Verónica.
No sé porqué hoy amanecí más nostálgica de lo normal no entiendo la razón exacta solamente desperté con un sentimiento que me trae apretado el pecho y no me deja concentrarme.
Mientras hago mis quehaceres más claros se ponen mis pensamientos y ahí descubro que extraño la época en que era libre y podía ir a dónde quisiera sin temor.
Ahora tengo que medir cualquier acción que tenga.
Tampoco puedo hablar con nadie porque podrían descubrir que se ruso.
Fue una jugada inteligente como también tan solitaria porque no he logrado hacer amigas más allá de la hermana del Pakhan.
Las demás sirvientas suelen ignorarme porque no saben cómo comunicarse conmigo y el ama de llaves me da órdenes con señas.
Me frustra tanto.
Pero debo tener paciencia y esperar el momento oportuno para escapar.
Svetlana cree que ya he desistido de escaparme y se equivoca.
Ella no tiene problemas porque puede salir a dónde quiera pero yo.
Soy la esclava personal del Pahkan.
Aquí siento que me han cortado las alas y me he metido en una jaula de oro fortificado.
Suspiro mientras doblo con cuidado la ropa del líder de la Mafia Rusa evitando la tentación de pegar mi nariz porque aunque están lavadas conservan el olor de su dueño.
Sería tan patética si lo hago.
Extraño a mi familia a la gente que de verdad me ama.
Es una tristeza que atenaza mi alma.
Tenía años que no me sentía así.
Cuando era niña eso era normal en vida luego cuando fui rescatada por mi tia eso cambió.
Aprendí a sonreír a su lado y tuve una infancia linda.
Me maté estudiando para labrarme una carrera para terminar secuestrada y siendo un objeto del psicópata del Pahkan.
Tenso la mandíbula y suspiro por enésima vez.
¿Vale la pena torturarme así?
No.
Tampoco lo puedo evitar porque simplemente no puedo dejar de extrañar a mis seres queridos.
Me levanto para guardar las camisas en el closet y al estar listo eso estiro mi espalda porque últimamente me duele la cintura.
Y sé que es por el trabajo que no paro de hacer.
Aunque sea la sirvienta personal del Pahkan sigo siendo empleado así que me mandan a hacer otros trabajos.
Y la estúpida de Tanya aprovecha cada oportunidad para joderme.
Ya no se atreve a pegarme porque sabe que se la devolveré.
Es una cobarde que le gusta dar por la espalda.
Pues si me ataca la atacaré, deberá aprender que con mi r**a Venezolana no se puede meter.
No sin que le deje la cara como piñata.
Paso mis manos en mis hombros masajeando para quitar tensión cuando la puerta del baño se abre y por este sale un imponente y atractivo hombre que creí que no estaba.
Mierda.
Sé supone que llegaría más tarde por eso me atreví a venir ahorita para arreglar su ropa.
Mis ojos no pueden resistir la tentación de observar como de bien le queda esa toalla blanca que rodea su cintura tapando escasamente su parte íntima.
Ni se diga de las gotas de agua que caen desde su cabello largo dorado recorriendo su pecho ancho y musculoso con sus impresionantes tatuajes hasta perderse debajo de su cintura.
Aquella uve que se marca ahí es tan sensual.
Y el maldito sabe que está para comérselo con los dedos.
Untarle mantequilla o Nutella y pasar la lengua por ahí.
Mierda Céntrate Verónica.
Aparto la mirada pero sé que es demasiado tarde ante el gesto egocéntrico que tiene el Pahkan.
Imbécil.
—Eeh, yaa.. Ya terminé, ya me voy. Con su permiso—Balbuceo nerviosa en español.
No debo hablarle en ruso a la única que le hablo así es a Svetlana y eso porque sabe mi secreto.
No puedo dejar que el cuerpo perfecto de este sanguinario hombre nuble mis sentidos.
Me giro casi que corriendo a la puerta sonriendo porque estoy apunto de escapar de esta situación tan incómoda.
Pero debí saber que él jamás me dejaría ir en paz.
No sin antes mortificarme.
