Pavel.
Una semana, una puta semana había pasado desde que la Venezolana empezó sus funciones como mi sirvienta personal.
Y debo aceptar para mí irritación que es buena teniendo todas mis cosas en órden.
Mi ropa limpia y planchada y mis comidas a la hora.
Hasta se atrevió a interrumpir mi trabajo solo porque debía almorzar primero.
Quise castigarla por eso pero algo me detuvo porque se sintió demasiado bien al ser cuidado así.
Cuidado Pavel, ella es tu esclava.
Joder hombre, la esclavitud se abolió hace años.
Quizás debería devolver a su país a la chica.
Solo pensar en eso me causa dolor de cabeza y una molestia grande.
Sé que para el resto del mundo soy un hijo de puta malvado pero la realidad es que hay una sola cosa con la que no me meto y es en la trata de personas.
Mi madre fue víctima de eso y ví como murió ante mis ojos a manos del maldito de mi padre.
No pude salvarla.
Por eso me juré que si tomaba el control no haría lo mismo.
Me costó sangre y sudor lograrlo.
Me gané muchos enemigos adicionales pero no es algo que me quite el sueño mientras las personas que amo estén a salvo.
Mi hermana y Alexei mi mano derecha ambos sufrimos lo mismo y renacimos como el ave fénix.
A él le confío mi vida.
El resto de la Bratva me juró lealtad con sangre y porque saben que si fallan no solo ellos morirán sino también toda su familia.
¿Qué?
Talvez no trabaje con tratas de personas, pero eso no significa que no sea capaz de aniquilar a una familia entera cuando me traicionan.
Menos a los niños y mujeres embarazadas.
Son los únicos que se salvarían en ese caso en particular.
Sigo mi rutina de ejercicio como todos los días temprano en la mañana para tener el cuerpo ligero en el dia.
Es una costumbre que tomé desde pequeño porque al ser el hijo y futuro líder de la Bratva debía preparar mi cuerpo y mente para esto.
Y lo conseguí.
Sé defenderme cuerpo a cuerpo usando distintas técnicas de combate ya sea karate, taekwondo o king boxing.
Varía según la necesidad de la escena.
Me giro de golpe a la entrada del gimnasio cuando oigo la voz que dice algo en español a mis espaldas.
Me trago una sonrisa engreída porque la mujer que me devora con los ojos no es más que la Venezolana que tiene una bandeja con desayuno.
Sus ojos marrones detallan mi torso desnudo y me gusta como le brillan.
Sé que tengo un cuerpo grande y musculoso gracias al arduo ejercicio que llevo realizando desde niño.
También sé que se ha fijado en mis tatuajes y en la calavera que cruza mi brazo que es la característica que todos los que pertecemos a la Bratva.
La mía es roja y negra distinguiéndome como el líder.
Las demás son solo rojas con naranja.
Yo impuse este distintivo para dejar de lado la corona que en su momento el maldito que me engendró puso.
No quiero que quede absolutamente nada de esa escoria.
Por eso queme hasta su último recuerdo.
Verónica se muerde el labio inferior y luego sacude la cabeza como si recién despertara de la ensoñación.
Eso me sube el ego como no tienen idea y ahí no puedo evitar sonreír engreído.
Le hago una seña para que se acerque con mi desayuno y ella dudosa da unos cortos pasos en mi dirección.
Alzo mis brazos tomando la liga de mi muñeca derecha para recoger mi pelo en un moño desgarbado.
Tampoco me pierdo como sus ojos involuntariamente se van a mis brazos flexionandose y como mis bíceps se abultan así como los abdominales se contraen.
Cuando termino ella me entrega la bandeja de manera torpe y me hace una reverencia rígida.
Planea irse y no sé porqué no la dejé escapar de su miseria.
Con una de mis manos la tomo del antebrazo atrayendo la hacia mí y ella casi choca con mi pecho pero no lo hace porque la bandeja está estorbando.
Maldita bandeja.
—Gustar lo que ver—Digo serio con él español que me está costando tanto aprender.
Ella me vé sorprendida y luego la muy maldita se ríe.
Sí, ya sé que me oigo como un retrasado al hablar así.
