Anhelamos lo que anhelamos y nadie debería pedirnos aceptar menos que eso.
—OG. Leghan
1
Si algo debes recordar, pequeña criatura, es que no importa cuánto suceda, cuando algo que está destinado para ti, nada evitará que llegue a tu vida, ni siquiera tú.
Aunque antes de continuar con esta historia, primero debería decirte los nombres de estos jóvenes por siglos enamorados, ¿verdad? Y describirlos un poco para que puedas ilustrarlos en tu mente.
Sin embargo, no puedo contarte mucho de sus físicos, la historia ha pasado por un largo camino y de cualquier manera, su amor es tan profundo que está al nivel de sus almas.
Así que en realidad no importa si sus ojos eran marrones, grises o azules, rasgados o no, aun si su color de piel fuese otro, sus sonrisas tuviesen otra forma, y su cabello no fuese el que es; ella se perdería en sus ojos, él admiraría su piel, ella daría cualquier cosa por ver su sonrisa y él acariciaría su cabello. Todo porque estaban tan destinados a estar juntos, a vivir un amor tan profundo, que no importaba cómo fuese, al final estaban tan enamorados que iba a un nivel más allá del entendimiento.
Al menos, así de verdadero se cree que era su amor.
¿Sus nombres? Oh, sí, cierto.
Él se llama… ¡Jin!
Y el nombre de la chica es… espera un momento…
¡Suzette!
Esta es la hermosa y atrapante historia de Jin y Suzette.
Ellos no son seres como nosotros, son seres… digamos que celestes. Hace mucho tiempo atrás, los humanos y los seres celestes habitaban armoniosamente en la tierra.
Los humanos vivían como siempre, ya sabes, tercamente y sin mucho control o cuidado con los recursos que le rodean. Así, los seres celestes se encargaban de mantener el orden. Imagínalos como la autoridad a la que respondían, sin ser sus dioses o algo parecido.
El caso es que entre ellos se encontraban los atalayas, unos hermosos seres que vigilaban y alertaban a las personas cuando estaban tomando un camino incorrecto. Trataban de guiarlos por un camino correcto.
Y durante mucho tiempo funcionó, pero lo cierto es que los humanos tienen la tendencia de rebelarse contra sus guías, sean quienes sean y esa vez, no fue la excepción.
¿Se cansaron de ser dirigidos por seres superiores? Efectivamente, pequeña criatura.
Y entonces, el Gran Celeste decidió darles lo que pedían. Borró de los recuerdos humanos a los seres celestes, pero a estos no los destruyó.
Dependiendo de sus posiciones y funciones, algunos regresaron a su hogar, mientras que otros fueron dejados en la tierra para iluminar a los humanos de vez en cuando, para alegrarlos, para ayudarlos, para no dejarlos tan solos.
Entre ellos se encontraban los Atalayas.
El Gran Celeste decidió dejar que tuvieran un ciclo de vida humano para así poder mezclarse entre ellos.
Si te digo un secreto, son precisamente esas personas que a veces aparecen en nuestro camino cuando más los necesitamos y son como ángeles para nuestras vidas.
El caso es que, como el Gran Celeste conoce todas las cosas y siempre tiene un plan, desde el momento en el que creó a los Atalayas lo hizo de a dos.
Sí, como lo imaginas, cada uno tenía su par, estaban destinados a caminar juntos.
Sin embargo, no fueron enviados juntos a la tierra, así que, para el momento en el que se decidió que debían vivir entre los humanos, ellos tuvieron que buscarse el uno al otro.
A algunos les tomó más tiempo, pero al final, todos ellos se encontraron. Teniendo así un amor que sobrepasaba todo lo que podemos imaginar, lograron vivir como humanos y, bueno, pasar de generación en generación esa hermosa y angelical manera de ser.
¿Por qué? Supongo que el Gran Celeste ama dar vida y propósitos.
El caso es que, como ningún ser, celeste o no, está exento de la maldad, un pequeño grupo de ellos no quisieron aceptar las condiciones humanas así que decidieron que debían mantenerse alejados de su par por la eternidad.
