21 de Noviembre de 2015 Mis recuerdos se sienten tan distantes, que casi parecen ajenos a mí. Sin embargo, odio que aún me roben ciertas sonrisas y melancolía. Sacudo mi cabeza con fuerza para espantar las imágenes de Dominic. Del Dominic del que me enamoré, no del que yace en el piso de la cocina. Mi línea del pensamiento continua traicionándome, evocando imágenes dolorosas, conversaciones intensas que fortalecían nuestra unión. Incluso los momentos de nuestras peleas, (las iniciales, no las que terminaban conmigo llorando delante de un espejo disimulando con maquillaje uno de sus golpes) me resultan un trago amargo de pasar. No sé cómo llegamos a este punto y ya quizás nunca lo sepa, salte o no al acantilado; pues él único que es capaz de darme respuestas, se las llevó a la tumba.