Pero resultó que el español es más difícil que el inglés.
En un ágil giro suelto la bandeja en la caminadora a mi lado y la agarro de la cintura para estamparla contra la pared a nuestro lado.
Ella jadea asombrada mientras yo subo sus brazos sobre su cabeza acorralando la con mi cuerpo.
Verónica alza la mirada fijando la en la mía sin miedo.
Y eso es lo que me fascina porque a pensar de su situación no muestra ese pánico que una persona normal tendría.
Parecería que ya ha sufrido algo igual.
Imaginar eso me enfurece.
Un ser tan transparente no debería haber pasado por ningún infierno.
Pero supongo que hasta los ángeles también lloran.
Verónica sigue mirándome con calma y también con la respiración agitada.
Para mí irritación mi respiración está acelerándose.
Su olor a lavanda y sus curvas perfectas están acabando con mi cordura.
Es tan preciosa.
Nunca me he propuesto averiguar sobre la vida de la Venezolana.
No sé si está soltera o casada.
Si está casada pues se irá olvidando de su esposo porque nunca la dejaré ir.
Ese pensamiento me espanta lo suficiente como para soltarla dándole la espalda.
Ella aturdida se marcha y lo sé porque puedo oír sus pasos alejándose.
Le doy un puñetazo a la pared haciéndole un hoyo.
Maldita sea.
Debo dejar salir la tensión en mí.
Mejor llamo a Katerina, ella es una de las tantas mujeres con quiénes me acuesto para dejar salir tensiones.
Pero digamos que ella es mi predilecta.
Es con quién soy más compatible en la cama.
Sí, follar unas horas me sentará bien para no seguir haciendo cosas estúpidas.
Con Katerina aquí mi atención se desviará de la Venezolana.
No me puedo permitir tener una obsesión con esa mujer por más fascinante que me parezca.
Mi único objetivo es ser el Pahkan de la Bratva nada más.
Verónica.
Salgo con las piernas temblorosas, mentira con todo mi cuerpo tembloroso por culpa del papacito del Pahkan que me tiene cautiva.
Coño vale, ¿no podía ser feo?
Así me sería más fácil no caer en tentación.
El condenado está para untarle mantequilla y comérselo enterito.
Y lo sabe el coño de su madre.
Fanfarrón.
Llevo una semana sirviendo le como su criada personal y si hay algo que le agradezco es que no me haya obligado a usar uniforme de sirvienta.
No es que eso me denigre porque es un trabajo como cualquier otro sino porque me sentiría mucho más atrapada de lo que estoy.
Pavel Kuznetsov es un manjar que no me puedo dar el gusto de comer.
No joda vale, estoy salada.
Por otro lado debo tener pies de plomo porque si me dejo coger por ese hombre estaría frita.
Me volvería adicta.
Ese hombre se vé del tipo que te lo sabe hacer bien rico.
Y eso para una mujer que siempre ha tenido que tocarse a si misma para alcanzar el orgasmo porque la pareja que tiene no sirve es sinónimo de peligro.
Focus Verónica.
No pienses con la puchaina.
Sino te jodes.
Ruedo mis ojos cuando entro en la cocina porque ahí está la amargada de Tanya.
La Rubia me odia desde la primera vez que me vió.
Y sé que es porque me cree una amenaza.
Piensa que le quitaré a su amado Pahkan.
Pobre huevona, él no le para bola.
Ojalá no me hiciera caso a mí.
Mentirosa, adoras que te preste atención.
No puedo mentirle a mi conciencia.
Aún estoy aturdida al constatar que mis suposiciones eran ciertas.
El maldito del Pahkan tiene un cuerpo de Dios Griego.
No. Dios Ruso.
Uno de más de dos metros de puro músculo bien constituído.
Despavilo cuando la pesada de Tanya me pasa por el lado empujándome.
Está desgraciada me está colmando la paciencia y si se me acaba le voy a dar la arrastrada de su vida.
Sé que ella ha trabajado años para la Bratva pero yo me crié en uno de los barrios de Venezuela.
Y me sé defender.
Sigo mi trabajo luego de comer mi desayuno rápido.
Me encuentro en el jardín trasero aprovechando que tengo un tiempo libre para apreciar lo hermoso de este lugar.
