― ¿Y ya lo viste? –niego. Rosario tapa su boca.
―No me jodas así, debes ver como es. –Escucho volver a decir a la Dilanis de metía como siempre. Creo que a esta niña se le van a pegar las cosas de la tía Raquel.
―No tiene foto de perfil en el w******p, de seguro es calvo, panzón y viejo. Con mucho tiempo para fastidiarme la vida. – me encojo de hombros.
―No, por eso no puedes quedarte así –Rosario se sienta frente a mí―. Busca tu laptop, vamos a buscar quien es el ruso. ¿Sabes el nombre verdad? – Asiento segura.
―Yuri Sokalov.
― ¿Como la cantante? – pregunta Dilanis.
―Sí –comienzo a reír.
―Ya me cansé, que no me acaricies ni con la mirada. –Comienza a cantar Rosario.
―Detrás de mi ventana, veo pasar la mañana, a la espera de la noche. ―concluyo la canción explotando a reír. Ninguna nos sabíamos más que eso. Por qué la escuchamos cuando nuestra madre las pone.
Cuando nos recuperamos fuimos camino hasta mi habitación.
―Bien, vamos a buscar primero en f*******: –sugiero.
―Perfecto –dice la entrometida de Rosario.
No sé por qué me dejé convencer por dos locas como estas. Aquí estamos en mi habitación, con palomitas y sodas para buscar información del hombre más odioso de este mundo, el señor Yuri Sokalov.
Entramos a f*******:, pero no encontramos un perfil con su nombre. Solo la compañía, una sólida, fundada por el señor Yuri Sokalov, pero ni una foto encontramos de él.
Fuimos a i********: y lo mismo. Fuimos al buscador de Google y no salió nada. Solo la foto de un hombre muy guapo. No tenía nombre, solo lo asociaban con la empresa. No me podía confiar, ni negaban que fuera él. No sé si les mencioné que era muy, pero que muy, guapo, es un hombre de un buen cuerpo, muy lejos de ser panzón tenía una tableta de chocolate blanco. Tiene un tatuaje en sus pectorales que le llega al brazo. Dios, que hombre, parece de mi edad. No puede ser el presidente de tan prestigiosa compañía. Sus ojos, estoy infartando, son verdes, la foto fue tirada en la playa, de noche. Ya me vi allí bajo la luna amándonos. Dios mío, pero este hombre está como me lo receto el doctor.
―Por favor Chuito que sea mi jefe, por favor. –ruego, pero la respuesta llegó en segundos.
―Aquí dice que es el hijo del dueño. – Dilanis siempre rompiendo mi corazón.
―Yo sabía que mi suerte no podía ser tan buena. –comienzo mi drama― Por que Diosito, por qué a mí?
―No te desanimes, de seguro habla español y te viene a conquistar. –Se burlan de mi pesar las muy brujas.
―Con hermanas como ustedes para que necesito enemigas. Con ustedes me basta. Déjenme sola, voy a morir en mi soledad. Sin que nadie se burle de mi pesar. –Me tiro en la cama de espalda.
―Niña, deja el drama, que de seguro ya pronto te envía más trabajo. –Me levanto de la cama donde me había tirado a hacer mi espectáculo.
―Chu, chu, chu, ni se te ocurra seguir hablando, va y te escucha y me envía más, déjame descansar unas horas. –Les digo sacándolas de la habitación. No sé, pero como que mi jefe tiene un problema serio con la hora de trabajar. Él me envía todo en la madrugada. Y ya después del medio día no me escribe hasta la noche nuevamente.
🩷🩷🩷
Dos semanas llevo trabajando como burra para mantener a estos insensibles. La vida es injusta conmigo, mi jefe aun me envía cartas que no sé de dónde salen, esas en mandarín son un desastre, siempre me salen diferentes letras, y para luego arreglarlo es otra media hora más.