No pudieron convencer a tantos como querían, así que hubo una guerra entre ellos.
Los rebeldes contra los que querían aceptar el plan celeste.
Calma, ya voy a contarte, pequeña criatura.
Los rebeldes no tuvieron éxito en esa guerra, pero aun así lograron capturar a algunos de los que querían aceptar el plan y… bueno, los obligaron a separarse de sus pares.
Jugaron con sus mentes, lograron plantar un pensamiento específico en ellos que aun inconscientemente los obligaría a mantenerse alejados de la persona que estaba destinada a estar con ellos.
¿Suena cruel cierto?
Nada más pensar que te obliguen a alejarte y no ver nunca más a alguien que amas produce un sentimiento desgarrador, a mí en lo personal me deja sin aliento.
Así, es que ellos no se recuerdan entre sí, pero como su conexión va más allá del pensamiento, se atraen el uno al otro, logran encontrarse, y en lo que se desbloquea el recuerdo, actúa como un detonante que les hace alejarse y olvidarse de nuevo.
De esa manera, nunca pudieron vivir una larga vida juntos.
¿Por qué lo cuento así? Porque a muchos se les pasó el tiempo para romper esa maldición y entonces dejaron de encontrarse.
¿Jin y Suzette lograron vencer y vivir juntos hasta el final de sus días?
Oh, pequeña criatura, apenas estoy al inicio de la historia, es algo que irás descubriendo a medida que avance. Por ahora, vamos paso a paso.
Lo que puedo adelantarte es que precisamente, en el encuentro y separación anteriores a donde comenzaré a contarte su historia, algo diferente y épico sucedió.
Jin no olvidó a Suzette.
Así, él sabía que había algo de lo que debía liberarse, algo que debía romper para que así no fuesen obligados a separarse de nuevo.
Y buscó por mucho tiempo una respuesta, pero ¿recuerdas que te conté que ellos estaban conectados a un nivel inentendible?
Bueno, él podía sentir cómo Suzette estaba sufriendo.
Ella sentía que un anhelo que no comprendía la consumiendo, deseaba algo más, sabía que esperaba por algo o por alguien, pero evidentemente no tenía la respuesta y esa vida cotidiana la estaba matando lentamente.
Porque cuando anhelas algo con tanta fuerza, unos días puedes sentirte invencible y otros como que nada tiene sentido.
Y Jin percibía todo eso, percibía la forma tan fuerte en la que ella lo extrañaba y él esperaba que ella pudiera percibir de regreso lo mucho que él la amaba.
Con el pasar de los días, por más que intentaba concentrarse solo en su búsqueda, ella lo estaba atrayendo inminentemente.
Y un día pasó algo que nunca antes había tenido lugar.
Suzette había estado añorándolo, y fue cuando su anhelo se hizo tan intenso que muy temprano en una mañana lluviosa pudo escuchar su voz como si estuviese a tan solo un metro de distancia.
Escuchó su voz después de veintidós años como el sonido más armonioso que había conocido, mientras le decía:
“Me han dicho que todos tenemos a alguien que ha sido destinado para nosotros.
Yo… Ni siquiera sé si existes y aun así me encuentro esperándote.
¿Por qué te anhelo tanto? ¿Por qué no puedo dejar de pensarte y añorarte?
Hoy el día fue tan, tan difícil, no por cosas que debía hacer sino por lo mucho que te extraño.
¿Cómo puedo extrañarte tanto? ¿Cómo puedo aferrarme tanto a ti si ni siquiera te he visto una sola vez o sé que existes?
Tengo tantas ganas de llorar.
¿Qué está mal conmigo? ¿Qué es lo que está fuera de lugar? ¿Por qué te sueño tanto despierta o dormida?
¿Por qué me aferro a ti? ¿Qué es lo que hay entre nosotros?