Porque en un par de zancadas que me alcanzan rápidamente me acorrala entre su robusto cuerpo y la puerta.
Estoy despalda sintiendo el calor que emana su piel y empuño las manos ante el deseo de girarme para tomar su melena y halarla terminando por comerme su maliciosa boca.
Es un Dios demonio.
Tenerlo así de cerca ha espantado la tristeza que tenía en mi alma concentrándome única y exclusivamente en su presencia.
En cómo de intenso que me hace sentir.
Santo Cristo ¿que quiere de mí?
Su aliento en mi nuca eriza la piel y me estremezco pero no de miedo sino de placer.
De un placer que nunca esperé sentir por este oscuro hombre.
Coño Verónica no olvides que te mandó azotar no hace mucho.
Eso me da el suficiente empuje para reaccionar y lo aparto de mí para salir corriendo de esa habitación.
A lo lejos oigo su carcajada cruel y maldigo porque se muy bien que está jugando conmigo.
Maldito Ruso.
No me dejaré.
Estoy en modo supervivencia, y no me dejaré atrapar por su magnetismo.
Toco con una de mis manos la espalda y hago una mueca porque aunque ya no me duele todavía siento el escozor.
No olvides que es capaz de destruirte Verónica Rodríguez.
Si lo olvidas serás una Latina muerta.
O mejor dicho cuando se entere que le has estado viendo la cara de imbécil al hacerle creer que no se ruso.
En especial porque él se ha propuesto a hablar español y no lo hace nada bien.
Mierda.
Estoy en un gran lío.
Llego a mi habitación con el corazón desbocado y me apoyo en la puerta cerrada.
¿Quién diablos siente tristeza en el alma cuando el cuerpo macizo de un hombre como Pavel Kuznetsov se restriega en el tuyo?
Pues ni que fuera un robot.
Mierda.
Debo salir de aquí por mi bien.
Entre más tiempo pase mi autocontrol merma un poco más.
Muerdo mi labio inferior y recuerdo su calor corporal causando que mi líbido aumente más.
Coño vale ya Verónica.
Acabaré muerta en poco tiempo.
Pavel.
Niego con la cabeza con una sonrisa divertida al ver la forma tan graciosa en que la Venezolana huyó de mí.
Sinceramente no esperaba encontrarla aquí, todo fue una casualidad.
Terminé temprano mi trabajo y decidí darme una ducha.
Ni por un segundo se me pasó por la mente que ella al poco rato que entré a bañarme llegaría para ordenar mi ropa.
Acepto que ella ha hecho un excelente trabajo y por eso no puedo castigarla.
Otra voz es cuando se atreve a contradecirme que las cosas se ponen realmente feas.
Ya no me mira con la misma calma y confianza de antes.
Ahora sabe que no me temblará el pulso para hacerla pagar si me cabrea lo suficiente.
Tampoco es que vaya a darle un castigo que sepa que no pueda soportar.
Secretamente le mandé una crema para que se aplique en la espalda y así no le quede cicatriz.
Su hermosa piel oscura no debe tener marcas en lo absoluto.
Jamás imaginé que me gustaría ese color de piel en una mujer.
Pero antes había interactuado con mujeres de color y ninguna me había hecho sentir ni la mitad de lo que esta imprudente Venezolana me provoca.
Joder.
Recuerda quién diablos eres.
Eres el mismísimo Pakhan de la Bratva.
No debes dejar que tú mente se nuble por culpa de una tentación Latina.
Talvez si me la follo se me quite.
No.
Sería peor porque una vez que la pruebe no sería suficiente.
Habría firmado mi sentencia tanto para ella como para mí.
Aún así eso no quita lo mucho que disfruto haciendo que se ponga nerviosa con mi sola presencia.
En cómo se resiste a la atracción que crepita entre nosotros.
Está mal de mil maneras.
Pero se siente tan malditamente bien.
Y soy el puto líder de una de las mafias más grandes del mundo
¿Porqué demonios me debo negar algo?
Noo Pavel, no busques excusas para estar con ella.
La vas a cagar y el consejo se te vendrá encima.
