me llamo Rommel — Mencionó con una sonrisa. El chico salió de la habitación dejando a Emily que no paraba de observar cada rincón de la misma. Mientras tanto en una habitación apartada se encontraba el rey que no paraba de caminar de un lado a otro pensando en aquella tonta profecía. ¿Será qué esa señorita sea su perdición? ¿Qué hacía cerca de esa cueva? ¿Será qué por fin se abrió el sello? Eran preguntas que no podía responderse. Cayó la noche y Emily fue invitada a cenar con ellos. Al momento de entrar Rommel se levantó de su asiento y tomando una silla la invitó a sentarse. — Te ves hermosa — Le susurró Rommel a su invitada. — ¿Así qué tú eres la invitada de honor? — Dijo la reina. Emily miro a aquella mujer y notó que sus ojos eran similares a los suyos, la piel era del mismo color que la de ella, el cabello tenía un poco de similitud y había algo en ella que sentía familiar. Por su parte la reina igual sentía lo mismo por aquella misteriosa chica. — Supongo su majestad — Respondió avergonzada. — Es bueno que por fin mi hijo conozca personas nuevas — Dijo la mujer con alegría. La comida se sirvió y todos procedieron a cenar tranquilamente, pero había algo en el rey que le inquietaba y cuando tenía la oportunidad miraba a Emily discretamente. Después de la cena cada quien se encontraba en su respectiva habitación, pero Emily tenía curiosidad de conocer todo el castillo así que salió sin hacer ruido y se dirigió a las escaleras, pero algo llamó más su atención. De su lado izquierdo unos gemidos salían provenientes de una habitación así que llena de intriga se acercó a la puerta y empezó a oír sin distracción alguna. Poco a poco reconoció que los gemidos eran de la reina y por ende supuso que el rey estaba con ella, pero se reafirmó su suposición cuando la reina hablo. — No creas que no me di cuenta como mirabas a aquella jovencita — Decía la mujer entre gemidos — No estarás pensando en tenerla como a mi me tienes — Agregó. — Eso sería una completa tontería — Respondió el rey. — Sólo recuerda que nuestro hijo siente algo por ella — Dijo la mujer para después soltar un fuerte grito. Emily no podía creer lo que escucho, pero trató de no darle importancia. Prosiguió su camino hasta que llegó a la planta baja del castillo. Deambulo por cada zona del castillo empezando por el comedor que tenía una mesa de roble enorme, sillas del mismo material y un gran candelabro con hermosos cristales en el. Siguió avanzando hasta llegar a un gran salón con un piso reluciente y que al igual que el salón principal tenía cuadros del rey, pero había uno algo peculiar. El cuadro era del reino, pero a su alrededor había sólo obscuridad y nada más que eso. Emily miro el cuadro fijamente y un fuerte dolor la invadió para después caer desmayada frente al cuadro.
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