—¿Prometida?
—¿No te lo dije? —finjo que llevo tiempo conociendo a Alana y mi amigo vuelve a negar aún más confundido que antes—. Voy a casarme, es una tía preciosa.
—Tu padre quiere que te cases.
Bufo y el chasquea la lengua sabiendo que ha dado en el clavo.
—Mi padre no quiere entender que casarme no es buena idea, todavía no he vivido lo suficiente.
—Sabes que el no va a oírte, nunca escucha a las personas.
—Lo se, ya firmó el contrato con la familia de Alana, mi soltería ha llegado hasta aquí.
—¿Cuánto dura el contrato?
Nos montamos en el auto y tiro el móvil en el asiento trasero.
—Cuatro años como mínimo.
—La única opción que tienes es pórtate como el tío más imbécil del planeta. Sus padres van a odiarte y no van a querer que su pequeña niña este con un hombre como tú.
—Todos quisieran estar con un hombre como yo, pero entiendo lo que dices. ¿Me ayudarás?
—Sabes que si.
Una sonrisa aparece en mi rostro. Precipitadamente pensé que estaría casado en un par de meses, que odiaría tener a una mujer en mi casa y que las noches de borracheras con Benton se irán al traste por culpa de Alana. No la conozco y no se cómo luce, pero por los gustos de mi parte debe ser una mujer bastante guapa.
Al transcurrir la mitad del día decido que es hora de arreglarme, dejo que mi mejor amigo se vista lo más formal posible y yo me visto bastante casual, con una sudadera, unos tenis y mi pantalón de jean favorito. El almuerzo paso volando, resolvimos algunos contratos, revisamos papeles y nos encargamos de que cada local estuviera en orden. Soy dueño de varias editoriales, quería montar una agencia de modelaje pero sabiendo que Alana es modelo se me han quitado las ganas.
Llegamos a la casa de mis padres a eso de las siete.
Una sola mesa.
Dos familias que a penas se conocen.
Y un matrimonio de por medio.
Acabo por pasar hasta la cocina y escucho la voz de dos mujeres hablando alegremente, cuando entro veo a mi madre y a la madre de Alana conversando. Sus ojos se posan en mi y en mi vestuario, luego en Benton y en como ha venido vestido.
—¡Sr Lather! —la madre de Alana se acerca a mi amigo con una gran sonrisa y me contengo para no reírme, mi madre ha abierto tanto los ojos que creo que quiere matarme, pero está bien, yo nunca le he dicho que haga todo lo que mi padre quiere—. Usted es más guapo de lo que su madre me habló.
—Yo creo que…
—Alana bajara en un segundo, fue al tocador —continúa sin dejar que Benton termine de hablar, carraspeo y me acercó a ella con delicadeza.
—Yo soy Jack Lather, un placer Sra Anderson pero creo que se ha equivocado.
—Oh, disculpe. Yo pensé que…
—Mi mejor amigo Benton, puede acudir a él para cualquier cosa que necesite, también es mi mano derecha.
—Disculpe mi incompetencia, es usted muy guapo.
—Gracias —me limito a responder.
Vieja hipócrita. Estoy seguro de que le hubiera dicho eso a cualquier tío que entre por esa puerta. A primera vista se ha dejado llevar por la apariencia y ha puesto una nueva expresión cuando ha visto mi vestimenta por lo que supongo que no le pareció buena idea lo que me puse.
Mi madre está que quiere lanzarme algo en la cabeza, me mira como si me hubiera vuelto loco y la señora que segundos atrás me estaba halagando ahora no para de mirar de reojo a Benton, lo que me hace sentir incómodo.
—Hey tío, voy a ir a hablar con tu padre.
—¿Por qué no vas a mi habitación? Yo iré en unos minutos.
—Mucho mejor —suelta agrando los ojos con desesperación.
Me acercó a ayudar a mamá y pongo las manos en el plato que está preparando, pocas veces cocino junto a ella, no le gusta que las demás personas metan la mano en su comida. Me he acostumbrado tanto a cocinar con Benton que últimamente se me hace extraño ver a mamá cocinando y no hacer nada.
La madre de Alana se levanta de la silla y se va con mi padre y su esposo. Por un momento me permito respirar con tranquilidad, miro a mi madre y me lavo las manos.
—¿Te cae bien?
—Es una mujer realmente prepotente.
—Como será su hija —digo con ironía y mamá ríe.
—Su hija no es como ella.
—Quiero creerte, pero me es inevitable no hacerlo.
—Jack intenta no hacer el ridículo y ve a cambiarte, se que lo has hecho a propósito.
—No quiero casarme —expulsó.
—Un hombre de negocios hace sacrificios por su familia.
—Mierda, ya hasta suenas como mi padre.
Me voy de la cocina hecho una furia y golpeó uno de los cuadros de camino a mi cuarto. Mi padre y los padres de Alana me observan con los ojos tan abiertos que chasqueo la lengua. A él Sr. Anderson no le ha hecho ni puta gracia el golpe que he dado pero a mí me hace mucho menos tener que casarme con su hija. ¿Cómo fue que termine en esta situación? Creí que mamá estaría de mi lado, que me diría que estaba bien que no me casará, que era muy joven o algo por el estilo. Pero ella está de acuerdo, porque piensa que es un sacrificio necesario para la familia.
Sin embargo, quiero creer que en el fondo mamá no está de acuerdo con mi matrimonio y que dirá algo para salvarme el culo como siempre lo hace. Abro la puerta de mi habitación y veo a Benton con Alana, uno en cada esquina de la habitación. No sé estaban viendo, están concentrado en el móvil. Esta escena me dan ganas de soltar una carcajada irónica porque es la persona que menos quiero ver en estos momentos. Me detengo un segundo para observar como es físicamente y sonrió porque ella es exactamente todo lo contrario a mi tipo, papá conoce mis gustos en mujeres. Sabe que prefiero que sean de baja estatura, de cabello oscuro y ojos oscuros pero ella no es así.