05 de Mayo 2010 — Ya casi — digo para infundirme ánimos, mientras estiro todo lo que soy posible cada musculo de mis piernas, brazo, mano y dedos. — ¿Necesitas ayuda?— pregunta una voz masculina detrás de mí. — No. Yo puedo. Ya casi, solo necesito alcanzar… — Y continúo estirándome. — Déjame ayudarte — dice conteniendo la risa. “Pues ahora menos”, pienso llena de orgullo. — No, ya cas….— y alcanzo el libro que tanto ansío y que estaba en lo más alto del estante. Pero tumbo unos cuantos adicionales de forma accidental. — En menos de un segundo sus manos, grandes y fuertes, me apartan con rapidez y delicadeza y ni un solo libro me golpea. — ¿Estás bien?— Me pregunta, sin zafarme de su abrazo. Apenas logro pronunciar un débil “Sí”. Su amplia y brillante so

