25. ¡Esto es vida! Abro los ojos con un apetito voraz y mi amiguito erecto como un soldado de la guardía real. Firme y listo para la acción. Es la bendición y la maldición de nosotros los hombres. Me llevo las manos hacia mi amiguito, y lo sobo, subo y bajo mi mano haciendo que crezca, cierro los ojos y repentinamente la imagen de Stella viene hacia mi, su figura, su aroma, su labios besándome, amándome, la tengo conmigo aunque sea en mi mente, porque ella es tan adictiva como el azúcar, mi cuerpo reacciona placenteramente a su recuerdo, mis jugos fluyen por mis manos haciendo que me sienta a gusto, es una subida al paraíso, permanezco unos segundos en el y luego vuelvo a caer en mi infierno personal. Me meto a la ducha pensando irremediablemente en ella, hasta que el sonido de una llam

