8. Una oportunidad.
En el pub, la noche resulta movida. Mi papá tiene a dos mujeres de cada lado, les fascina, aunque les lleve muchos años por encima, la verdad es que mi papá es un buen anfitrión y más que hablar, estuvimos bebiendo como dos universitarios. Las pocas oportunidades que tuve para mencionar a Stella Bonyorck como la mejor opción él no dijo nada al respecto.
Pero ya son las tres de la mañana, es buen momento para marcharnos. Stella siempre está en mi mente, ahora más que nunca.
—Son las tres de la mañana, es hora de marcharnos, papá.
—Aquí no soy tu padre, llámame por mi nombre.
Lo había olvidado.
—Arthur, es hora de marcharnos —le digo.
—Vete tu, yo aún estoy empezando —y se besa con la rubio.
—Okey, feliz cumple pa... digo Arthur.
—Que mi chófer te lleve.
—No, no, descuida, no hace falta —le digo—, me conseguiré un taxi. No te quedes hasta tarde.
Mi papá me mira y les dice a las mujeres.
—Tiene complejo de padre... No lo escuchen.
Bien, pago todo lo consumido, y me retiro del pub.
Afuera el frío me llega hasta los hueso, hace que desee volver adentro, pero sé que no es buena idea.
Stella no me ha respondido mis mensajes, ahora estoy preocupado por ella. Quizá solo se arrepentido.
Voy caminado por la avenida, las luces me marcan el camino, meto las manos en los bolsillos del pantalón. Un taxi se detiene.
—¿Lo llevo a alguna parte? —me pregunta un tipo con mostacho y un acento extranjero. Esto es tener buena suerte.
—Genial —digo y subo al taxi —
¿Cómo te llama?
—Mohammad, señor.
Le digo mi dirección y de inmediato se pone en marcha.
—¿Desde cuando vives en Los Ángeles, Mohammad?
—Hace veinte años ya, señor. Ahorré por mucho tiempo y fui trayendo de a uno a toda mi familia. Tengo cinco hijos, señor.
—¿Este es tu único trabajo?
—Es el que me resulta más rentable, señor.
La ciudad a esta hora se ve desoladora, los negocios están cerrados, y los kiosco igual, de la nada un coyote cruza nuestro camino y Mohammad soltando palabrotas en su idioma frena para no lastimarlo.
Y lo consigue, el coyote nos mira y se aparta, lo pierdo de vista.
Al llegar le doy a Mohammad mi tarjeta personal.
—Si te interesa un segundo trabajo, llámame.
—Si es un trabajo sucio no me interesa señor.
—Vi cómo maniobraste para no lastimar al coyote, necesito un conductor con tu habilidad. Eso es todo. Piénsalo y llámame si te interesa —le doy unos buenos billetes y me agradece por mi generosidad.
Subo a mi departamento, deseando recostarme de una.
En la puerta, Stella me espera.
—Stella, lo siento, mi papá vino y...
Se ve cansada, como si habria estado llorando por horas.
—¿Puedo entrar?—me pregunta al ver que no se me ocurre hacerlo.
¡Que tonto soy! Abro la puerta y entramos.
—¿Cuánto tiempo estuviste espetando?
—No lo sé, no importa...
—¿Por qué no me diste una llamada? —hice mal en irme con papá y lo lamento mucho.
—No traigo mi celular... Solo quería venir a verte...
Stella ve la mesa que tenía preparada para la velada.
—No pude venir a tiempo... Perdóname...
Y me abraza, llora en silencio.
—¿Estás asi por mi o hay otro motivo?
—Tuve una pelea con Dimitri... y terminamos.
Le sirvo una copa de vino y ella se lo bebe de una, le sirvo de nuevo, y vuelve a beber, luego viene hacia mi y me besa apasionadamente, el sabor del vino y sus labios es una mezcla divina.
—Sebastian... —me dice—. Te amo —y me desabrocha la camisa. Yo le correspondo en los besos, mientras la desnudo con urgencia.
Se acomoda en la cama abriendo las piernas, invitándome, insitandome a que la coma toda.
Lamo sus entrepiernas, y su rica concha me la devoro, toco su punto G que la vuelve loca, gime y se agita.
Sus liquidos fluyen, y sus paredes de mueven palpitando, buscándome.
Mi pequeño amiguito se prepara prepara entrar en ella. Stella me toca y me masajea, y se la lleva a la boca y con una mirada sensual chupa mi pija. Se sube y me monta como toda una experta en el tema, hasta que culmina, grita de éxtasis, y luego se recuesta a mi lado. Me abraza con insistencia, y antes que pueda decir lo mucho que la amo se queda dormida como una bella durmiente. Su rostro hermoso adopta inocencia, me limito a admirarla, a acariciar su bello rostro como lo he deseado por tanto tiempo. Que haya terminado con el orangután de Dimitri es una buena notica para mi, es una oportunidad, que no voy a desperdiciar, voy a hacer todo para que sea feliz conmigo, y que nunca piense más en él.
Su brazo tiene un moretón, le acaricio y ella se queja de dormida. Me temo que Dimitri tiene que ver con esto. No me sorprende, las personas no cambian con el tiempo.