Un día antes del juicio. –Pase adelante señor –sonrió la chica coqueta –. Hace tiempo que no lo veíamos por aquí. –Quiero una mesa. –¿Y lo de siempre? –dudó la mujer. –Si, lo de siempre. Robert siguió su camino hacía una de las mesas al frente para ver a las mujeres bailar, la mesera se acercó con el vaso de whisky, había mandado todo al carajo después de lo que Elizabeth le dijo en el ascensor. Está noche se supone que se encontraría en el mejor restaurante de la ciudad esperando compensar la pelea que había provocado, pero para su maldita suerte, Elizabeth finalmente había tomado la decisión de terminar la relación, lo hizo tan fácil, algo tan normal como despedirse de alguien, seguramente ya lo había pensado y solo esperaba una oportunidad para decírselo, al menos ella no se