Creo que ya es hora de ponerme a estudiar ruso e inglés. Así no puedo seguir. Comenzó a buscar aplicaciones y sitios web para buscar la mejor y gratis. Soy pobre, no voy a pagar por aprender inglés y mucho menos por aprender ruso. No me pagan para eso. Solo lo voy a hacer como reto para que no se burlen de mí. Busco un video donde me explica una manera útil y rápida de aprender cualquier idioma. Cambiar todo al idioma que quieres aprender. Por ejemplo, si quiero aprender inglés, cambio mi teléfono, y mi computadora a modo inglés. Además del Netflix y otro más. Me pongo para lo mío, primero debo aprender inglés y luego ruso. Y así hasta que entienda varios. Este trabajo me ha abierto los ojos. Puedo ser una gran empresaria, solo debo aprender a traducir sin mi súper traductor. Estoy concentrada escuchando una película cuando mi celular vibra. Miro la pantalla que marca El demonio y blanqueo mi ojo. Ya se había tardado.
“Señorita Hernández
Le escribo directamente a su teléfono personal para decirle que en un mes iré a su país. Necesito que sea mi traductora, así que prepare su maleta que correrá conmigo varias ciudades. Estamos contentos con su trabajo. Muchas gracias nos vemos el 19 de octubre.”
― ¡No, esto no me puede estar pasando a mí! Mi odioso jefe viene, va a descubrir que no sé nada de inglés, ni de ruso y mucho menos mandarín.
Me siento en la cama a meditar. Tengo un mes para aprender ruso e inglés. Voy a dividir los días un día ruso al otro día inglés y así sucesivamente. Dejé en visto el mensaje. No sé qué responder ante tan malas noticias. Voy a tener que ir a recorrer el país con un viejo rabo verde. Que seguro me querrá devorar como el lobo a la caperuza. Está noche no duermo. Es horrible todo lo que me ha sucedido en tan pocas horas. Cómo voy a recibir a mi jefe si apenas sé decir Hello.
🩷🩷🩷
―My name is Fabiola – sonrío al espejo donde practico mi inglés―. Nice to meet you.
― ¿Está segura de que lo estás diciendo bien? – pregunta Sophia.
―No, no sé, así es que lo pronuncia el traductor. – me vuelvo a sentar con el celular en mano.
―Porque no renuncias y terminas con todo el problema. En dos semanas llega el ruso y apenas puedes decir hello, my name is Fabiola. ―suspiro frustrada―. ¿Piensas que él solo va a preguntarte eso?
―Lo sé, pero no puedo perder el trabajo, es lo único que he conseguido, con la situación de la pandemia no se consigue nada. ―me tiro de espaldas a la cama.
―Segura, mira que el viejo puede que sea peor de lo que te imaginas. Yo mejor renuncio a tiempo. ―advierte, ella piensa que no lo he pensado.
―Siempre puedo usar el traductor, mira. – busco la aplicación y le doy al botón de hablar. Digo una frase y el traductor hace su trabajo.
― ¿Cómo estás tan segura de que está diciendo lo que dices? – pregunta Dilanis metiéndose en la conversación.
―No sé, pero me imagino que para eso es. ¿no? –me encojo de hombros.
―Se supone, pero ¿te imaginas que estes diciendo otra cosa? ―Tapa su boca. No sé si llorar o darle las gracias por sus ánimos.
―No pueden estár diciéndome esas cosas. – Estoy a punto de ingresar a un sanatorio mental. Creo que lo voy a necesitar.
―Somos sinceras, en dos semanas solo has aprendido dos frases en inglés, el ruso ni una palabra y el mandarín ni lo menciono. Es mejor estár consciente de que cuando el señor Sokalov llegue te va a botar como bolsa negra.
―Pero por qué como negra, eres una racista, no pueden ser bolsas blancas. Crema, o castaña, o …
―Ok, ya entendí, vale, como quieras, como bolsa blanca. –río fuerte al escucharla―. Aquí el detalle es que debes ser sincera con Sokalov, puede como quiera ser su ama de llaves o mandadera, pero asistente como que eso no va. ―suspiro al escucharla.
