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Jack Lather.
Había sobrevivido al día tres de esconderme de mi padre, todos en mi familia están obsesionados con el matrimonio, con las bodas ostentosas y con los contratos que te impulsan al éxito de manera apresurada. Después de regresarme de Dubai conversé con Ben sobre quién iba a quedarse a cargo de los trabajos de mi padre, quien últimamente se ha rehusado a seguir con su negocio.
Benton entra enojado a la oficina y tira los papeles que tenía en la mano sobre mi escritorio.
—Estoy hasta los huevos de la secretaria que contrataste, deberíamos despedirla.
—¿Qué hizo ahora?
—Le pedí que me buscará un látex y me trajo café oscuro. Sabes que detesto el café oscuro, joder si al menos escuchará lo que le dicen sus superiores haría mucho mejor su trabajo. No me sirve tener a una persona así trabajando para mí.
—Benton pudiste decirle que te trajera otro, las personas pueden equivocarse.
—Se ha equivocado toda la puta semana.
—Haz lo que quieras con ella, me da igual, podemos conseguir otra empleada en cuestión de segundos.
—Era lo que quería oír —sonríe con cinismo.
Conozco a Benton desde que tengo memoria y se que no le gusta la incompetencia y mucho menos cuando se trata sobre cafés. Hemos pasado la vida de fiesta en fiesta y de lugares exóticos a oficinas aún más exóticas. Nunca nos hemos visto envueltos en problemas económicos y me cuesta creer que a veces mi mejor amigo se sienta inferior a las personas.
Tomo mis cosas y salgo de la oficina con la cabeza en alto, los empleados la bajan por respeto y me encuentro a mi padre con un cigarrillo en la mano y los lentes de sol más oscuros que tiene. Y esa no es una buena señal, porque cuando se los retira me sonríe tan cínicamente que se ha lo que venido.
Quiere que me case.
Quiere que despose a una mujer que no conozco de nada.
Le indico que entremos a la oficina en la que estaba segundos atrás y asiente sin responder. El hombre que ayudó a que me trajeran al mundo es dominante, frío y en ocasiones cariñoso. Lo he visto como mi padre desde que tenía cuatro años, puesto que, antes de eso lo odiaba. Se la pasaba todo el día diciéndome que hacer y como actuar, me ponía a estudiar contaduría, matemáticas, física y ciencias comerciales. No tenía más que cinco años para ese entonces ¿Qué niño normal querría saber algo de eso a esa edad?. Está claro que ninguno.
Me permito sentarme encima del escritorio y el se sienta en el mueble que está al frente de mi.
—No puedes huir toda la vida de tu padre, Jack.
—Puedes decirme Sr. Lather en la oficina —digo con desinterés.
—Soy tu padre no un pobre idiota que trabaja para ti —expulsa con desdén, me encojo de hombros y dejó que siga hablando porque es imposible que haga lo que yo quiero—. Alana es una chica preciosa, hija de dos personas empresarias. ¿No te suena perfecto?
—No realmente —pongo una mueca—. ¿Sabe algo del manejo de empresas?
—No, ella se dedica al modelaje. Es buena para la imagen de la familia y tú eres bueno para la imagen de su familia, ambos ganaríamos.
—No quiero casarme, no quiero estar con una persona que no se como actúa ni que le gusta.
—Sr Lather —menciona para burlarse de mí—. Ya está decidido, en la mañana firme un contrato con su padre, el matrimonio dura cuatro años. Después pueden hacer lo que gusten.
—Dime que me estás jodiendo.
—Negocios son negocios —dice levantándose, abre la puerta y me mira por última vez—. Te quiero está tarde en la casa, conocerás a tu futura esposa.
Espero que salga y maldigo por lo bajo, estoy furioso. ¿Quién le ha dado el derecho a hacer algo como eso? No quiero casarme, no quiero saber nada sobre un matrimonio y tampoco quiero que me digan que por mi empresa debo estar con una mujer súper hermosa. No me ha gustado nadie más que Belinda en los últimos años. Y cabe destacar que Belinda dejo de gustarme por su actitud insegura y poco amor propio que tenía. Estaba sintiéndose mal la mayoría del tiempo.
Habían días en los que estaba bien, podía estar bien por un mes, unas semanas o incluso unos días. Hasta que llegaba el punto en el que volvía a sentirse mal constantemente y me cansé. No puedo tolerar a una persona como esa. No está en mi ser psicólogo sin serlo.
Veo las notificaciones de mi teléfono y me doy cuenta de que llegó tarde al estacionamiento. Benton y yo quedamos en encontrarnos a las doce allá abajo, iremos a comer para después irnos a la casa de mis padres. O bueno, al menos el sabe que iremos a comer no que iremos a dónde mis padres.
Durante las vacaciones de verano me enrrolle con varias chicas, unas más guapas que otras. A cada una de ellas las hice firmar un contrato de confidencialidad, dónde claramente específica que si llegan a quedar embarazadas no se contactaran conmigo y mucho menos hablarán sobre que yo soy el padre. Para mí suerte nadie se opuso ante esas reglas y con cada una de ellas la pasé bastante bien. Veo a Benton con la secretaria de antes y me quedo estático cuando se besan, no es un beso delicado ni tampoco común, parece más algo hecho por la fuerza. Y sonrío.
—¿Interrumpo?
Ambos carraspean y niegan con la cabeza. La chica sale corriendo y suelto una carcajada al ver a mi amigo acomodarse el pantalón.
—Eres un hijo de puta, pudiste esperar.
—¿Esperar? Una de tus putas no va a hacerme esperar. Debemos ir a la casa de mi padre, tenemos una cena con ellos y mi nueva prometida.
Benton me mira serio y niega con la cabeza confundido.