Verónica. Me encontraba en mi cuarto mirando al techo porque ya todas mis labores estaban listas. Y la noche había caído. Me sentía cansada y no por el trabajo sino por estar aquí y saber que nunca podré irme a casa. Que nunca podré ver a mi tía. Extraño a mi país. En especial porque aquí soy menos que un animal. Que debo medir siempre mis palabras y acciones para sobrevivir. Es sumamente agotador vivir así. La puerta suena y me levanto para abrir sacándome una sonrisa al ver a mi amiga ahí. Me aparto para que entre y cierro la puerta tras de las dos. —Hola Svie, me alegra verte. ¿Pasó algo malo? Pensé que te habías reconciliado con tu hermano—Averiguo curiosa usando el ruso. Ella se sienta en la cama y yo a su lado. La mirada azulada de Svetlana se fija en mí de una forma que