Y entonces habrá un río de sangre porque a mí nadie me dice como vivir mi vida.
Bufo y me dirijo al vestidor donde tomo un jeans n***o, un boxer blanco y una camisa manga corta azul.
Me visto con rapidez y tomo el peine alisando mi cabello.
Al mirar mi cabello recuerdo la promesa que le hice a mi madre en la tumba.
Le prometí que jamás me cortaría el cabello.
A ella le gustaba mucho como se me veía así de este largo.
A Nastya Kuznetsova le gustaba cosas simples.
Y era feliz con eso.
A mí me encataba complacerla y soñaba con salvarle del bastardo de mi padre.
Nikolai Kuznetsov.
Ese maldito apagó su luz de todas las formas posibles.
Solo era una niña cuando la secuestró e hizo de su vida un infierno.
Lo odio tanto que si tuviera el poder para revivirlo lo haría simplemente para volverlo a matar.
Aspiro hondo para calmarme y salgo de mi habitación luego de meter mi billetera en el bolsillo trasero del pantalón.
No es vaya a salir pero es mejor estar preparado.
Tengo algo de hambre así que iré a la cocina a ver qué hay.
Bajo las escaleras de dos en dos pero antes de entrar escucho voces.
Es Tanya.
—Solo eres una esclava sin valor. No estás por encima de mí. En cualquier momento el Pahkan te matará. No eres más que una negra, una piel sucia sin poder—Verborrea Tanya.
En cambio yo la escucho anonadado apoyado en el marco de la puerta de la cocina.
Ninguna me vé porque están concentradas en el espectáculo que está dando mi ama de llaves.
Espero a ver qué hará la Venezolana pero ella la mira con burla y arquea una ceja.
Joder, es cierto que ella no la entiende.
Cómo se defenderá de los insultos sino puede entenderlos.
¿Y a mí que me importa?
Pero te importa.
Ignoro a mi irritante conciencia y observo en silencio la interacción.
—No sé que dijiste pero tú eres una perra mal cogida que urgente necesita un macho que le quite el mal humor. O talvez una vida sea mejor—Dice Verónica tajante.
Ahogo una risa porque aunque no hablo muy bien el español si lo entiendo cuando lo hablan lentamente.
Ya es otra cosa cuando la Venezolana en su nerviosismo empieza a soltar palabras por segundos.
Tanya chilla furiosa dándome a entender que ella también lo entiende y se lanza contra Verónica.
Me quito de la puerta para parar la pelea cuando inesperadamente la Venezolana la toma del cabello tirándole al suelo.
—Coño vale, ¿a tí se te olvidó lo que te pasó la última vez que nos enfrentamos? Si quieres te la recuerdo—Articula la Ojinegra seria.
¿Cuál otra vez?
¿Ya se habían peleado antes?
¿Y yo porqué no lo sabía?
Los encargados de la seguridad de las cámaras iban a perder algún m*****o hoy.
—¡Maldita perra!—Brama Tanya enloquecida tomando un cuchillo de la despensa e ir hacia la Morena.
Ahí no me escondo más y en dos zancadas la neutralizo con fuerza logrando que suelte el cuchillo que cae al suelo con un ruido sordo.
Todas las empleadas me miran impactadas y con terror.
Solamente la Venezolana me mira más que todo asombrada.
Luego su expresión cambia a una fastiada.
—Yo solo me defendí. Ella me odia. Cree que le robaré a usted—Explica Verónica frustrada.
Yo frunzo el ceño.
¿Robarme a mí?
Maldita sea.
Pensé que ya Tanya había superado ese estúpido enamoramiento que tenía por mí.
Me equivoqué.
Actuó por celos.
Y solo por eso y porqué la conozco de años dejaré pasar esto.
—Yoo...Ella me faltó el respeto solo quería darle una lección—Miente Tanya asustada.
Yo la suelto con irritación ante tal mentira pero lo dejo estar y miro a Verónica que la mira con odio.
Oh esto se pondrá interesante.
Quiero descubrir que sería capaz de hacer la Venezolana para defenderse.
La cuestión es que no calculé las consecuencias de no darle un alto a Tanya en este momento.