―Bueno, que sea lo que Dios quiera. –no sé qué más hacer.
Me siento frustrada y cansada. Esto de aprender otros idiomas es muy difícil. Más cuando no tienes cooperación. Cierro los ojos imaginando cómo me va a ir cuando mi jefe sepa que no sé nada de ruso o inglés. Que todo lo he hecho con mi bendito y amado súper traductor.
―Vamos a distraernos, al parque o no se algún lugar donde pueda despejar mi mente. ―digo a las chicas.
―No podemos, nena, no ves cómo están los casos. Mejor nos quedamos aquí viendo una película y comiendo helado de pistacho con chocolate. –sugiere Rosario.
―Bien, está listo todo, Netflix, helado, allí vamos. Y una pregunta ¿Quién va a ir a comprar el helado? – todas blanquean sus ojos.
―No importa, no es necesario. ―dice Dilanis. La tienda más cercana quedaba a unos quince minutos en auto.
―Claro que importa, no pienso ver peli sin helado. – me cruzo de brazos.
―Vale, yo voy ―Sophia se levanta del asiento.
―Si, yo te acompaño –Brinca aplaudiendo Dilanis.
―Y yo ―termina Rosario.
―Víboras traicioneras, ya me van a dejar sola. –Entrecierro mis ojos para mirarlas.
―Puedes venir también ―me invita Sophia.
―Bue… ―Escucho la notificación de un mensaje en mi computadora. Debo apagarla cuando no quiera hacer nada. –Esperen un momento. – Fui a la computadora para verificar que me había llegado, si era más trabajo, la iba a cerrar y no la abriría hasta mañana.
“Señorita Hernández. ―Veo un mensaje de la compañía y blanqueo mis ojitos―. Está nota es para informarle que el señor Yuri Sokalov adelantó el viaje, estará llegando al aeropuerto de Internacional Arturo Michelena, Valencia, Estado de Carabobo el día 30 de septiembre a las tres de la tarde. Esperamos que pueda estar en el mismo, al menos quince minutos antes. Busque en el área de salida, habrá un chofer con el nombre del señor Sokalov.
Cordialmente
Aleksei Sokalov.
Vicepresidente
― ¿A qué día estamos? ― pregunto nerviosa, me tiembla todo, esto no puede ser cierto. El señor Sokalov no puede estar rumbo a Venezuela. Me niego a aceptar que esto sea cierto, Yuri Sokalov, no puede estar por llegar.
―Estamos a 29 de septiembre. ¿Por? ―Caí de un sopetón en la silla.
―Creo que no es nada bueno – escucho decir a Rosario. Mi corazoncito duele, mis nervios se incrementan. Voy a tener que renunciar a la plaza más pronto de lo que pensé. No sé cómo hacerlo, sería de mala educación dejarlo de un día para otro. Me encuentro en una encrucijada.
―Llega mañana a las tres de la tarde. ―comienzo a llorar, ya no aguanto más―. No me dio tiempo de aprender dos frases más. Esto es un verdadero tormento, ¿Cómo lo haré?
―No debe ser tan malo, no te preocupes. ―dice Dilanis, tras de pequeña, ingenua.
―No sé cómo haré, solo sé que no me rendiré. ―hablo auto motivándome.
―Si, si, si lo que tú quieras hoy nos vamos a encargar que te olvides del viejo, vamos por unas birras, ron y guarapita, haremos nuestra propia fiesta. ― propone Sophia.
―Una fiesta sin chicos no es fiesta. ― se cruza de brazos Rosario.
―Mamá no me va a dejar estar en si hay ron. –alega triste Dilanis y tiene razon..
―Tranquila chiquita que a ti te preparamos algo sin alcohol, convencemos a Gladys para que te deje. ― Sophia la alienta―. Bueno niñas, ¿qué dicen? Vamos o no vamos a disfrutar.
―Sí ―gritan Dilanis y Rosario dando brincos y aplaudiendo.