—Apestas —digo sentándome a su lado, ella me mira y abre tanto los ojos que me dan ganas de reírme, pero lo evito. Iba tan concentrada llorando que no se ha dado cuenta que estaba ahí. —No tienes que recordármelo. —No siempre apestas —aclaro—. Justo ahora sí apestas. —Ya, no es de tu incumbencia. —Ya veo. Me quedo callado unos minutos dándole su espacio, minutos que también me ayudan a mí para procesarlo todo y pensar. Al cabo de un rato, después de que ha dejado de llorar la miro. —¿Te apetece hacer el trato de la última vez? —Fue un asco de trato, te dije muchas cosas. —Al menos lo sacaste —ruedo los ojos y ella chasquea la lengua de manera irritante. —Han pasado solo un poco más de dos semanas desde que terminé con mi novio, ayer fui a una fiesta, estaba sentada en un

