7. Cambio de plan.
Me acerco a una florería y elijo la mejor de las rosas. De camino a mi departamento le escribo en el messenger:
“Ansioso por verte”
Al llegar dejo la rosa sobre la mesa y me saco la ropa y lo dejo sobre la cómoda. Voy al baño y al pasar me veo en el espejo, mis brazos, y piernas musculosas se ven bien, el arduo trabajo en las máquinas valen la pena.
Enciendo el agua y me meto. Me cae sobre el rostro haciendo que todo rastro de fatiga laboral se esfume. Tomo la barra de jabón y me la paso por el cuello, los hombros, axilas, voy creando espuma al tallarme cada parte de mi cuerpo. Mis pectorales bien definidos es lo que a las mujeres las vuelve loca, debo mantenerme impecable para Stella. Paso el jabón cerca de mi amiguito, que al simple contacto quiere despertar, debo distraer mi mente para que no suceda, paso el jabón por mis peludas piernas, pensando en que mañana es el cumpleaños de mi padre, y que debo comprarle algo a primera hora.
Me paso el jabón por el resto del cuerpo rápidamente y luego de enjuagarme bien, salgo y me pongo la bata de baño. Me acerco al espejo, y comienzo a rasurarme, quiero verme impecable para Stella. Elijo un jersey azul y unos jeans, todo casual, un toque de colonia Dior Sauvage y listo.
Reviso el celular.
No lo ha leído aún. No hay nada de que preocuparse, reviso mis provisiones de alcohol. La delicada rosa adorna la mesa en la amplia terraza y un par de velas.
¡Y la música!
Shape of my hearth de Sting.
¡Un pedazo de arte!
Ahora solo falta la más bella de todas.
Mientras espero a que llegue me sirvo una copa de champagne. Tengo tres días para garantizar que Lorens y Charles la elijan.
Han pasado tres horas y no sé nada de Stella.
Miro con intranquilidad la pantalla del celular y compruebo que no ha leído mis mensajes. ¿Le habrá pasado algo?
Miro la ciudad por la terraza. Las luces de los edificios dan la ilusión de que estamos en el cielo.
Es una imagen espléndida que deseo compartir contigo, Stella.
El timbre suena.
Mi corazon se agita.
Me dirijo a abrirte la puerta, y casi, casi me voy de bruces.
Es mi padre.
—¿Qué pasa? ¿No puedo visitar a mi hijo?
—Son pasadas la medía noche, papá.
—Estas despierto y no me contestas ya nunca mis llamadas. ¿Estás con alguien, es eso?
Se pone a husmear, y por suerte no llega a ver hacia la.mesa que puse en la terraza.
—No es así. ¿Sabes que es mi cumpleaños?
—Lo sé, iba a pasar a felicitarte luego de comprarte algo de última hora.
—Deja los obsequios para otra ocasión. Quiero que hablemos, hace tiempo que no tenemos una conversación en privado. Estuve pensando que en cualquier momento puedo fallecer. Mi muerte es inminente, y mi único heredero eres tu.
—Papá, solo mírate. Te ves más joven y vital que muchos de tus amigos. No morirás.
—Me veo joven, es cierto, pero tengo mis miedos, como mucha gente, aunque no lo creas.
Mi papá y su ego. Aunque para ser justos, sí se ve bastante bien y aun atrae a las mujeres.
—¿Dudas que mantendré a flote todo tu legado cuando fallezcas?
—No es eso... Me la pasé metido en el trabajo por tantos años, es justo que ahora quiera pasar un tiempo con mi primogénito.
De repente, sus ojos van a parar hacia la romántica mesa en medio de la terraza y lo entiende todo.
—¿Te plantó tu cita? —me pregunta. No tenía que decirlo. Me mira como si fuera un enfermo terminal, y yo lo único que hago es quedarme callado.
—Bueno, no importa —dice él—. Vayamos a beber afuera, ¿qué te parece?
—Papá...
—Lo tomaré como el mejor obsequios de mi primogénito.
—¿Intentas manipularme?
—Todo por un par de copas entre padre e hijo. ¿Está mal?
Miro mi celular. Stella no me ha escrito.
Quizás lo menor sea darle el gusto a mi papá.
—Bueno, pero pago yo —le digo.
—Como quieras.
—Y llegaré tarde al trabajo.
—Eso nunca.
De esta salida puede surgir algo bueno, puedo hacer que se olvide de la votación y que se decida por Stella de una.