¿Será que de verdad estoy destinada a vivir una historia asombrosa a tu lado? ¿Será que sí me convertiré en esa uno en un millón a la que le sucede algo asombroso, fuera de lo habitual solo por la fe?
¿Por qué me duele tanto tu ausencia cuando nunca te he tenido presente?
¿Qué es lo que me hace amarte cuando solo tengo la promesa de que existes pero no te he visto, ni oído?
Si eres real, ¿estás sintiéndome en este momento?
De alguna manera, en donde sea que estés, ¿sientes en tu pecho esta misma angustia que yo? ¿Percibes que hay alguien extrañándote y amándote como lo estoy haciendo en este instante?
Quisiera creer que estamos tan destinados a estar juntos que estamos conectados a un nivel que ni siquiera nosotros mismos podemos entender.
Me gusta la noche, todo es más tranquilo y emocionante a la vez, me gusta porque las estrellas brillan en el cielo y me parece un espectáculo digno de ser admirado. Siento que esas estrellas hacen evidente la inmensidad del universo y que cualquier cosa puede suceder o ser real.
¿Qué piensas tú cuando ves al cielo? ¿Qué estás viendo en este momento? ¿Ves estrellas igual que yo? ¿O estamos tan separados que tú ves un cielo iluminado por el sol?
Sea como sea, donde sea que estés, espero que lo que ves en tu cielo, sean estrellas o nubes espesas, te hagan pensar en que en alguna parte debajo de su extensión, está una persona anhelándote a un nivel que ni siquiera considera que pueda ser normal, porque te anhela, ama y sueña con cada fibra de su cuerpo.
Espero que eso que ves en tu cielo, de alguna manera te guíe hasta mí, y a mí hacia ti.
Quiero creer que habrá un día en el que pueda saber lo que ves en tu cielo, porque eso significará que estoy a tu lado para verlo yo también.
Por favor, existe.
Por favor, por favor, sé real.
Enséñame lo que es un milagro al verte llegar a mi vida.
Por favor, demuestra que no estoy loca al anhelarte con cada aliento que he dado a lo largo de mi vida”.
Con eso, ¿quién podría mantenerse alejado por más tiempo?
No pudo ser capaz de soportar más, había estado forzando su fuerza de voluntad hasta que finalmente había cedido. ¿Cómo podría hacer oídos sordos a su petición?
El impulso le ganó a la razón, se levantó de golpe del techo en el que estaba sentado, entró a su habitación, tomó un bolso y metió cuanta ropa consiguió.
Y como si estuviese siendo perseguido, salió de la casa corriendo aun debajo de la lluvia para ir a su auto y subirse a él.
Se dio cuenta que sus lágrimas se habían confundido con las gotas de lluvia, pero estaba llorando, ella había conmovido su corazón.
La extrañaba tanto que podía enloquecer y su petición había actuado como un detonante a la bomba de tiempo que era su voluntad de estar lejos de ella.
Secó las lágrimas pasando bruscamente la mano por su rostro, encendió el auto y arrancó.
Necesitaba verla aunque fuese una vez para luego continuar su búsqueda. Sí, eso era todo, solo una vez, solo necesitaba verla a la distancia. Así no se dañaría su plan de acabar con lo que los estaba separando.
Solo iba a verla a la distancia una vez, eso era todo. No podía relacionarse con ella, porque quizás, si ella recordaba, entonces podrían separarse de nuevo y no podía darse el lujo de perder más oportunidades, no tenía idea de cuántas le quedaban.
No debía acercarse a ella, no debía dejarle notar su presencia.
¿Qué preguntaste, pequeña criatura?
Oh, sí.
Bueno, supongo que tienes razón, es un poco injusto que él quiera verla y aliviar su desesperación al menos un poco, pero no dejar que ella haga lo mismo.
Sin embargo, él intentaba hacer lo que creía correcto, no quería que algo saliese mal y que su extraña oportunidad de encontrar una solución y salida se viese frustrada.
El problema era que, cuando estaban en el mismo lugar, la creación misma veía ilógico que no estuviesen juntos.