Ya está empezando a enfriar y pronto a nevar.
Eso último me emociona porque en mi país no neva así que sería la primera vez que vea nieve.
Toco las rosas pinchando mi dedo.
Veo que de la herida sale un poco de sangre la cual miro caer.
La rosa es hermosa pero lastima.
Asimismo es el Pahkan.
Hermoso pero dañino.
Y aún así me atrae demasiado.
Una sombra más grande que la mía me cubre y me giro para hallar a uno de los guardias de este Palacete.
Le hago señas para que sepa que me iré a seguir mis labores.
Y sí, todavía finjo que no entiendo Ruso.
Me alivió darme cuenta que Svetlana no dijo nada sobre que sé Ruso porque sino quien sabe lo que me habría pasado.
Además que disfruto mucho escuchar la manera tan tosca y graciosa en la que el temido Pakhan habla español.
Tipo cavernicola.
Siempre que lo recuerdo no puedo evitar reírme y eso me ha ganado castigos como más trabajo del normal.
Y eso me estresa pero tampoco me arrepiento porque es algo que no olvidaré.
Al Pahkan hablando como tonto.
Mierda, otra vez estoy divagando.
El guardia me mira serio viéndose tan gigante como el resto de los hombres que trabajan aquí.
Carajos, ¿que le dieron de comer de chiquitos a estos mastodontes?
Seguro crecerina.
No es que yo sea enana porque me metro setenta y cinco me demuestra que soy alta pero comparada con estos chicos pues si soy pequeña.
El sujeto me mira fijamente y ya me está incómodando.
—No hay cámaras, aquí puedo tomarte sin que nadie sepa—Habla el Ruso con una sonrisa macabra.
Y ahí entro en tensión y trato de huir pero el maldito me agarra llevándome tras unos matorrales.
¡Me va a violar!
Esto no debería pasar porque soy la sirvienta personal del Pahkan y nadie puede tocarme.
O esa fue la orden que el dió.
Supongo que hay unos cuantos que se pasan por el forro del culo sus mandatos.
Y este coño de su madre es uno de ellos.
El terror se apodera de mí mientras pataleo y le pego sin éxito alguno.
Me tira al suelo y con una sonrisa tan fría que me hace ver que me hará mucho daño.
Sabía que me podía suceder algo así.
Por más que el Pahkan haya dado su orden algunos hombres les gustan desobedecer.
Y sino hago algo pronto abusará de mí.
Y si eso sucede no sé si quiera seguir sobreviviendo en este lugar.
Me han hecho de todo en mi vida menos un abuso s****l.
Arrastro mis manos por el suelo de tierra detrás de los arbustos y consigo una piedra mientras el maldito se baja el cierre del pantalón y se cierne sobre mi con todo su peso.
Aunque me inmoviliza logro sacar mi mano que tomo una piedra que estrello en su cabeza.
Él jadea y lo se aparta para así correr lejos sintiéndome aturdida como aterrada.
Oigo sus pasos pesados detrás de mí y el pánico me envuelve.
Me alcanza en cuatros zancadas y me toma con fuerza del cabello y me da una bofetada que me hace escupir sangre.
—¡Zorra! Ahora será peor para tí.
Y antes de poder gritar un disparo suena haciendo que el hombre que me sometía caiga como un peso muerto.
Literalmente.
Está muerto.
Otra muerte justo a mi lado
Cuando giro la cabeza encuentro a Alexei, el segundo al mando de la Bratva con su arma en alto y una mirada fría.
Él me salvó.
La adrenalina baja de golpe en mi sistema y todo se vuelve oscuro.
Y entiendo que debo acostumbrarme a que el caos y la muerte serán mi más fiel compañera.
Mini glosario Venezolano:
Coño vale: Una expresión que se usa en distintas oraciones para decir algo bueno o malo.
Coño de su madre: Un insulto venezolano bastante popular.
Fanfarrón: alguien que se cree mucho y lo enaltece.
No joda vale: Otra expresión que va unida a una oración cuando hay problemas.
Puchaina: Se refiere a la v****a.
Huevona: Que es tonta y también se usa para los hombres y en su caso sería Huevón.