42. Una prueba. De repente, cuando las dos mujeres van por la tercera mamada que me dan las cuatro paredes del ambiente se van suspendiendo, dejándonos expuestos ante los ojos de todos los presentes. Max está cerca y no se pierde detalle. —Demos la bienvenida a nuestro futuro m*****o: Sebastian Sullivan —dice una voz que reconozco. Es Duke Loundland, de vuelta, con una sonrisa pícara, pero esta vez tiene a una mujer muy hermosa de cabellos largos y oscuros a sus pies. Sentada como si se tratase de una mascota, lleva en el cuello una correa y cadena de platino, que dice al bordo: “Propiedad de D. D." Supongo que son las iniciales de Duke Loundland. Duke ve que la miro con curiosidad y lujuria. Su boca dibuja una sonrisa ambigua, con algo de malicia. —Adelante, tómala —me ofrece la cade

